La paz es cuestión de huevos

La paz es cuestión de huevos

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14 de junio 2013 , 06:01 p.m.

En este país raro y fiero / que lleva una vida cruenta, / un poeta que es viajero, / su pelotas puso en venta.

Así como suena, pues en Colombia estamos. Tal vez por darse aire, porque tiene 20 poemas de amor y una acción desesperada, o porque así lo siente, escuché esta semana por la radio al poeta y escritor magdalenense Rafael Medina Brochero que desea vender los testículos para irse a recorrer Europa en una travesía que llama ‘Poesía por la paz de Colombia’. Ofrece sus glándulas cincuentonas por 150 mil euros, unos 375 millones de pesos, como quien ofrece el carro. Dice que están en buen estado.

Naturalmente, las reacciones vinieron. Unos dijeron que era una “güevonada”. Otros parodiaron canciones y cantaron: “yo vendo un par de huevos / quién me los quiere comprar/, los vendo como viajero, / para promover la paz…”.

Sin duda, es una locura. E imagino que no habrá oferta seria. Quién quiere unos testículos de poeta, muy usados, ¿acaso la inspiración está en el escroto? ¿Cuánto valdrían los de Neruda, o de Machado, o de César Vallejo, o de Lorca, o de Borges?

Pero, bueno, ya imagina uno al vate si los lograra enajenar, ofreciendo su poesía, como uchuvas, o madroños, o manzanas, o mamoncillos: “Frutas en mi patria hay más / y les traigo buena nuevas, / para cantarle a la paz / tuve que vender las brevas.

Es un tiro al aire. Creo que el poeta seguirá intacto. Pero me hizo pensar en que esta es una sociedad que todo lo quiere vender, desde los ojos negros hasta las conciencias, la sangre, el alma al diablo, los riñones, la virginidad. Aquí, unos también vendieron las interbolsas y ahora se están dando patadas en las heridas.

Aquí se vende desde un puesto en la fila hasta uno en el Senado o en las cortes, o un contrato; se venden los recién nacidos; se venden niños y adolescentes. Todo está en venta, por desgracia. Qué vergüenza.

La paz no es la firma con las Farc. Pero es el principio de una poesía que nadie ha hecho por ahora, pues tiene estrofas de justicia, de equidad, de salud, de educación, de recuperación del campo. Especialmente esto, que es donde se siembra la reconciliación. Lo malo es que la semilla está picada. Para que el campo produzca se necesita presencia del Estado, menos violencia, menos TLC, más tecnificación. Hay lecheros quebrados / lo grita la garrapata / ellos tan sacrificados, / y otros se llevan la nata. ¿Cómo es que por un litro de leche, con toda su crema, los intermediarios pagan 800 pesos? Leche que se vende después, sin crema, a 2.400 pesos. Siendo todo así para el agro, la paz suena a poesía utópica.

Pero la reconciliación sí empieza en La Habana, donde las Farc, en esta nueva etapa, la participación en política, tienen una prueba de fuego. No deben hacer lo del poeta viajero, sino demostrar que las llevan bien puestas y que esta vez es en serio. Que saben que a este país le han dado por el doloroso punto en venta durante muchos años y no será fácil que las elijan. Pero mediante hechos serios y sinceros puede venir el perdón. Digamos, con desminando (ya van casi 10 mil víctimas en esta guerra), entrega de armas, reparación, verdad. Y cuando este llegue, el campo político estará abierto. Hay que hacer méritos. No seguir secuestrando, sería un mensaje claro.

Las Farc tienen su futuro en la mesa. De ellas depende –y el día no esté lejano– que no tengamos que recitar tan a menudo a León de Greiff: “Juego mi vida, cambio mi vida, de todas maneras la tengo perdida”. La paz es por la vía negociada, sin que toque vender ni empeñar las testiculoides. Eso sí, con mucha voluntad, desoyendo a los guerreristas. No importa como acabe, / dejen fusiles y botas / que la guerra ya nos sabe / a un tiro en las gaviotas.

luioch@eltiempo.com.co

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