Raquel Ércole y Alejandra Borrero, dos grandes de la actuación

Raquel Ércole y Alejandra Borrero, dos grandes de la actuación

A propósito del cumpleaños número cinco de Casa Ensamble, reunimos a dos estrellas del teatro.

notitle
19 de junio 2013 , 11:07 p.m.

El regreso de la señora

¿Para usted qué es actuar?...

Raquel lanza una mirada al cielo y suspira... “Es mi vida, lo que estudié y para lo que me preparé, para encarnar diferentes personajes, meterme en sus pieles, almas y transmitir esos sentimientos de esas personas. Cuando lo hago, me despojo de todo lo mío”.

¿Y después cómo se despoja de esas personalidades que la invadieron?

Al principio de la carrera era difícil. Siempre me han dado personajes fuertes y duros, algunos me contaminaban; pero estudiando y hablando con maestros me dieron puntos exactos para aprender a archivar los personajes cuando termina la función.

Raquel piensa las palabras, las mastica, las modula y encuentra las frases precisas para recrear imágenes: “Lo viví y es cierto que a veces a uno le quedan determinadas cosas del personaje, como el dolor, la tristeza, la soberbia… miles de cosas que es difícil sacar. Recuerdo una novela llamada El enigma de Diana, sobre una niña que se la llevaron gitanos y se crió en su tribu. Con el tiempo, ella danzaba los bailes típicos, después empieza a estudiar ballet clásico y se convierte en bailarina. Cuando decide buscar sus raíces, pues aunque amaba su tribu algo le decía que no era de allí, sintió rabia al descubrir la verdad. Una vez, en la casa, mis hijos me dijeron que me estaba comportando como Diana; tal vez me había llevado sus angustias y frustraciones”.

En los 80, cuando su malvada Lorenza de Acevedo de La pezuña del diablo paralizó el país, en su casa la familia le recriminó a Raquel que estaba mirando con esa profundidad de mala remala que tenía el personaje que tanto reconocimiento le significó. “Todos los humanos tenemos la parte positiva preciosa y la negativa; y vivir eso en un personaje es satisfactorio hasta un punto pues botas la energía que tienes y reprimes en la cotidianidad. Con lo que me pasaba entendí que no podía llevarme los personajes a la casa y desquitarme con mi familia”.

¿Y de buena, si le dieron personajes?

Algunas veces, pero mi cara no da. En El hijo de Ruth hacía de buena.

¿Y le creyeron?

Sí, todo gracias a David Stivel, que me sacó de donde me habían encasillado, de todos esos personajes de la que no tiene corazón o la endemoniada.

Raquel, de la que siempre se ha dicho que es nuestra Sofía Loren, con una belleza legendaria y unos rasgos latinos y exóticos, es parte de esa generación de actrices viscerales, como las vampiresas del cine de los 50, como la italiana Anna Magnani que tanto admiró: “Me encantaba porque sus personjes fueron duros, desalmados, con pocas excepciones. Viendo sus películas y su trabajo la enseñanza que deja es toda”.

Por estos días, Raquel está en teatro, en La ceguera del halcón, de Casa Ensamble, en Bogotá, como protagonista de una pequeña pieza de 15 minutos donde encarna a una actriz, Bárbara, que fue grande y en la vejez está olvidada por el medio. Son solo 15 minutos, pero bastan para que el público salga conmovido hasta el llanto, para que la aplaudan de pie y muchos repitan la obra.

Hacía 20 años que no estaba en un escenario, desde que la vimos en la comedia Los japoneses no esperan, del Teatro Nacional, con Carlos Muñoz.

Durante la charla, varias veces a la estrella el habla se le interrumpe, la voz se le corta y el llanto es inevitable. Habla de su viejo, del amor con el que vivió 54 años y que falleció hace poco. Otro artista, Lizardo Díaz, más conocido como el Compadre Felipe, del famoso dueto de Los Tolimenses.

No quería saber de nada y hasta allá, en su soledad, la buscó Alejandra Borrero y le metió la idea de volver al escenario.

