Claudia: 12 años como guerrillera de las Farc

Claudia: 12 años como guerrillera de las Farc

Subversiva que huyó cuenta lo que vivió durante más de una época en la organización.

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11 de junio 2013 , 06:54 p.m.

A los 11 años de edad Claudia* cambió las muñecas y sus vestidos infantiles por un fusil, camuflado y botas de caucho. Doce años después abandonó las filas de las Farc, pues no quiere que Ángela, su hija nacida hace pocas semanas, repita su misma historia.

Siendo niña, cansada de las peleas entre sus padres y viviendo con la constante presencia de las Farc en los alrededores de su humilde hogar, Claudia decidió abandonar su terruño para integrar las filas subversivas.

“Un guerrillero me convenció de irme para las Farc y a esa edad uno no es consciente de lo que va a vivir en una organización de esas y me fui”, narró Claudia (nombre cambiado por seguridad).

Durante tres años esta mujer recorrió a pie los departamentos de Boyacá, Casanare y Arauca, “hasta ahí todo iba bien, aunque constantemente debíamos huirle al Ejército”, contó.

Cuando llegó a los 16 años de edad, las caminatas diarias se prolongaban por espacios de seis a ocho horas, “las botas se calentaban o en otras oportunidades se mojaban, el fusil era pesado y el trato hacia las mujeres era degradante”.

Cuando cumplió 18 años Enrique, uno de sus compañeros, se enamoró de ella, lo que desencadenó la furia de uno de los comandantes, hecho por el cual el guerrillero de base fue apartado a otra región y Claudia fue sometida a duras actividades, malos tratos y toda clase de vejámenes.

“Un año después fui enviada a una comisión a Venezuela con uno de los comandantes, cuando regresé también lo hizo Enrique y a los pocos días en enfrentamientos con el Ejército resulté herida en un pie y nadie me prestó atención, solo tres días después me hicieron una curación”, dijo.

La herida la inhabilitó para seguir en esas largas caminatas, desde ahí los tratos fueron más denigrantes. “Nadie tenía consideración de mí por mi herida, sin embargo, me enviaron a donde una enfermera que tampoco hizo nada por mí, pues no tenía ni el conocimiento ni los equipos para hacer una correcta curación”.

Debido a su incapacidad física, Claudia dejó de cargar el pesado fusil y en cambio de eso debió dedicarse a cocinar y ‘armar cambuches’ hasta hace un año cuando una noticia la llenó de alegría y a la misma vez de temor: Claudia y Enrique estaban esperando un bebé, “sentí miedo que me hicieran abortar, pues en algunos frentes obligaban a las guerrilleras que resultaban embarazadas a abortar y no quería que me pasara lo mismo”.

Fue entonces cuando Enrique le dijo que se marchara y que buscara una mejor vida, pues ambos sabían que si prosperaba el embarazo las cosas se iban a complicar mucho más.

“Empezaron a sospechar de mi embarazo porque ya no caminaba al mismo ritmo, me cansaba más rápido y el equipo me maltrataba la espalda. Imagínese, yo herida en un combate, embarazada y en ese mismo ritmo, no pude más”.

REDACCIÓN BOYACÁ 7 DÍAS

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