¿Qué puede darle Neymar al Barça?

¿Qué puede darle Neymar al Barça?

El comentarista Jorge Barraza analiza llegada del "estridente" delantero al 'ballet' azulgrana.

09 de junio 2013 , 11:36 p.m.

Firmó el contrato, hizo la sesión formal de fotos y la presentación ante 56.000 personas en el Camp Nou. Así se inició la historia de Neymar con el Fútbol Club Barcelona. Son las primeras líneas de un libro que promete muchos capítulos. Pocas veces el fichaje de un futbolista adquiere ribetes tan mediáticos y rutilantes como el de este chico de 21 años, de quien el Brasil entero insiste en que es un fenómeno para la historia, pero que el hincha que está fuera de sus fronteras, sobre todo el europeo, aún no ha podido comprobarlo.

Tratándose del fútbol brasileño, que ha dado toneladas de astros, queda poco espacio para la duda. Lo ven todas las semanas y, desde Pelé hasta Lula, todos aseguran que estamos frente a un monstruo del balón. Ojalá ratifique en el escenario europeo las habilidades demostradas en el Santos.

Barcelona cerró un ciclo. El nacido con ‘Pep’ Guardiola, que se prolongó otro año con Vilanova y Roura, debido más a la brillantez del equipo, a su memoria como tal, que a la pericia de estos últimos, al fin y al cabo dos buenos ayudantes. Pero iba embalado y en bajada. Y con el envión le alcanzó para ganar otra Liga. Ahora necesita urgente una cirugía reconstituyente. Tres o cuatro refuerzos (pero refuerzos en serio) que le devuelvan poderío futbolístico, frescura al toque, contundencia ofensiva. Se dio cuenta de que no le alcanza ni con Messi haciendo 80 o 90 goles por año (algo descomunal si nos detenemos a pensar).

Y esa primera inyección de vitalidad es Neymar. ¿Qué puede darle al Barça?... Habrá que ver. Potencial tiene mucho. Las incógnitas que el ambiente del fútbol se plantea están referidas más a su personalidad que a su juego. Un muchacho, en apariencia, inclinado en exceso a los peinados, los bailecitos en la celebración de los goles, el carnaval carioca, las redes sociales, la publicidad, las monumentales mujeres que rodean a los jugadores, la dependencia de su padre y agente. Hay inquietud por todo lo que involucra Neymar de la raya de cal hacia afuera.

También hay que ver qué papel juega su padre, cuya preocupación por “asegurar” el futuro de su hijo suena inquietante. Como si ya no lo tuviera asegurado: en el Santos ganaba 20 millones de dólares por año, desde el 2011. Ahora, solo por derechos de imagen, va a ganar el doble. Es un chico al que le acercan un negocio por día y el jugador tiene que tener la cabeza puesta en el vestuario, en el entrenamiento, en el partido. Pero los padres de ahora son tan buenos…

En casi 50 años de fútbol no hemos visto otro jugador con tal impulso mediático y de marketing. Ni Beckham. El tema es cómo encajará en un vestuario liso, sereno, como el del Barcelona, cuyo plantel es como una música de fondo, que uno apenas percibe. De pronto llega la estridencia de Neymar, con sus tamboriles, sus peinados multicolores, sus aretes y su sonrisa de un millón de dólares. Los otros son tipos callados, de cabello corto, que vienen en jeans y zapatillas; suponemos que se cambian casi en silencio y salen al campo como unos contables entran a su oficina. Hasta nos cuesta creer que Xavi, Iniesta y Messi se gasten bromas. Luego dan recitales sobre el césped, pero son así, como obreros que llegan anónimamente a la fábrica. Hay que ver cómo se acomodan los caracteres. No es un tema menor.

En Suramérica hemos tenido más suerte que en Europa en cuanto a su observación. Lo vimos todo el torneo Sub-20 jugado en Arequipa (Perú), donde fue figura y campeón; las copas Libertadores con el Santos, donde también coronó; la Recopa, frente a la ‘U’ de Chile, y algunas finales brasileñas.

