La agonía de Sía, la descuidada estatua de una diosa en las Américas

La agonía de Sía, la descuidada estatua de una diosa en las Américas

La ven desde el pasajero de TransMilenio hasta las señoras que salen de misa en Kennedy.

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14 de junio 2013 , 06:01 p.m.

Está desnuda en la mitad de todo y de todos. Es Sía, la diosa del agua, esa desconocida fémina que desde 1948 ocupa el separador central de la avenida de las Américas con carrera 72 y que hoy vive días de espanto por cuenta de vándalos que acabaron –a punta de grafitis– con su cuerpo tallado en piedra Bogotá.

La desgracia para Sía empezó en el 2003, cuando por orden del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) fue trasladada unos 12 metros hacia el occidente de su ‘residencia’ original.

En ese momento, la entidad argumentó que el cambio se hacía para facilitar la construcción de una estación de TransMilenio perteneciente a la fase II del sistema masivo de transporte.

Sía fue trasteada con su propileo (entrada o pórtico de origen griego), pero sin la inmensa pileta que la acompañó desde los 40. A cambio del espejo de agua, los ingenieros a cargo del proyecto decidieron construirle una plazoleta y posteriormente, un pequeño estanque de baldosín azul.

“Eso no tiene nada que ver con la diosa, que es una deidad de la mitología chibcha nacida por un rito amoroso en el que un rayo de luna tocó las aguas de una laguna del altiplano cundiboyacense. Por eso ella es la diosa del agua, no de una cantidad de ladrillos”, explicó María Fernanda Urdaneta, experta en patrimonio. Sía es de la mayor importancia para el patrimonio cultural de los bogotanos, pues es obra de la maestra María Teresa Zerda, ilustre escultora que hizo parte del grupo Bachué, que durante la primera mitad del siglo XX agrupó a artistas interesados en un lenguaje propio basado en el reconocimiento de las raíces indígenas.

En los primeros meses de 1948, la obra fue conocida por el expresidente Laureano Gómez, quien le planteó a Zerda ubicarla en las Américas para recibir a las comitivas extranjeras que llegarían a Bogotá con motivo de la Conferencia Panamericana.

Para el escultor Alejandro Hernández, autor de piezas como el Bolívar de la Personería y el Heriberto de la Calle de la 26, el concepto original de la artista fue anulado. “Eso de quitarle el lago artificial fue un atropello. Ella tenía un seno desportillado y le hicieron una intervención de quinta categoría”, aseguró Hernández.

Por ahora, el Instituto Distrital de Patrimonio no tiene a la diosa dentro de su inventario de obras para restaurar.

REDACCIÓN BOGOTÁ

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