Lo que se juega EE. UU. con su nueva estrategia en la guerra de Siria

Lo que se juega EE. UU. con su nueva estrategia en la guerra de Siria

Gobierno de Obama suministrará armamento liviano y munición. Cumbre del G-8 discutirá la situación.

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15 de junio 2013 , 06:43 p.m.

Si bien Estados Unidos anunció el jueves que comenzará a proveer armas a las fuerzas rebeldes en Siria, no es claro, de momento, si con esto está abriendo la puerta para una intervención similar a la que ejecutó junto a la Otán en Libia y que terminó por derrotar a las fuerzas del dictador Muamar Gadafi.

De momento, la Casa Blanca ha indicado que proporcionará armamento liviano y municiones a la oposición en este país y que discutirá nuevas alternativas cuando el Presidente se reúna con sus colegas del G-8.

El asesor adjunto para la Seguridad Nacional, Benjamin Rhodes, indicó que por ahora no hay planes de proporcionar armamento pesado, como misiles antitanques y misiles antiaéreos, y no se contempla por ahora una zona de exclusión aérea como la que se utilizó en Libia para mermar la ofensiva del Gobierno.

Rhodes dijo que a la nueva iniciativa se sumarán otros países, como Catar y Turquía, y expresó confianza en que con ella los rebeldes recuperarán la iniciativa.

Anotó, también, que todas las opciones siguen sobre la mesa, incluida la zona de exclusión aérea.

El líder de la oposición siria, sin embargo, ya catalogó ese tipo de ayuda como “irrelevante” y pidió a EE. UU. y países europeos proporcionar armamento pesado que permita alterar el balance de una guerra que ya lleva 29 meses y ha cobrado más de 75.000 vidas.

Aun así, el paso de Obama es significativo y obedece a varios factores. El primero es de orden doméstico y proviene de la creciente presión de los republicanos, que exigen acciones más contundentes en Siria. Especialmente, luego de que Francia y Gran Bretaña confirmaron que el régimen de Bashar al Asad ha empleado armas químicas contra la población.

El Presidente había dicho en público que tal revelación, de confirmarse, implicaría cruzar una “línea roja” que desataría severas consecuencias. El jueves, con más de un mes de retraso frente a sus pares europeos, la Casa Blanca finalmente confirmó el uso de armas químicas y que por lo tanto debía ponerles dientes a sus palabras.

Los riesgos

Así mismo, obedece a un cambio en las realidades del terreno. La oposición siria ha sufrido fuertes golpes en las últimas semanas, y se cree que están próximos a perder el control de la ciudad de Alepo, uno de sus bastiones, en parte por la acción del grupo chií libanés Hezbolá y el apoyo iraní.

Si ello llegara a suceder, no solo sería muy grave para la golpeada oposición, sino que también le significaría llegar muy disminuida a la conferencia de paz que está prevista en Ginebra para el próximo mes, en la que se discutirán opciones para una salida negociada del conflicto.

Al parecer, lo que Obama busca es proporcionar a los rebeldes las armas necesarias para que recuperen la iniciativa militar y mejoren su posición en un futuro proceso de paz.

Aunque la opción de una intervención al estilo Libia sigue latente, no parece viable en el corto plazo. Rhodes, por ejemplo, explicó que mantener una zona de exclusión aérea en Siria sería mucho más complicado que en Libia, pues se trata de un área considerablemente más grande.

Eso sin mencionar que la fuerza aérea de Al Asad es superior y que también podría desatarse un conflicto con Irán, todas estas opciones que, de momento, no le interesan a la Casa Blanca.

Encuentros al más alto nivel

La actuación de los países aliados de EE. UU. en Siria no tiene consensos. Francia, por ejemplo, dice que actuaría con el beneplácito del Consejo de Seguridad de la ONU. Es algo improbable, pues sería vetada por Rusia, aliado de Siria y uno de su proveedores de armas.

El presidente Barack Obama está dispuesto a discutir cómo ayudar a poner fin a la guerra civil siria en la cumbre del G-8 en Irlanda del Norte, la semana próxima. Obama también se reunirá en privado con el presidente ruso, Vladimir Putin.

En Moscú, el asesor de política exterior de Putin, Yuri Ushakov, dijo que la información que EE. UU. dio sobre el presunto uso de armas químicas por las fuerzas de Al Asad “no se ve convincente”. Señaló que el respaldo militar de EE. UU. a los contradictores de Al Asad socavaría los esfuerzos para reunir al Gobierno sirio con la oposición.

Sergio Gómez Maseri
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington

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