El 'perdón' para las Farc como aforismo electoral II

El 'perdón' para las Farc como aforismo electoral II

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12 de junio 2013 , 03:34 p.m.

Yo soy de la generación que, de niños –bajo el fuerte sol de Medellín al mediodía–, pintamos en el patio del colegio la paloma de la paz en el mandato de Belisario; nos asombramos con las imágenes del terremoto en Popayán; jamás entendimos por qué un grupo de mercenarios guerrilleros (el M-19) decidió tomar la “justicia” por sus propias manos con el insustancial argumento de “juzgar al Presidente” y, tan solo días después, nos conmovimos con la muerte de Omayra Sánchez en Armero...

Luego –en esa ciudad que cargo en los párpados, aunque hoy mire a París– nos tuvimos que acostumbrar siempre a jugar dentro de la casa de algún amigo, porque nos escondimos durante muchos años de las sanguinarias acciones de Pablo Escobar y sus secuaces; sin embargo, en el país de todo lo racionalmente inexpugnable, también escuchábamos hablar de las Farc, ¡el grupo por el cual y para el cual pintamos tan ridícula paloma!

Así, creciendo con una costumbre que aceptó lo inaceptable, toleró lo inaudito y callóante lo imperdonable, ¡llegamos a ser una generación de silenciosos borregos marcados por la estupidez de callar, callar y seguir callando hasta petrificarnos en silencio! Yo me ensordecí de ver tanto callar, ¡más me vale el grito de un vivo que el silencioso eco de un pendejo!

Pero parece ser que a la “pendejada” le hemos encontrado honorífico y lucrativo oficio...

Cuando se publicó la I parte de esta columna, en mi cuenta de Twitter se desparramaron gran cantidad de “vestiduras rasgadas” por seres de absoluta e inquebrantable paz; hombres que toda la vida se han caracterizado por ser un ejemplo para el mismísimo dalái lama; es decir, ¡todos los “pacifistas de nómina!” Y yo me convertí en el columnista más agresivo, en un practicante ciego cuyo culto es la histeria; además, en otro de los tantos “enemigos de la paz”, porque mi columna fue demasiado “agresiva”... ¡Lo sé! No me adorno con un rosal de palabras; me encanta torturar y estirar adjetivos para dejar al lector sin aliento; jamás vendo un pensamiento, tampoco me engatusan con “credos” de “paz” cuando las sinceras intenciones de construirlas brillan por su propia ausencia.

El perdón es reconocer el mal hecho en la otra o en las otras personas, ¡nunca justificarlo! Las Farc, las Auc, los políticos corruptos, la viajera justicia... siempre se justifican con los “argumentos” más “esplendorosos”. En los hombres de valor el perdón surge casi como necesidad corporal, es una iniciativa del verdugo, no es un rol que deba emprender la víctima.

Hay que tener muchas tripas y corazón para bramar perdón, ¡no hay que dudar si se trata de ofrecer la vida para recuperar el sueño de aquella culpa que tanto nos desvela!

Soy de la generación que pintó la paloma de la paz; de jóvenes creímos en los diálogos del Caguán y llegamos a la adultez con una eterna mentira: ¡la “paz” de las Farc!”

@andrescandla

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