¿Qué significa volver al teatro?

Que mi corazón volviera a latir… (Raquel llora)... después de la partida de mi viejo no quería saber de nada, me encerré en mí misma, no quería TV ni nada. Vino Johan Velandia (escritor y director de la obra) y pensó en mí: se lo comentó a Alejandra, ella me llamó. Al principio dije no, pero insistió y pidió que lo viera y leyéramos el libreto antes de tomar una decisión. La historia me impactó, oré mucho y le pedí al alma bendita de mi viejo que me iluminara sobre qué hacer; por un lado estaba el deseo de hacerlo, pero también el no sentir las energías. Esa noche, no sé qué pasó en mis sueños, pero al otro día acepté.

¿Cómo armó el personaje?

Tengo el espejo de tantas compañeras de mi época que no quiero nombrar porque respeto sus intimidades, sé de sus críticas situaciones, y tomé de cada una, de cuando éramos jóvenes y hermosas y nos llamaban para muchas telenovelas y seriados.

¿Cómo es que hoy todavía se muere de nervios?

Un maestro de actuación, Seki Sano, con quien tuve clases particulares en los 50, me decía: ‘El día que dejes de sentir nervios antes de entrar a escena, así tengas 90 años, retírate’. Es la responsabilidad, el respeto por mí, por el personaje y por un público. Entrego mi vida, y dar ese primer paso en el escenario me mueve el corazón a mil, produce un mariposeo en el estómago, es estresante y delicioso, es una mezcla de emociones y sentimientos, y lo capitalizo para crear.

¿Cuál es la fórmula para vivir bien, para no perderse en tanta lisonjería?

Las bases que dan en el hogar son el pilar de todo. Mis padres me disciplinaron muy bien. Cuando dije que quería ser bailarina, papá (Guido) dijo que no, que quería que fuera profesional. Mamá (Dila) me apoyó. Yo quería ser bailarina flamenca, me fascina esa música pues me transporta, hay algo especial que me hace hervir la sangre. Más adelante, avanzada, dije que sería bueno hacer clásico como complemento para el flamenco y estudié con Kiril Pikieris, luego tomé talleres de teatro en los sótanos de la Jiménez, con Fausto Cabrera, siempre para intentar aprender a intepretar en el baile, no para convertirme en actriz.

Ha tenido una buena vida...

No me puedo quejar, soy una bendecida por Dios; soy feliz con todo, y ahora con la falta de mi viejo, estoy viviendo ese duelo, no puedo borrarlo y todavía estoy en ese proceso…

Alejandra: todo por los sueños...

“Cuando actúo, por el alma y el cuerpo me pasan muchas cosas, me pierdo un tiempo. No estoy presente cuando estoy buscando un personaje. Cuando estoy creando estoy mucho en mi cabeza, pensando, disipada del mundo. Pero también es cierto que los personajes se van encontrando en uno y se van haciendo. No creo que un personaje sea el mismo la primera vez que 200 veces después de interpretarlo. Él ha ganado un gran terreno, muchos matices y posibilidades.

¿Se ha sentido poseída por alguno?

Me ha pasado mucho que los personajes hacen cosas por mí: he comprado ropa que es de personajes y cuando la veo me doy cuenta que yo no la usaría. Por ejemplo, Magnolia (Allá te espero) me ha reconciliado con las uñas píntadas y usar algo de tacón. Cuando hice Punto de giro terminaba de grabar, me montaba en el carro y podía llegar a Chía sin darme cuenta, porque me generaba gran energía y necesitaba botarla antes de llegar a la casa.

¿Alguno la ha ayudado a encontrarse de alguna manera?

Algunos que tienen gran seguridad y claridad me ayudan a poner en palabras cosas que Alejandra no es capaz de hacer. Por ejemplo me hubiera encantado ser como Antonia (El último matrimonio feliz). Hay mucho de mí en ella, como ese gran amor por los seres humanos, que todos estén bien alrededor, pero eso, con su gran seguridad y capacidad de inteligencia, era increíble. He adoptado de muchos personajes cosas, me han resuelto problemas reales de la vida.

