Las protestas que ponen a prueba la democracia turca

Las protestas que ponen a prueba la democracia turca

Gobierno plantea la posibilidad de ir a un referendo para definir la suerte del parque Gezi.

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12 de junio 2013 , 08:24 p.m.

El parque Gezi de Estambul se ha convertido en el símbolo de la revuelta ciudadana en contra del primer ministro turco, Recep Tayip Erdogan: allí empezó, hace casi dos semanas, la ola de protestas y allí miles de personas permanecen acampadas, a pesar de la represión violenta a la que se enfrentan.

Bahar Topcu, miembro de un pequeño partido ecologista, cuenta a EL TIEMPO cómo al principio sólo eran pocas decenas de personas, que decidieron ocupar el parque para evitar que sobre él fuera construido un centro comercial. La Policía desalojó a esos primeros manifestantes por la fuerza y entonces fue cuando una simple protesta ecologista degeneró en la mayor crisis a la que se ha enfrentado Erdogan, en el poder desde hace más de una década, con un gran respaldo popular (su partido obtuvo el 50 por ciento de los votos en las últimas elecciones hace dos años).

“Jamás pensé que la gente fuera a quedarse en el parque tanto tiempo, ¡pero ya son más de dos semanas! Y cada día se levantan más tiendas”, asegura Topcu, que cree que este movimiento en torno al parque Gezi marcará un antes y un después en Turquía.

Si el 28 de mayo los manifestantes sólo pedían la conservación de este espacio verde, ahora se atreven a soñar, incluso, con la dimisión de Erdogan, que se ha mantenido firme y desafiante en todo momento, asegurando que esta no es una ‘primavera turca’.

“Los turcos no quieren hacer una revolución, sólo quieren ser escuchados”, explica a EL TIEMPO Çetin Cem, un periodista local que ha estado informando de las protestas desde el primer día. Según él, hay una parte de la sociedad turca que está molesta con las políticas islamistas de Erdogan, pero sobre todo con su forma de gobernar cada vez más autoritaria. Pero Cem puntualiza que “la chispa de todo esto fue sin duda la violencia policial”. (Lea también: El 'florero' de los turcos)

El 31 de mayo, la Policía intentó desalojar la plaza. La indignación causada por la fuerza empleada para desalojar a los activistas ambientales reforzó las protestas, que se hicieron violentas y se extendieron de Estambul a la capital, Ankara, y a las principales ciudades de Turquía.

Los antidisturbios no pudieron evitar que los manifestantes ocuparan la plaza Taksim de Estambul, ya ícono de la ‘revuelta’ turca, y el vecino parque Gezi.

Pero el martes pasado, después de una semana de tregua, la Policía desalojó de forma violenta la plaza, usando cañones de agua y enormes cantidades de gases lacrimógenos: los agentes se enfrentaron con los manifestantes durante casi 24 horas, en las que cientos de personas resultaron heridas, hasta conseguir retomar el control del corazón de Estambul.

Pero el parque Gezi no fue asaltado, y sigue siendo ese pequeño mundo autónomo, donde caben todo tipo de grupos, reivindicaciones y sensibilidades. La Plataforma de Solidaridad con Gezi, que trata de unificarlos, expuso sus cinco demandas la semana pasada: la preservación del parque; la dimisión de los mandos policiales responsables de la represión; la prohibición del uso de gases lacrimógenos y otras sustancias tóxicas; la liberación de los manifestantes detenidos durante las protestas y el respeto de la libertad de expresión y manifestación.

¿Un nuevo desalojo?

El Gobierno no parece dispuesto a ceder ante estas peticiones, aunque indicó que podría revisar el proyecto urbanístico del parque Gezi.

El miércoles, el viceprimer ministro, Huseyin Celik, planteó la posibilidad de convocar un referendo sobre el proyecto de remodelación, y Erdogan se reunió con representantes de los manifestantes. Pero una solución negociada es difícil, sobre todo después del desalojo violento de la plaza. Los manifestantes temen ahora que el próximo objetivo sea el campamento del parque Gezi y se preparan para resistir.

Payan Ozçetin es una joven estudiante que lleva más de diez días durmiendo en el parque y asegura que permanecerá hasta conseguir un compromiso serio por parte del Gobierno. “Quiero seguir protestando y quiero hacerlo de forma pacífica”, dice.

El miércoles, la organización del campamento repartía máscaras antigases, gafas de buceo y cascos para enfrentar una posible incursión de los antidisturbios, y ya disponen de clínicas de emergencia con personal médico. El parque espera la batalla final, pero no deja de tener esperanzas en un futuro mejor y una Turquía más democrática.

'Erdogan todavía tiene amplio apoyo popular': Analista

Andre-Noël Roth Deubel, profesor Universidad Nacional de Colombia y doctor en Ciencias económicas, sociales y políticas, habla sobre la crisis turca.

¿Qué riesgo hay de que caiga el gobierno de Erdogan?

Lo que sucede en Turquía no es continuación de la primavera árabe, pues los componentes que han motivado las protestas son diferentes. La resistencia de parte de la población en estas dos semanas corresponde a su inconformismo frente a los principios religiosos puestos de manifiesto por el gobierno en algunas decisiones. Sin embargo, no creo que Erdogan se caiga, pues tiene un apoyo popular importante. Además, él se la juega en las urnas y gana, como lo ha venido haciendo por 10 años. Asimismo, los que se oponen a sus decisiones son en su mayoría personas jóvenes y además con un espíritu occidentalizado, que no son la mayoría de la población, y tiene para mostrar el buen desarrollo económico del país en los últimos años, que ha elevado el nivel de vida de la población.

¿Hay activistas extranjeros apoyando las protestas?

No creo que haya apoyo extranjero ni tampoco que esté interviniendo ningún país.

¿Qué pasará con la solicitud turca de entrar en la Unión Europea?

La entrada está lejana y es por la resistencia europea. Hay que recordar que Turquía tiene algo más de 70 millones de habitantes y la mayor parte es de religión musulmana y va a ser difícil que la población europea acepte esa situación en estos momentos. Además, influye la adopción de normas islamistas por parte del gobierno de Erdogan que van en contravía de la costumbre occidental. La crisis europea puede influir, pero en un segundo plano.

 

EE. UU. y Europa, ‘preocupados’

Estados Unidos exhortó a Turquía a que respete la libertad de expresión. “Estamos preocupados por cualquier intento de castigar a individuos simplemente por haber ejercido un derecho: la libertad de expresión”, declaró a la prensa la portavoz del Departamento de Estado, Jennifer Psaki.

También Europa mira con atención. Un alto funcionario de la Unión Europea reconoció en México que existe “preocupación” por la violencia que ha aflorado en contra de los manifestantes en Turquía, pero recordó también que ese país ha dado pasos importantes hacia una posible integración con la UE.

 

Francesca Cicardi
Para EL TIEMPO
Estambul

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