Dolor y orgasmo están de la mano en la cama / Sexo con Esther

Dolor y orgasmo están de la mano en la cama / Sexo con Esther

El sistema nervioso interpreta si lo que se siente es grato o molesto según el momento.

15 de junio 2013 , 05:16 p.m.

Si el sexo es tan divertido, no deja de llamar la atención que la risa y los orgasmos parezcan ir por caminos diferentes, al punto de que, en la cumbre del aquello, la cara de los protagonistas demuestra más dolor y dramatismo que alegría o placer.

El asunto tiene sus razones en la estructura neurológica del organismo, porque en las mismas zonas del cerebro y de la médula espinal que controlan el dolor se domicilian los centros que regulan los orgasmos y la blanqueada de ojo en la cama. Y no es que la naturaleza se haya equivocado al ubicar dos funciones al parecer tan opuestas en los mismos sitios. Sería imposible llegar al clímax estimulando zonas tan sensibles como las erógenas si no hubiera un interruptor que apagara el dolor que despierta el estímulo sobre ellas en condiciones no eróticas.

Los científicos han ido más allá y han identificado en el cerebro un sitio llamado cíngulo, que se activa con el mismo entusiasmo cuando recibe información producida por un dolor que cuando los datos que le llegan son los generados durante un polvo con final feliz.

Cualquiera diría, en este sentido, que al cerebro le da lo mismo que la gente sienta dolor o placer y que su respuesta es tan indiferente que hace que la cara y los gestos del que sufre sean los mismos que los del que grita y promete amor eterno y hasta servir de fiador durante el orgasmo.

Pero no es así. Si bien la estructura con sus neuronas y sus neurotransmisores es igual en estas tareas, la corteza cerebral le proporciona a cada individuo la capacidad de modular esa información. En otras palabras, el sistema nervioso interpreta si lo que se siente es grato o molesto de acuerdo con las condiciones del momento y de la persona.

Eso es mágico. Cuando eso falla, algunos pueden experimentar placer con el dolor o hacer de una caricia algo intolerante y molesto. Claro, eso ya es anormal, lo que no quiere decir que algunas podamos deleitarnos, a veces, con algunos dolores simplemente deliciosos. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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