Los ocupados del dolor y el orgullo guajiro

Los ocupados del dolor y el orgullo guajiro

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10 de junio 2013 , 10:48 p.m.

La expresión “La Guajira, sin dios ni ley”, que resume el cubrimiento actual que la prensa nacional realiza sobre la situación social y política del departamento peninsular, nos conduce directamente al período de dominación de la Corona española y nos recuerda que en el Derecho indiano se contemplaba la protección del aborigen sólo para ser evangelizado y controlado desde la moral cristiana; cuando los funcionarios españoles encontraban resistencia en algunas parcialidades indígenas, por los abusos de los conquistadores y encomenderos, entonces lanzaban la frase “pueblo sin dios ni ley”.

Juan de Castellanos, el poeta, cronista y sacerdote, escribió, en el cabo de la Vela, en 1544, el verso “Dádivas al fin quebrantaban peñas”, en alusión a la visita del obispo Calatayud, que pasó por alto los abusos contra los nativos guajiros buceadores de perlas.

Hoy, La Guajira vuelve al escenario nacional como tierra “sin dios ni ley...”,y no solo los guajiros nos preguntamos: ¿Qué tanto de responsabilidad en ello tienen y han tenido los gobiernos nacionales?

Describir los detalles de las irregularidades que vive el departamento es tan solo una parte de la responsabilidad de los medios de comunicación y de los organismos del Estado; pero, ¿cómo explicarlo? ¿Cómo entenderlo en su contexto histórico? ¿Cómo analizarlo involucrándonos todos?

Desde aquí, “desde los hirsutos cactus” (como decía nuestro poeta Gliserio Pana Uliana), queremos ver actuar a los representantes del Gobierno Nacional y de los entes de control en la noción del devenir histórico de La Guajira... y asumir las responsabilidades directas que le competen al Estado colombiano frente al escenario sui géneris que vivimos ahora.

Pero, de igual modo que exigimos al Gobierno Nacional sus deberes constitucionales frente a las crisis sociales de sus regiones marginales, también reconocemos que es hora de plantear un debate interno entre nosotros los guajiros: ¿cómo ha sido nuestro quehacer ante la relación territorio y política; libertad y responsabilidad; región y nación; autodeterminación y centralismo...?; en fin, el momento nos exige un debate sincero, profundo y esclarecedor, desde el cual podemos salir reforzados, reconociendo el alcance de nuestras fuerzas, la medida de nuestras limitaciones, el peso de nuestras debilidades y, sobre todo, la entereza de afrontar, cohesionados, una relación más horizontal y justa con el resto del país.

Reconocemos que el error histórico de los guajiros, de aceptar mirar hacia Bogotá, dándole la espalda al Caribe, nos trajo como consecuencia la pérdida de la fuerza autónoma, la cual es necesaria para relacionarnos sin pedir indulgencias ni dádivas a los gobiernos nacionales, que, dicho sea de paso, nos han proporcionado una actitud distante e inconsecuente frente a sus obligaciones constitucionales de atender a las poblaciones fronterizas de manera holística, respetando las autonomías regionales y sin tratar a sus habitantes como menores de edad, casi inimputables (el llamado “incapaz relativo” en la época colonial), respecto a la búsqueda de solución de sus propias crisis y emergencias.

Desde el área de los derechos humanos ya hemos avanzado en ello, y varias redes activista internacionales nos han venido acompañando en el propósito de restablecer los derechos de las víctimas del conflicto armado, que campea impune en nuestro territorio.

Hoy somos una veintena de organizaciones civiles defensoras de los derechos humanos de La Guajira (identificadas como Codepaz), que hemos planteado la presencia del Estado colombiano de manera integral, respetuosa y humanista, a través del Gobierno Nacional y sus órganos de control, para tratar la complejidad de nuestra crisis, de la cual es corresponsable, en forma conjunta y horizontal con toda la población guajira, desde el enfoque diferencial que exige nuestra rica diversidad cultural.

Insistimos en convocar a todas las fuerzas civiles de la población guajira para edificar una manifestación de solidaridad y catarsis entre nosotros mismos, que nos permita crear un proceso de revitalización de los valores proverbiales de La Guajira... y lanzar un llamamiento nacional para estructurar un pacto social vinculante (una especie de pliego de peticiones en corresponsabilidad) por la dignidad y la autonomía guajiras.

Levantamos la voz y exclamamos, recordando al sacrificado Luis Socarrás: ¡Keraasü Joolu’u! (¡Basta ya!).

¡Asumimos nuestras responsabilidades y exigimos nuestros derechos!

Miguelángel López-Hernándeaz
amerindia@hotmail.com

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