Un par de consejos para Expovinos

Un par de consejos para Expovinos

Le tengo cariño porque es una feria de consumidores.

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18 de junio 2013 , 04:14 p.m.

A propósito de que ya comienza Expovinos 2013, se me vienen a la cabeza todas esas ferias de vinos a las que he ido. Muchas. Quizás demasiadas. Para serles franco, una feria de vinos no es precisamente mi ideal de diversión, sobre todo porque la mayor parte están dedicadas al trade, a la gente del negocio del vino; por lo tanto, de lo que se habla, más que de vinos, es de precios.

Sin embargo, le tengo cariño a Expovinos porque es una feria de consumidores, de las pocas que van quedando –a esta escala– en el mundo. Antes que visitantes y expositores ansiosos por comprar-vender un par de containers llenos de cajas de vinos, lo de Expovinos es más bien un asunto de gente con ganas de toparse con buenas botellas, de pasarla bien, de tirarse en el piso y relajarse, beberse una copa de vino con un plato de quesos.

Una de las postales que más disfruto de Expovinos es esa que sucede cuando ya llega la noche y la gente se recuesta sobre las alfombras de Corferias simplemente a beber, comer y pasarla bien. Es inspirador lo que puede provocar una feria de vinos.

Sin embargo, por mucho que uno vaya sólo a beber, la variedad de la oferta a veces puede exigir cierta disciplina o, al menos, un plan de acción si es que alguno anda en plan de aprender, de buscar el vino favorito.

Mi consejo para este tipo de visitantes es, primero, tomarse las cosas con calma. Si bien las ferias de vinos son el lugar ideal para probar y aprender, también es cierto que, ante tamaña oferta, probarlo todo (aprender todo) es imposible, físicamente imposible. El hígado y la cabeza no dan.

Por ejemplo, poner un tema: voy a probar solo blancos jóvenes o solo rosados o solo tintos jóvenes o, incluso, metas más específicas, como aprender de malbec o de syrah, probando la mayor cantidad de muestras posibles. Enfocarse siempre ayuda.

Con un tema en mente, ahora hay que tomar un par de precauciones. Lo que yo hago es ‘atacar’ estands sin mucha gente. Que no estén concurridos no significa que sus vinos carezcan de interés; puede deberse a un tema circunstancial. En ellos, es más fácil conversar, obtener información.

Y lo otro es escupir. No se olviden de escupir el vino. No es mal visto; de hecho, hasta los deja como profesionales. Y también los deja sobrios, al menos por un rato porque tampoco vamos a exagerar: el vino es para beberlo, no para andar botándolo.

Y, para terminar, siempre está el salón VIP. Si tienen los 100.000 pesos del ticket, yo que ustedes me quedaba allí, me perdía dentro. Todo lo que se ofrece en ese lugar vale la pena. Y algunas botellas son derechamente imperdibles. Así es que a pasarla bien. Prueben todo lo que puedan y nos vemos por allí. Saluden cuando me vean.

PATRICIO TAPIA
Especial para EL TIEMPO

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