Expectativa por futuro de colegios en concesión

Expectativa por futuro de colegios en concesión

Una evaluación de la Secretaría de Educación definirá el futuro de casi 40.000 niños.

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16 de junio 2013 , 08:56 p.m.

El futuro de 25 colegios en concesión en donde estudian casi 40.000 niños de Bogotá dependerá de una evaluación que el Distrito llevará a cabo en el segundo semestre de 2013. En enero se sabrá si estos retornan al manejo de la Administración Distrital.

Según el secretario de educación, Óscar Sánchez, la evaluación de impacto se adjudicará mediante un concurso de méritos y, a partir de las conclusiones, “se decidirá la continuidad o no del modelo”. La evaluación ya no la hará el Banco Mundial, como se había previsto, aunque sí habrá observadores del proceso. Tendrá que ser un ente independiente, tal como lo estipula el contrato.

Esta modalidad de educación funciona desde 1.999 como una estrategia de ampliación y cobertura. Así se le entregaron los planteles educativos a entidades privadas sin ánimo de lucro, con experiencias académicas significativas, para que los administraran. Es decir: buscaba usar la experiencia de colegios privados de calidad en la administración y el desempeño de colegios públicos.

Hoy, la labor de estas concesiones, con logros visibles en lo académico y en programas de convivencia, según varios estudios y los mismos beneficiados, tendrá que definirse ya, porque antes del 1 de diciembre del 2014 se vencen la mayoría de los contratos y, si se acaban, la transición no va a ser nada fácil.

A propósito, un estudio elaborado por docentes de las universidades de Harvard, Rosario y Andes destaca que las evaluaciones hechas a este programa muestran “mejoras moderadas en el desempeño académico de los estudiantes y disminución en la deserción escolar, aunque estos efectos son heterogéneos entre los concesionarios” (ver recuadro).

Por ahora, los que están en vilo no son solo los padres de familia y los mismos estudiantes, unos 39.809 que se benefician del modelo, sino las mismas concesiones, pues temen perder lo logrado en todos estos años.

Concejales como Álvaro Argote (Polo) opinan que los 25 planteles se tienen que devolver al manejo del Distrito en 2014 y “convertirse en colegios de jornada única, con excelente calidad académica. No tienen por qué ser entregados a particulares”.

Esperan evaluación

Según Pabla Ardila, jefe del departamento de educación formal de Colsubsidio, a ellos no les han notificado nada de la evaluación de impacto. “Igual, nosotros la esperamos con gusto. Un modelo que ha aportado a la educación de casi 40.000 niños debe tener cosas fabulosas. Eso hay que contarlo”, dice.

Colsubsidio atiende a unos 12.000 niños y uno de los logros que destaca es haber alcanzado un mejor nivel de permanencia, bachilleres técnicos con titulación del Sena y amor de los estudiantes por su colegio. “Esto debe ser valorado”, dice.

Otro caso para destacar es el del Gimnasio Sabio Caldas, en Ciudad Bolívar, de la Fundación Gimnasio Moderno, cuyos alumnos son reconocidos por tener altos niveles académicos y culturales.

Ember Estefenn, líder de la concesión, espera que la evaluación sea independiente porque así le aportaría a los avances del proyecto. Eso sí, advierte que se debe tener en cuenta algo más que los resultados en las pruebas de Estado. “Para eso no se necesitaría evaluación, sino comparar resultados. Ojalá se valore todo lo logrado en materia administrativa, académica, en convivencia, oportunidades y profesionalización”, resalta.

El Sabio Caldas ha enviado con éxito a algunos de sus estudiantes a programas de intercambio académico, similares a los que asisten los estudiantes del Moderno. En convenio con el Sena, ha hecho que saquen adelante sus estudios técnicos en electricidad básica residencial, patronaje y escalado industrial, y asistencia administrativa; además, varios terminan becados para estudiar en reconocidas universidades de Bogotá, gracias a la donación de 100 millones de pesos al año de los padres de familia del Moderno.

