Policía evitó que manifestantes invadieran cancillería en Brasil

Policía evitó que manifestantes invadieran cancillería en Brasil

Estiman en 800 mil las personas que marcharon este jueves en todo el país. No se ve salida a crisis.

20 de junio 2013 , 05:56 p.m.

La policía evitó que un pequeño grupo de manifestantes invadiera el Palacio de Itamaraty, la sede de la cancillería brasileña, aunque no llegó a tiempo para impedir que quebraran al menos 25 ventanales de la edificación y que encendieran fogatas junto a algunas de sus columnas, según fuentes oficiales.

Los incidentes se registraron en la noche de este jueves en Brasilia, la capital del país, en una de las cerca de 80 protestas registradas en todo Brasil para reclamar por mejores servicios públicos.

La protesta en Brasilia congregó a cerca de 25.000 personas, aunque sólo una minoría participó en los enfrentamientos.

Los manifestantes inicialmente intentaron invadir la sede del Congreso Nacional pero fueron repelidos por la policía con gases lacrimógenos y balas de goma. Los conflictos se trasladaron entonces al vecino Palacio de Itamaraty, cuyas rampas de acceso fueron ocupadas por un pequeño grupo de manifestantes más exaltado.

Antes de retirarse de las inmediaciones de la edificación para huir de los gases lacrimógenos, los manifestantes rompieron los grandes ventanales de la fachada y le prendieron fuego a diferentes objetos que lanzaron dentro de la edificación, pero las llamas fueron rápidamente controladas.

Tras ser retirados de la sede de la cancillería, los manifestantes encendieron una inmensa fogata en un local próximo a la sede del Ministerio de Trabajo, que avivaron con las telas de tiendas que estaban armadas en la llamada Explanada de los Ministerios, la amplia pradera enmarcada por las principales edificaciones públicas del país.

Los conflictos de hoy en Brasilia dejaron al menos 26 heridos, entre ellos un manifestante que corre el riesgo de perder parte de la visión por una herida en un ojo y un policía con un grave corte en la cabeza provocado por una pedrada.

Además de Brasilia, también se registraron enfrentamientos con la policía en las manifestaciones realizadas en ciudades de Río de Janeiro, Campinas, Porto Alegre, Vitoria y Salvador.

Las protestas comenzaron la semana pasada en Sao Paulo, exclusivamente contra la subida de las tarifas de transporte público, pero ganaron otras reivindicaciones, como mayores inversiones en la salud y la educación pública, y críticas a los elevados gastos del Gobierno para organizar eventos como el Mundial de fútbol de 2014.

Pese a que varias alcaldías, incluyendo las de Sao Paulo y Río de Janeiro, ya anunciaron la reducción de los pasajes de autobús, metro y tren, los manifestantes mantuvieron sus protestas y las de hoy fueron las más numerosas hasta ahora.

800 mil marcharon en todo el país

Balances de la policía y expertos calculan que un total de 800 mil personas marcharon en las ciudades principales este jueves. Unas 300.000 personas se tomaron las calles de Río de Janeiro.

Tras más de una semana de protestas, los manifestantes no dan señales de bajar los brazos.

Los manifestantes también se congregaron el jueves en las afueras de los estadios donde se disputaron dos partidos de la Copa Confederaciones y en lugares tan diversos como Manaos, capital del Amazonas, y la sureña ciudad de Florianópolis.

"Veinte centavos fue el comienzo", se leía en carteles sostenidos por varias personas en la Avenida Paulista, principal avenida del centro de Sao Paulo, en referencia a la reducción en el pasaje de autobús.

La ola de protestas hizo que la presidenta Dilma Rousseff cancelara un viaje la próxima semana a Japón, informaron desde su despacho. La persistencia de las protestas refleja lo que se ha vuelto una queja generalizada sobre altos impuestos, inflación, corrupción y malos servicios públicos.

Utilizando el desarrollo de un torneo internacional de fútbol como escenario, también han denunciado los más de 26.000 millones de dólares que saldrán de las arcas fiscales a causa del Mundial del próximo año y los Juegos Olímpicos Río de Janeiro 2016, dos eventos que buscan mostrar un Brasil desarrollado y moderno.

En el estadio Maracaná de Río de Janeiro, donde España goleó 10-0 a Tahití por la Copa Confederaciones, los hinchas corearon canciones de protesta y respaldaron las manifestaciones en la ciudad.

Horas antes, en esa misma ciudad, los comerciantes cerraron las puertas de sus negocios, mientras que bancos y otros establecimientos sellaron sus puertas para evitar que se produjeran los mismos daños que en las manifestaciones del miércoles, que reunieron en la ciudad a unas 100.000 personas.

Los disturbios se producen mientras Brasil, después de casi una década de crecimiento económico que llevó a un mayor perfil del país en el escenario global, entra en un período de incertidumbre.

Un crecimiento económico menor al 1 por ciento anual, sumado a una inflación anual del 6,5 por ciento y una pérdida de apetito por los activos brasileños de parte de los inversores internacionales, han desinflado rápidamente lo que había sido una sensación de era de bienestar para Brasil.

El real se hundió por segundo día consecutivo el jueves y perdió un 1,69 por ciento, a 2,2580 unidades por billete verde para la venta.

RÍO DE JANEIRO
CON AGENCIAS

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