'El morbo lo ponen los demás': Silvestre Dangond

'El morbo lo ponen los demás': Silvestre Dangond

El artista dice que en el vallenato se están haciendo canciones superficiales y que no trascienden.

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13 de junio 2013 , 07:22 p.m.

Tensionado y ansioso se describe Silvestre Dangond: “Siento que todo el mundo me tiene los ojos encima”, dice en vísperas de su show de lanzamiento del disco La 9a. batalla, que hará hoy viernes en Valledupar. El artista, curtido en materia de polémicas, enfrenta una más: la de las vallas promocionales, en las que sale vestido de soldado, empuñando un arma, con un letrero: ‘Territorio Silvestrista’. (Vea la galería de fotos con la polémica publicidad de Silvestre Dangond en las calles de Valledupar).

A muchos de sus seguidores en redes sociales les ha parecido guerrerista. Entonces dice que “el morbo lo pone la gente”, no él. Pero hay antecedentes. En más de 12 años de rodar por los escenarios, a Silvestre le han criticado rivalidades antiguas y nuevas, y salidas en falso en actitudes y declaraciones públicas. Hoy, sin embargo, reta a que le prueben si recientemente ha atacado a alguno de los artistas con los que le atribuyen alguna rivalidad.

“Todo el mundo me graba. Si consiguen un video actualizado, de un año para acá, en el que me meta con otro artista, pago la fortuna que me pidan, porque no existe. Hace tiempo estoy en una campaña, la de no meterme con otro artista. Han querido repetir lo que pasó con Peter Manjarrés hace años y no han podido. Porque no tengo que meterme con otro para hacer mi carrera. Lo hice cuando era pelado, pero tengo canciones para abrirme camino”...

Recuerda que en Riohacha estrenó su versión de La varita de San José, que es un desafío a otro artista. “La canción dice: ‘El que se meta conmigo tiene que saber cantar’, pero eso no es culpa mía. La compuso Juancho Polo Valencia. No tengo la culpa de que la canción sea así”.

¿Si la intención no es guerrerista, por qué este disco se llama ‘La 9a batalla’ y por qué lo presenta con una valla vestido de camuflado y con armas?

El disco se llama La 9a batalla, porque es mi noveno CD y, hasta levantarme a las 5 a.m. para coger un avión es para mí una batalla. Jugando con el nombre quisimos hacer unas fotografías con trajes del Ejército, duramos dos días haciendo fotos, de noche y de día, para lograr la luz.

¿Cómo fue la historia del soldado cuyo texto aparece en el cuadernillo del CD?

Un soldado se me acercó y me dijo: esta es mi historia y me mostró un escrito suyo que me llegó al alma. Y le dije: “Quiero mostrarle esto a Colombia, ¿me dejas?” Y me dejó. Por eso lo metí en el disco tal cual me lo dio, con su propia letra y errores. Es algo bonito, significativo, que a todo el que lo lea le va a alegrar el alma.

Hay una coincidencia entre el lanzamiento del álbum y las críticas por el contenido de las vallas. ¿Qué tanto calculó esa reacción en redes sociales?

En ningún momento pensé que habría polémica. Yo no le puse el morbo. El morbo lo ponen las personas que lo quieren ver así. En el disco, por todas partes, está más que claro que es un homenaje al Ejército Nacional. Adentro está la carta del soldado. Los niños no lo ven así: cuando mis hijos lo vieron me dijeron: “Papá, eres un superhéroe” y en Valledupar los niños les dicen a sus madres: “¿Y esa película de Silvestre cuándo la van a dar?” Yo estoy más que claro con eso.

¿Por qué tanta ansiedad con este nuevo trabajo? ¿Esperó demasiado después de separarse de Juancho de La Espriella para presentar un disco con Rolando Ochoa?

