'Hoy, los valores periodísticos son más apreciados': Schumacher-Matos

'Hoy, los valores periodísticos son más apreciados': Schumacher-Matos

Uno de los grandes expertos en prensa estadounidense habló de los desafíos en tiempos de Internet.

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16 de junio 2013 , 10:49 p.m.

Edward Schumacher-Matos señala 1992 como el año clave en el que alguien les dio aviso a los medios de lo que se venía por cuenta de la tecnología y, en específico, de Internet. En ese año, un editor de The Washington Post, que había estado en un congreso tecnológico en Tokio, les envió a sus jefes un informe en el que los alertaba de la perentoria necesidad de sacar una edición electrónica del diario y les pedía tomar medidas en el campo de los clasificados. Hace dos décadas, ese periodista comparaba a los medios con la rana a la que ponen en una olla con agua fría que se va calentando paulatinamente hasta hervir. El animal, sin darse cuenta de los cambios dramáticos a los que está sometido, pues se ha acostumbrado a ellos, termina muriendo.

“A pesar de la advertencia, nadie hizo nada. Y quizá no hubieran podido hacerlo”, dice el actual defensor del lector de la Radio Pública Nacional de Estados Unidos (NPR) y ganador del Premio Pulitzer, quien fue invitado por Casa Editorial EL TIEMPO para hablar de los desafíos de los editores de hoy.

De origen colombiano, Schumacher-Matos tiene una experiencia de más de 30 años como reportero, editor, corresponsal y columnista de algunos de los medios más importantes de Estados Unidos, entre ellos The New York Times y The Wall Street Journal. Hoy, es uno de los mayores conocedores de la situación y los avances de los medios tradicionales y alternativos en su país. Esto habló con este diario.

¿Cómo calificaría el panorama de los medios en Estados Unidos?

La verdad, es malo. Hemos entrado en una época postindustrial en los medios y estamos buscando la fórmula para adaptarnos a ese nuevo mundo, que tiene dos grandes matices. El primero, que la audiencia ya no es audiencia sino un participante de los medios y que quiere ser parte de la divulgación a través de los medios sociales. Segundo, que la fórmula de publicidad que ha sido tan buena durante los últimos 150 años en Estados Unidos ha llegado a su fin, al menos por el momento. No hemos encontrado una fórmula en la web en la que los ingresos publicitarios sean suficientes para financiar, apoyar y cubrir los gastos de una redacción grande, como la que hemos tenido hasta ahora en los medios de envergadura de mi país.

¿Hacia dónde están apuntando para paliar la situación?

Hay mucha experimentación hecha tanto por nuevos sitios como por medios viejos. Las que están dando frutos son las colaboraciones entre los medios y el público; son nuevas formas para tener ingresos a través de fundaciones, pero también de donaciones directamente del público. Por el lado periodístico, se está haciendo más análisis y se está pensando en el valor añadido, en la profundización en los bancos de datos y en dos aspectos que siempre hemos valorado, pero que deberíamos hacer más, la narrativa y la investigación.

¿No cree que por temor a Internet, muchos medios tomaron malas decisiones?

Los diarios que piensan que a los lectores les gustan los textos cortos y superficiales se van a morir. La gente quiere historias largas y analíticas, pero eso sí, bien presentadas.

O sea que usted no ve que haya una banalización de la información en los medios.

Sí la hay, pero esas son las cosas puntuales y que se han convertido en un commodity (materia prima) que está disponible en todas partes. Por eso creo que los medios están perdiendo dinero en aspectos que ya existen y que son fáciles de conseguir. Por ejemplo, hay mucha información que las propias fuentes de la información ya están emitiendo, como la Policía o el Gobierno –que se comunican directamente con el público sin necesidad de pasar por los medios–, así que nuestra labor es más analítica. Nuestro papel está cambiando.

¿Cuáles son esas cosas que ya no son como antes?

No tenemos un monopolio sobre la información como antes. Ni tampoco tenemos un monopolio sobre la audiencia como antes. Hay una presión que viene de los dos lados. O nos adaptamos o se acabó.

¿Tan difícil es lo que se avecina?

Hay esperanzas con todas las nuevas experimentaciones que están teniendo lugar. Y en Colombia ustedes tienen un gran lujo. Todavía no ha llegado toda la presión de Internet como llegó a Estados Unidos y a los otros países industrializados. Los medios de Colombia tienen más tiempo de adaptarse.

¿Cuáles son los casos de éxito en Estados Unidos?

El propio Huffington Post ha tenido mucho éxito, pero esa es otra fórmula. Nuevos diarios en línea, como The Texas Tribune, en Austin, y La voz de San Diego, en esa ciudad, hacen cobertura local, pero usan la misma fórmula de la Radio Pública Nacional de Estados Unidos (NPR), que es tener varias fuentes de ingresos (incluso, el público hace donaciones). Hay nuevos sitios sin lucro que hacen mucha investigación, como Pro Pública, y que las comparten con otros medios. Ellos no buscan la exclusividad. Los de Pro Pública dicen: “Roba nuestra noticia”. Están muy abiertos a que otros medios, incluso, adapten sus investigaciones a sus necesidades locales, pero que les den el crédito, claro. Hacen mucha profundización en bancos de datos y tienen la experiencia para analizarlos.

