El hombre que logró que su universidad le pidiera perdón por racismo

El hombre que logró que su universidad le pidiera perdón por racismo

Heiler Ledezma es experto en temas aeroespaciales. Hoy trabaja en la Universidad de Texas.

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16 de junio 2013 , 11:35 p.m.

A Heiler y a su hermano gemelo solo los diferencia una letra: la c. Uno se llama Heiler y el otro Heicer. Son idénticos. Son afro. Son tecnólogos en electrónica. También ingenieros. Ambos estudiaron en la misma universidad: la Distrital Francisco José de Caldas. Llegaron de Quibdó (Chocó) a Bogotá en el 2003. Diez años más tarde sus apellidos se convirtieron en noticia por cuenta de una tutela que Heiler decidió interponer contra la universidad porque, según ellos, recibieron trato discriminatorio de algunos profesores por el color de su piel. (Vea la galería de fotos Veinte afrocolombianos destacados en la historia).

Heiler y Heicer eran los únicos negros en la mayoría de clases. Por eso, cuando en el salón los profesores empezaban a hablar en tono irónico sobre la raza, ellos sentían que lo hacían con la intención de ofender. Sobre todo porque el tema aparecía sin justificación. Uno de ellos cuenta que era común que un profesor, por ejemplo, relacionara las variables eléctricas que veían mientras estudiaban tecnología en electrónica con temas de esclavitud y negritud, que no tenían nada qué ver con la temática. Heiler decidió poner una tutela para exigir respeto. Se cansó de que el tema ético racial fuera puesto en medio de una clase solo por el capricho de una persona.

“El docente pretendió plasmar en el imaginario colectivo la imagen de los afrodescendientes (representados en mí en el salón de clase) como ‘esclavos negros’ que sólo trabajan bajo tratos forzosos e inhumanos, condiciones que en estos tiempos o en este siglo han sido rechazadas por la comunidad internacional”, escribió Heiler en el documento, que la Corte Constitucional falló a su favor, que obligó a la universidad a pedir disculpas públicas y que sentó un precedente en Colombia sobre el racismo en las aulas de clase.

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El pasado 31 de mayo, el rector de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Inocencio Bahamón, como representante legal de la institución, presentó un perdón público a la comunidad afro.

“Disculpas públicas en nombre de los docentes que con su comportamiento lastimaron o denigraron a un miembro de la comunidad por su color de piel”, dijo el rector. Sus palabras fueron pronunciadas justamente en el auditorio de la Facultad de Tecnología. A la distancia, Heiler lo celebró. Y la Corte con su decisión dejó claro que por ningún motivo en las aulas de clase escucharse frases racistas.

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Heiler y Heicer tienen 28 años y desde antes de graduarse ya estaban pensando qué hacer. Crearon Fupac Tecno, un grupo de investigación y divulgación científica, con el que han logrado avanzar en estudios geoespaciales, que son prioridad en su centro de estudios. Heiler está, desde hace dos meses, en Estados Unidos. Permanecerá allá hasta finales de junio. Fue invitado a trabajar en la Universidad de Texas en proyectos integrados con la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) en el tema de satélites orbitales.

“Nos llamaron cuando se enteraron de las investigaciones del satélite Libertad 1, el único que Colombia tiene en el espacio”, cuenta Heiler desde un hotel en Austin, donde vio las noticias que registraron cómo por primera vez una universidad en Colombia ofrecía disculpas por un trato racista.

Heiler prefiere no profundizar sobre ese tema. “Es un capítulo cerrado”, dice. Pero sí quiere dejar claro que su única pretensión era “reivindicar los derechos de los afros”. Y cree que unas disculpas, así sean públicas, no son suficientes. “¿Cuántos negros recibirán un trato así en sus universidades y trabajos?” Se cuestiona.

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Mientras avanzaba el proceso de tutela que interpuso Heiler, su hermano Heicer vivió las consecuencias de la acción jurídica.

“Le rompieron la tesis en la cara”, cuenta Heiler. Asegura que después de un trabajo de muchos meses, el tutor de la tesis la destrozó sin razón justificable. Por eso, su hermano Heicer también decidió interponer una acción ante la Personería contra su profesor, que podría tener consecuencias disciplinarias. Están esperando a que se resuelva el caso.

Heiler sabe que el precedente que se sentó con el fallo de la Corte, sirve a otros afros. “En el medio académico nunca se había dado algo así”, cuenta. “Muchos no se atreven porque les asusta el proceso, piensan que son muy largos, creen que van a perder”, agrega.

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En el 2010, el mismo año en que Heiler demandó a la universidad, Bogotá lo premiaba a él y a su hermano por ser un ejemplo y orgullo para los afros. Recibieron el premio ‘Benkos Biohó’, por su liderazgo en temas científicos y la colaboración que hicieron para lograr la puesta en órbita del satélite ‘Libertad 1’.

Heiler insiste en decir que no quiere hacer énfasis en el tema de la raza. Considera que muchas veces se tergiversa la lucha afro. “No queremos parecer víctimas”, reitera. Y prefiere destacar lo que ha podido ver desde que está en el proceso de investigación en Estados Unidos.

“La ciencia en Colombia está bastante descuidada. Hay mucho potencial, pero no tiene la atención que se merece. No se articula con la industria. Y eso es algo que ayuda al desarrollo y al avance de un país. Eso fue lo que hizo Estados Unidos”, dice.

Está concentrado en los temas aeroespaciales. En la Universidad de Texas está desarrollando proyectos en telemetría de satélites en el centro de investigaciones espaciales. No es el único colombiano que está en esos estudios, pero sí el único afro, el único chocoano.

Con algo de gracia, dice que no hablar inglés no ha sido un problema. “Estoy en eso, aprendiendo”.

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“Trato negrero” y “lo tendían trabajando como negro” fueron dos de las muchas expresiones que pronunciaron sus profesores y que motivaron a Heiler a exigir respeto. La Corte le dio la razón. No solo a él. También a los anónimos que a diario, por cualquier motivo, se sienten excluidos. “Cuando se usa en clase, por parte de un docente, una expresión que mantiene y preserva estereotipos racistas y esclavistas en las estructuras lingüísticas, se promueve un trato excluyente, que margina a las personas consideradas como parte de una determinada ‘raza", dijo la Corte en su pronunciamiento.

“Ojalá sea una lección aprendida. Para esta y cualquier otra universidad”, reitera Heiler, que espera que cuando su nombre vuelva a ser noticia sea porque logro con una investigación aportar a la ciencia de este país.

Sally Palomino Carreño
Salpal@eltiempo.com
Redacción de ELTIEMPO.COM

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