Editorial: El autogol de Messi

Editorial: El autogol de Messi

14 de junio 2013 , 07:24 p.m.

 La página sigue siendo la misma, la primera, pero el tema marca un cambio brutal para Lionel Messi, el mejor jugador de fútbol del mundo. Desde el miércoles, los periódicos que solo publicaban su imagen para alabar su talento hoy lo señalan como evasor de impuestos y poco les falta para encarcelarlo. Igual ocurre en otros medios de comunicación. La televisión, que suele hechizarse con sus goles, ahora muestra al jugador argentino como defraudador del fisco español; y la radio, donde los locutores deportivos pronuncian su nombre con más frecuencia que el de los demás atletas, debaten su lío financiero sin ahorrarse adjetivos descalificadores.

La historia es sencilla: la fiscalía de delitos económicos de Barcelona acusa a Messi y a su padre, que es quien maneja sus negocios, de haber creado unas empresas en Belice y Uruguay con el propósito de recibir buena parte del dinero que generan los derechos de imagen del extraordinario delantero. La querella se refiere a los años 2007-2009, cuando, según la Fiscalía, Messi dejó de pagar los impuestos correspondientes a 10,1 millones de euros que giraron sus patrocinadores. El dilema para el jugador sería ir a la cárcel por delito fiscal o cancelar una multa de 24 millones de euros.

Pagar impuestos es obligación ineludible de todo ciudadano, y, tratándose de las grandes figuras del deporte y el espectáculo, a su importante contribución económica se suma la necesidad de dar buen ejemplo social. En muchas de estas situaciones, sin embargo, el personaje pone la cara. En el caso de Messi, detrás de él operan verdaderas empresas que manejan sus negocios, sus contratos y sus impuestos. Todo un entramado de profesionales, entre ellos un bufete inglés de abogados tributaristas, controla los formidables ingresos que él genera.

Identificarlo como delincuente en los medios de comunicación, cuando parece evidente que poco tiene que ver con la administración comercial de su nombre y ni siquiera ha sido juzgado, constituye una forma más de amarillismo. Messi deberá responder a las acusaciones y Messi tendrá que obrar como digan los jueces, pero es injusto convertir en monstruo del mal a quien ha sido un deportista ejemplar y un ser humano sencillo, discreto y solidario.
editorial@eltiempo.com.co

 

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