¿Qué tan novedoso es eso de compartir información en Estados Unidos?

Bastante. Hasta el momento todos los medios han querido mantener la exclusividad. Eso es una locura. Ya no tiene sentido. En vez de cortar recursos y echar gente, deberían colaborar con otros y no repetir la información que están desarrollando otros medios. Es que ya no hay casi diferencia entre las notas que los medios producen. Normalmente, un medio no la saca mejor que el otro. Y para el gran público es igual. Lo bueno es que tenemos diferentes maneras de analizar y de ver una noticia. Pero no hay que gastar tanto dinero en el cubrimiento básico. Lo que se puede hacer es ser un ‘agregador’, es decir dar el enlace del trabajo del otro. Hay que romper con los esquemas actuales. Tenemos el problema de que somos presos de los procesos para escribir cosas, pero también de la idea de la exclusividad. La idea de no dar el enlace de otro medio porque el miedo a que los lectores se vayan, hay que repensarla.

O sea que para usted la idea de que el tráfico se va a ir por un enlace es errónea.

Totalmente. Es que el tráfico en Internet es lateral. Cada vez menos los usuarios están entrando a un medio por su portal: llegan directamente a través de las conexiones que tienen en las redes sociales. A los grandes medios de Estados Unidos, el 70 por ciento del tráfico llega lateralmente, no por su página de inicio. No tienen lealtad a la marca. Por eso, muchos nuevos sitios de Estados Unidos se están haciendo sin una página principal de la forma como la conocemos. La página principal es un dinosaurio, como lo son los viejos diarios.

Entonces, ¿cómo luce esa primera página?

Es muy simple. Como el mundo se está moviendo hacia una plataforma móvil, la de los iPad y iPhone, por poner dos ejemplos, allí la presentación tiene que ser más sencilla. No hay espacio para confundir ni para tener muchas noticias, como si fuera la página principal de un diario. Es otra lógica.

¿Y las redes sociales qué papel juegan?

Tenemos que empezar a usarlas mucho más para divulgar nuestras notas y crear un modelo de exportación e importación, como en el libre comercio, pero en este caso hablamos de información y artículos. Exportar nuestras notas no solo a través de nuestro propio portal, sino por las redes sociales. E importar cosas de otros medios. Entender que hay un flujo de información. Si entramos y dominamos la idea del flujo en vez de meternos en nuestra propia fortaleza, podremos sobrevivir mucho mejor y tener más impacto en el público.

¿El periodismo ciudadano seguirá imponiéndose?

Sí. Estamos volviendo a una época en la que hay pocos periodistas profesionales y en la cual la información corre a través de mucha gente. Cualquier persona con un iPhone puede ser testigo de una noticia y divulgarla, que es igual que publicarla. Puede llegar a todo el mundo con Twitter, con Facebook o con un correo electrónico. En todos los grandes acontecimientos de hoy la información viene primero de esos testigos, de unos ciudadanos que no tienen que esperar al periodista para hacer la nota, y la noticia llega igual que como si la hubiera escrito un periodista.

Entonces, ¿cuál es nuestro papel?

Aprovechar la información de ellos, analizarla, ponerle un contexto y seleccionar. Hay cosas del frente, de la primera línea de la información, que también tenemos que hacer.

Pero la esencia del periodismo no ha cambiado.

El papel de informar a la ciudadanía y reforzar la democracia no. Pero sí la idea de que podemos proveer toda la información.

¿Y los valores periodísticos?

Siguen intactos. Serán aún más valorados porque es mucho más fácil, gracias a Internet, ver si la información es plagiada. Incluso se puede investigar lo que ha hecho el propio reportero. Tenemos que ser aún más transparentes. Cuando tuvimos el monopolio de la información pudimos disfrazar un poco de dónde venía o si teníamos intereses ocultos. Hoy no se puede.

¿Seguimos siendo el cuarto poder?

Es un concepto de la mitad del siglo XX, pero nunca ha sido del todo cierto. La idea de que representábamos al público era muy linda, pero el público no quería que lo representáramos. Y ahora menos. El público piensa que él mismo es su propia editorial y su propio editor. Ya no son más la audiencia, sino generadores de contenido.

¿Qué va a pasar con el papel?

Puede ser que lleguemos a un tiraje muy pequeño que puede ser rentable. Pero en los diarios dudo que tenga una vida larga y en las revistas, posiblemente.

¿Cuánto tiempo le queda?

Creo que estará con nosotros por lo menos hasta el 2020. El papel seguirá viviendo en los medios impresos, pero en menor cantidad. Las redacciones serán más pequeñas. Pero el parque digital va a ser más grande y tendrá mucha más experimentación. La pregunta es si encontraremos un modelo de negocio que funcione en Internet. Nadie lo ha encontrado hasta el momento.

PAOLA VILLAMARÍN
Editora redacción Domingo

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