“¿Qué va a pasar con esos proyectos educativos de tantos años? El contrato dice que el Distrito puede entrar a tomar posesión hasta seis meses antes”, indica e insiste que aplicar este modelo “requiere de los conocimientos que da la experiencia”.

Pero el concejal Argote argumenta que no todos los colegios por concesión muestran los mismos resultados académicos. “Entre otras cláusulas que tenían esas concesiones era mejorar estándares en materia de pruebas de estado; debían estar en alto rendimiento y hoy están igual o por debajo de la media”.

Sin embargo, para Patricia Gómez de León, directora general de Alianza, otro de los nueve concesionarios, este modelo de educación ha traído innovación al contexto de lo público en estrategias pedagógicas, formación en valores, servicios de apoyo, relaciones con los padres y manejo de la comunidad.

Dice que esta modalidad puso a los mejores educadores privados al servicio de población de la periferia, vulnerable y desescolarizada. “Nunca hubo pagos por parte de las familias ni discriminación de ninguna especie. Solo que se cumplieran los criterios de la admisión exigidos por la Secretaría de Educación”.

Para la experta, uno de los aportes más significativos fue lograr un mejor desempeño de los estudiantes y cerrar las brechas que tradicionalmente han existido entre la educación oficial y privada. “Teníamos la obligación de que los resultados de los alumnos fueran superiores a los de los colegios de la misma localidad”.

Para Gómez fue un logro cumplido, porque en las pruebas Saber 5, 9 y 11 demostraron un mejor desempeño académico, comparados con los del sistema educativo oficial. “Lo mismo podemos decir de la retención de estudiantes. Las tasas de deserción en los colegios en concesión bajan significativamente”, asegura.

A todo esto se suma la reducción en los problemas de convivencia: problemas de agresiones o consumo de sustancia psicoactivas son menores. Además, las mismas instalaciones de las concesiones parecen nuevas, a pesar de tener más de 12 años, cuando muchos colegios oficiales están deteriorados a los tres años de construidos.

Para los concesionarios lo importante es que si el Distrito quiere seguir, se haga un estudio serio para definir las condiciones que hagan viable la concesión.

El problema, dicen, es que el valor pactado por niño para la concesión –y que cubre costos educativos como textos escolares, alimentación y pago de docentes, entre otros– se mantiene en pesos constantes desde hace 12 años, es decir, sube con la inflación. Esto hace que la concesión se quede, año tras año, rezagada y sea cada vez más inviable.

En pruebas de Estado, con mejores resultados

El estudio ‘Calidad de la educación básica y media en Colombia: diagnóstico y propuestas’, elaborado por docentes de las universi- dades de Harvard, Rosario y Andes, explica que desde que comenzó el modelo las concesiones –que reciben un promedio anual de 500 dólares por estudiante– podían perder su contrato si no cumplían parámetros de calidad en dos años consecutivos (ofreciendo un programa pedagógico que incluye jornada escolar única y programa nutricional).

En estos colegios, dice, el concesionario tiene autonomía para manejar los recursos a través del rector, incluyendo la planta de profesores.

El documento, citando un estudio del 2006, dice que en estos colegios “la deserción escolar no solo disminuye en un 1,7 por ciento sino que, gracias a los programas comunitarios que desarrollan, la deserción también disminuye en los colegios públicos cercanos”.

Asimismo, muestran un mejor desempeño en matemáticas y lenguaje en las pruebas de Estado, según diferentes evaluaciones.

Sin embargo, los resultados dependen de la calidad del concesionario.

El estudio señala que buena parte de estos logros se debe a que la permanencia de los profesores depende del buen desempeño de los estudiantes.

“La revisión de experiencias internacionales muestra que la participación del sector privado a través de bonos escolares o de colegios en concesión en la provisión de la educación es una opción para mejorar su calidad”, resalta la investigación.

Y agrega que ambos modelos “ponen dentro del conjunto de posibilidades de estudiantes de bajos recursos colegios a los que en otras condiciones no podrían acceder. Estas dos políticas pueden también generar dinámicas que ayuden a mejorar el sistema de educación público”.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO

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