Villavicencio

Villavicencio

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13 de junio 2013 , 04:36 p.m.

Una conversación con Wilches-Chaux, viajando para Villavicencio, me sirvió de preludio para el tema que allí abordaría: la crisis que se cocina en cámara lenta entre las altas temperaturas del carbono y la economía mundial. Que empezó en forma de migraciones medioambientales, por alimentos y agua, territorio y desastres. Y que poco a poco irá tocando otras esferas de la economía, la sociedad y la cultura, obligándonos a repensar el tipo de riesgo global que nos amenaza.

La interpretación de su dinámica exige de nosotros un pensamiento alerta, anticipativo y crítico, que nos ayude a ver aquella textura doble de la realidad que no todas las veces nos muestra su cara más explícita. Lo que conversé con Gustavo tenía que ver con nuestro modo de mirar lo que sucede, y alcanzamos a plantearnos la necesidad de insistir en un aprendizaje colectivo de la complejidad. Como modo de ver mejor la ingente telaraña de fenómenos que se agazapan entre los pliegues difusos de una crisis multifrontal. Por esas andaba, desenredando el ovillo de aquella charla para armar esta columna, cuando María Carolina Guzmán me recordó que había sido una humanista quien primero anunció la crisis. Martha Nussbaum, quien la llamó ‘silenciosa’. Entonces caí en cuenta de que aquello que hoy se muestra como el iceberg del fenómeno es también la falla de entendimiento que subyace en su raíz: la humanidad, palabra que abolimos cuando decidimos cambiar el modo de la educación basada en una ética del mundo, por este modo voraz que hoy nos tiene frente al abismo: la educación para la renta, que estimula el crecimiento económico y exalta la tenencia acumulativa. No entendimos que un desarrollo así planteado tenía necesariamente que ser suicida. No vimos bien.

Por ello, pronunciar la palabra ‘humanidad’ y atreverse a escribirla es ejercicio que nos podría salvar, si aún hay tiempo para ello. Si esto es humanitario y global, la solución tiene que partir por revaluar aquello que de humanos hemos perdido. Empezando por la lógica de los mercados y siguiendo por sus lógicas subsidiarias.

Escribí ‘Villavicencio’ en el encabezado de esta nota para referirme a un esfuerzo muy en la línea de lo que aquí reseño, el foro orinoquense sobre cambio climático que organiza cada año Édgar Aroca y el portal Noticias de Villavicencio, un ejemplo de idoneidad, independencia y pertinencia que otras regiones podrían imitar para entender mejor lo que se viene.

director@klnred.com

 

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