Hay algo que siempre pasa: apenas las parejas se desunen, te piden difusión para su nueva unión, te cuentan que están recogiendo canciones y dicen que ya mismo van a grabar. Como en el fin de un matrimonio, como por despecho, los dos salen a grabar y a demostrar. Pero la música no es demostración. ¿Qué tenía que demostrar en un caso como el mío, con 12 años de carrera y un público que me sigue y me quiere? Por eso, decidí no apresurarme. Me dediqué a conocerme en lo musical con Rolando Ochoa y a buscar un aire distinto. Primero logramos el equilibro en vivo, en parranda. Solo cuando me sentí cómodo con Rolando comencé a recoger canciones y nos tardamos ocho meses. Íbamos a las casas de los compositores, de puerta en puerta.

¿No solía hacerlo así antes?

No es lo mismo que pedirles a ellos una canción por Internet. Me pueden enviar algo pensando que me va a gustar y no. Esta vez fui a sus casas, les pedí no una sino tres, siete canciones. Y al elegir no pensaba en mí, porque siendo abanderado del género, soy consciente de que el vallenato está pasando por un mal momento, tanto que en los últimos dos años no ha habido éxitos claros y eso me indica que algo está pasando.

¿Cuál es su diagnóstico de ese ‘mal momento’ del vallenato?

Se hacen muchas canciones de icopor: de letras superficiales, melodías rítmicas pegajosas que se pegan un momento y desaparecen. No quedan marcadas como las canciones de antes. Por eso me preocupé y al escoger el repertorio les envié un mensaje a los compositores. Yo, que peco mucho por decir la verdad, les decía: “Pónganse las pilas, que esto no me gusta y no lo grabo”. Y se exigieron ellos mismos y al fin logré un equilibrio.

¿Se exige igual en sus composiciones propias?

Este año no. Estoy en huelga con mis propios sentimientos. Me estoy ‘reseteando’ en la composición. El gavilán fue la última canción mía, estaba en el CD anterior. Ahora estoy apostándoles a otras canciones: las narrativas. La raíz del vallenato es narrativa. Si miras la historia, compositores como Escalona tenían un motivo para decir algo.

Esto es opuesto a lo que dijo cuando lanzó ‘No me compares con nadie’: prefería temas pegajosos, de poca letra.

Sí, porque estamos probando. Lo que no da resultado hay que cambiarlo. Uno es consciente de cuándo está buscando comercio en las canciones, también de cuándo se pegan inesperadamente. No imaginé que La difunta fuera a ser éxito. Hay canciones como La traga loca, de Ómar Geles, más sencillas, y yo votaba por esa porque era una canción fácil. Pero Sony escogió, dio la pelea y hoy me toca decir la verdad: la gente no es boba, no se le puede meter el dedo a la boca.

¿Usted no apostaba por esa canción?

La eligió la disquera. Todos los años venía escogiendo yo y este año no quería. Tengo muchas ocupaciones y preocupaciones, así que les dije: “Ustedes se responsabilizan del primer éxito, el segundo me lo dejan a mí”. El público no esperaba una canción mía de ese calibre, con mucha narrativa. Era la primera vez que le grababa una canción a Romualdo Brito, y a las cuatro semanas ya estaba sonando 700 veces al día en Colombia.

¿Qué le ha aportado a su música la experiencia de vivir en Estados Unidos?

Estoy entrando en nuevos círculos, tengo algo entre manos con el productor Sergio George. He visto que el vallenato, al ser de mucho folclor, quizás no ha avanzado mucho. Quizás por nuestra crianza, a los artistas nos falta pensar en nuestras carreras como empresas. En Miami todo el mundo trabaja sus producciones como en una empresa. Claro que eso sí lo vinculé hace tiempo: mis shows son limpios de gente detrás de la tarima. Sigo enfocando mi carrera para allá, poniéndole orden y cumplimiento.

¿Hará algo para que el vallenato en el exterior llegue a públicos distintos del colombiano?

Sobre eso, quisiera responder mil cosas. Pero solo puedo decir que en ese camino estamos. Pregúntame dentro de un año, porque las cosas van a cambiar y en algún momento me lo van a agradecer. Hay que desligarse de muchas cosas para avanzar, quitarse un poco de costumbres de la cabeza: los saludos en las canciones, por ejemplo. Si no, el vallenato seguirá siendo muy local. Pero también he visto que sí podemos ser universales. Hay que mirar desde otro punto de vista.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

 

 

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