La terapia de la risa

La terapia de la risa

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17 de junio 2013 , 06:41 p.m.

Dicen que reír es un ejercicio saludable como pocos. Sobre todo para el espíritu. Y está comprobado que todo lo que es bueno para el espíritu también lo es para el cuerpo.

Estoy convencido de que quien se ríe con ganas y con frecuencia la pasa mejor, les hace el quite más fácil a esas pequeñas grandes tragedias de la cotidianidad, ama con más decisión y despierta más deseos de ser amado.

Reír es fácil si hay disposición y si existe un motivo. Pero hacer reír es un arte difícil. Sobre todo si se logra sin recurrir a la grosería, al machismo, a la ramplonería. Hacer reír con inteligencia requiere talento y cultura.

No han sido pocas las veces que me he reído por cuenta de Julián Arango y de Antonio Sanint. Después de una semana de afanes, carreras, incertidumbres y angustias, pocas terapias tan efectivas como la de asistir a un espectáculo de estos actores. Y aún mejor si se va en buena compañía, porque las risas compartidas multiplican el efecto y los buenos logros de la terapia.

Lo suyo ha sido sobre todo la comedia. Y no hay duda de su genialidad en el género. El pasado fin de semana asistí a su nuevo espectáculo, Piedras en los bolsillos, que, a pesar de estar rotulado en el programa de mano como comedia, y no obstante despertar la risa en el público de comienzo a fin, se trata de una obra mucho más compleja.

La comedia es uno de los ingredientes que le dan vida, pero en el fondo de la narración hay elementos críticos y elementos de tragedia que van asomando, que van golpeando al espectador, que de repente lo obligan a ahogar una carcajada, a emprender una reflexión.

Basada en una obra de la irlandesa Marie Jones, y bajo la dirección de Pedro Salazar, Arango y Sanint interpretan a dos extras de una película de Hollywood que se rueda en territorio colombiano. Los extras, sin embargo, se convierten de pronto en el director de la película, en la diva que la protagoniza, en los guardaespaldas que la cuidan y en otros doce personajes, a los que tienen que representar con acentos diferentes, con recursos limitados en vestuario y escenografía y, por lo tanto, con enorme creatividad.

Julián Arango y Antonio Sanint siguen haciendo reír con maestría, pero esta vez han ido más allá. Y vale la pena convertirlos en motivo de una agradable terapia.

@quirozfquiroz

 

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