¿Como qué?

Me he casado tantas veces y con ese vestido blanco que gracias a Dios no necesité hacerlo en la vida real. Ser madre también; tengo muchos hijos en la ficción que todavía me llaman y me dicen mamá.

Teniendo todo el éxito, ¿por qué meterse en una quijotada como Casa Ensamble?

Los artistas quieren expresarse por sí mismos y este es el sueño cumplido, costosísimo, me mantiene cansada, pero me permite expresarme en lo artístico y social. Con la campaña ‘Ni con el pétalo de una rosa’ ha sido inexplicable todo lo obtenido. Me ha dado tanto a mí como a la gente que ha tocado. A veces esto de ser actriz y estar tan maquillada en la vida es un poco superficial y mentiroso; y yo soy una persona profunda y me gustan las cosas que llegan al alma.

Pero ha querido tirar la toalla…

A cada rato. Recuerdo y pienso mucho a Fanny (Mikey) y sus frases y dolores. Entiendo ahora de qué estaba hablando. Este es un gremio muy difícil, con un ego gigante que es muy informal y no entiende el valor ni el trabajo que conlleva tener una plataforma como esta. Yo no hubiera montado Casa Ensamble si Fanny no hubiera dado… no el empuje, pues siempre me dijo que no me metiera por todo lo que esto valía... sino que me dio el tesón para ir creando mi propio público. El público se hace todos los días.

¿Cómo convenció a Raquel de volver a actuar?

De actriz a actriz es más fácil; sé sus sentimientos. Tres días antes del estreno la vi en el escenario y le dije: ‘¿Querés renunciar, cierto? Eso es lo que uno siente; vete a descansar y nos vemos mañana’. No le di tiempo ni de decirlo. Estaba inmersa en la enfermedad de su marido y todo lo que había significado su partida; y cambiar esa angustia por una tan distinta como la del arte, que es la ficción pero se vive como la verdad, hizo que ella pensara en otras cosas y gozara otra vez este mundo de la ficción y el teatro.

¿Cómo hace para ser gestora, ejecutar, crear, actuar?

Cuando estoy cansada y quiero parar pienso en lo que viene, y vuelven las ganas.

¿Qué apoyos tienen?

No tenemos patrocinadores, no hemos sido buenos en eso. La gestión está en pañales en Casa Ensamble. Si tuviéramos un solo teatro seríamos mucho más sólidos y exitosos en ese tema, pero siempre tenemos tantos temas que no nos da el tiempo. Estamos viviendo hace cinco años de la boletería, y eso no lo puede creer nadie.

¿Qué pretende?

Quiero viajar con las obras por Colombia, internacionalmente, tener un gran mecenas para que nos movamos sin tanta zozobra.

¿Vale la pena tanto esfuerzo?

Sí, porque vale la pena cumplir los sueños. Muchas veces he pensado que no se trata de llegar sino del camino; que eso es lo interesante. Hay tanto que vives que es absolutamente apasionante. Para un artista, un medio no es suficiente sino que es importante probarse, hacer cosas difíciles. Llevo 30 años actuando, pero en lo empresarial aprendo cada día.

¿Hoy su vida y los suyos están blindados ante el exterior?

Aprendí a las patadas y de forma dolorosa, porque la fama es un arma de doble filo que a veces es maravillosa y otras, pavorosa.

El teatro hizo que mi corazón volviera a latir. Después de la partida de mi viejo no quería saber de nada; me encerré en mí misma”. Raquel Ércole.

A veces los personajes hacen cosas por mí: he comprado ropa que es de ellos y cuando la vuelvo a ver no entiendo por qué la tengo”. Alejandra Borrero.

POR: DIEGO LEÓN GIRALDO S.
FOTOGRAFÍA: MAURICIO DAZA
PRODUCCIÓN: LINA VALENZUELA

 

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.