Adolfo Meisel, el Caribe pura sangre

Adolfo Meisel, el Caribe pura sangre

El codirector del Banco de la República se la ha pasado estudiando el Caribe colombiano.

16 de junio 2013 , 06:22 p.m.

El codirector del Banco de la República, Adolfo Meisel Roca, se ha pasado media vida escudriñando la macroeconomía nacional y la otra media estudiando el mundo mágico del gran Caribe colombiano.

Ha escrito varios libros e innumerables artículos buscando encontrar toda la esencia del caribeño, las razones del rezago de la región, los motivos de la espontaneidad de sus gentes, la alegría que se lleva en la sangre y ha propuesto serias hipótesis para recuperar la potencialidad económica que alguna vez tuvo esta zona.

Además, es un experto en temas históricos, sociales y económicos regionales. Destacado a nivel nacional por el valor de sus análisis y por su liderazgo intelectual. Conferencista invitado a los principales eventos económicos del país y columnista de los más influyentes medios de comunicación.

Meisel Roca es economista de la Universidad de los Andes. Magíster y Ph.D. en Economía de la Universidad de Illinois y Magíster y Ph.D. en Sociología de la Universidad de Yale.

Nació en Barranquilla, pero su vida familiar y profesional transcurrió en Cartagena, ciudad a la que ha estudiado con pasión y dedicado varios de sus libros.

Justamente, en Cartagena hizo sus estudios de primaria en el colegio Montessori, y el bachillerato en el Jorge Washington, de los que dice guardar los mejores recuerdos de infancia y juventud, pero en Barranquilla vivió varios años y también estudió algunos años de primaria en el colegio del Prado.

El codirector del Banco de la República recibió hace pocos días una placa que lo distingue como un ciudadano ejemplar del Caribe, de parte del Observatorio del Caribe Colombiano, la Cámara de Comercio de Cartagena y el Círculo de Obreros de San Pedro Claver.

“Ayudarnos a comprender nuestro devenir como sociedad en el Caribe y en el país, es el mayor legado de Adolfo Meisel”, dijo Beatriz Bechara, directora del Observatorio del Caribe,

“Adolfo Meisel ha dejado también como legado al Caribe y a Colombia un centro de pensamiento, el Centro de Estudios Económicos Regionales del Banco de la República, desde el cual se les analiza y piensa a las regiones, y globalmente al país, con la rigurosidad necesaria para producir conocimiento sólido”, sostuvo Bechara.

Meisel habló con EL TIEMPO sobre su gran pasión: el Caribe colombiano.

¿Al fin, cómo se siente: barranquillero o cartagenero?

Me siento a gusto en las dos ciudades. De Barranquilla recojo ese ímpetu empresarial que la catapultó como la gran ciudad industrial de Colombia, la pionera en muchas empresas, como la aviación, la radio, entre otras; de Cartagena, el mar, siempre el mar, su historia, su belleza.

¿Pero qué tiene de barranquillero y qué de cartagenero?

Bueno, soy fanático del Junior hasta los huesos, y de Cartagena el golpe al hablar. Mi mujer, que es barranquillera, se burla de mi por la forma de hablar, pero eso no me lo quita nadie.

Usted ha viajado y ha escrito mucho sobre la música popular colombiana; ¿cuál es su preferencia?

He viajado por toda la costa, desde Ayapel hasta Punta Gallinas, y nadie ha logrado desbancar a Diomedes Díaz de mi gusto. Fue un gran cantante, aunque no puedo negar que me encantan los cantos de Escalona, Gustavo Gutiérrez, Leandro Díaz, Adolfo Pacheco, entre otros.

Y en todos estos viajes, ¿qué paraje o pueblo destaca en la Costa Caribe?

La Costa tiene la ventaja de tener el paisaje del trópico en toda su esencia, desde el nevado de los picos de la Sierra, hasta el calor infernal de Mompós, pero no he visto algo más hermoso que las playas de Agua Dulce, en Providencia.

Y en materia gastronómica, ¿cuáles son sus gustos?

Ahora que estoy en Bogotá sufrí los primeros días porque no hallaba mi comida, de suerte que encontré un corozalero que me prepara lo que me encanta: mote de queso, carimañolas, arepa de huevo, buñuelos de maíz verde, y también sabe preparar la arepa ocañera, que me la hacía mi mamá, que es de Ocaña.

¿Cómo hace en Bogotá para sentir el trópico?

Lo primero que hice fue buscar cuadros que hicieran sentir en mi terreno, y adorné la oficina con pintores costeños, como Alfredo Piñeres, Álvaro Barrios y Noé León, así me siento como si estuviera en la 72 o en la Plaza de la Aduana.

¿De dónde le viene al costeño su manera de hablar?

La forma de hablar tiene que ver con la gente que emigró y que llegaron al Caribe, la mayoría eran andaluces y canarios, y de los africanos recogimos el golpe en el acento. El lenguaje evoluciona pero no igual en todas partes, por eso el barranquillero difiere en el hablar del cartagenero, evolucionaron de manera distinta.

¿Ahora que está en Bogotá dejará atrás el Caribe?

Jamás, y aunque ya mis hijas estudian en Bogotá y nos radicaremos con mi esposa allá, no dejaré de estudiar mi región. Estoy en una investigación sobre los ferrocarriles en la Costa, y aspiro a terminar el estudio sobre la Historia Económica de la Costa, así que tendré bien ocupado mi corazón Caribe.

¿Cómo se ve dentro de unos 20 años?

Aspiro vivir en Puerto Colombia, en una casita frente al mar, en donde pueda darle alimento a las gaviotas.

JUAN CARLOS DÍAZ M.
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
CARTAGENA

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