Se trata de un proyecto de crac, sin dudas. Un delantero de alma, que posicionalmente se retrasa bastante porque, más que colaborar, asume el armado de juego del equipo. Se mueve por izquierda, por lo cual el técnico Vilanova deberá encontrarle un lugar entre la presencia de Iniesta allí y las subidas de Jordi Alba. Aunque los buenos no tienen problemas, juegan bien en todos lados. Pero por sus características, Neymar necesita espacios. Si lo aprietan, lo complican. Se lo hicieron Alejandro González, de Peñarol, y Gino Peruzzi, de Vélez, y lo anularon.

Neymar posee una habilidad fantástica en velocidad y un remate que es más preciso que potente. Nunca tira a fusilar, siempre a colocar. Potencialmente es una perla. Sus condiciones técnicas son indiscutibles. A ello le une mucha fantasía y hace goles. Se le imputa haber pasado inadvertido en citas importantes, pero se hace cargo del equipo, de generar el juego y las anotaciones, no se esconde nunca, tiene valentía, es ganador, encara y ni sabe lo que es el miedo escénico. Va, eso sí, a una liga más fuerte que la brasileña. La Española no es la Paulista.

Lo llevan para que forme una dupla mortal con Messi. Real Madrid hizo una oferta voluminosa en las horas finales de la transferencia. “Hombre, si Neymar llega a funcionar con Messi, por diez años no figuramos”, nos confió una altísima fuente de la ‘Casa Blanca’. De ahí la preocupación por impedirlo. Pero el club catalán picó primero y le sacó varias vueltas de ventaja. Y mucho habrá tenido que ver Nike.

Seguramente, la marca lo direccionó hacia el Barça. Club y jugador visten la indumentaria de la pipita (o del alita, según el que mire). No hubiese sido muy divertido para Nike que Neymar vendiera millones de camisetas Adidas del Real Madrid. Algo habrá colaborado. Y además, Sandro Rossell, presidente azulgrana, fue hasta hace pocos años vicepresidente de Nike para América. Es un círculo que cierra perfecto.

Los 57 millones de euros (más de 100.000 millones de pesos) que costó el pase son un detalle insignificante. El trípode que representa este negocio (Barcelona-Nike-Neymar) puede ser fabuloso. La camiseta de Neymar ya está a la venta en 92 euros, solo con su nombre y sin número –no está decidido; puede tomar el 7 de Villa si este se va–. Si solo en Brasil (200 millones de habitantes) se vendieran un millón de camisetas, estarían cerca de doblar el costo del pase. Y quedan España, Europa y Asia… Y el resto del mundo. Si el comienzo del santista es auspicioso en Cataluña, no es utópico pensar en una venta muy masiva de camisetas, zapatos y todo tipo de artículos relacionados con el joven paulista.

Se necesita empatía

Para que la yunta funcione debe darse esa empatía que necesitan los cracs para entenderse, que sean compinches, tan siquiera en la cancha, porque fuera de ella parece difícil que compartan mucho. Messi es de perfil bajísimo, un muchacho simple, callado, antimediático, muy de estar dentro de su casa, en familia. El bielorruso Alexander Hleb, que jugó un año en Barcelona, se asombró de su personalidad absolutamente tímida en el camarín. Neymar es la contrafigura, tiene una altísima exposición. Mil veces se ha intentado juntar a dos fenómenos para hacer historia y no se dio, por diferencias de carácter, de posición en el campo, por celos...

Messi es un astro en función de equipo. Y eso exige de sus compañeros. En el campo tolera una patada del rival o un fallo arbitral, pero en ese punto es cabrón: se enfada. Aun sin hablar, fulmina con la mirada. No permite individualismos. Y quien cae en desgracia con él no sigue en el Barça. Tiene una similitud asombrosa con Di Stéfano en tal sentido. Por eso, a Neymar lo aleccionaron bien y, el día de su presentación en Barcelona, repitió hasta el cansancio “vengo a ayudar a Messi”, “es un honor jugar junto a él” y otras flores del mismo color.

Un buen antecedente es el dueto que se formó, hace ya ocho años, entre Messi y Ronaldinho. ‘Dinho’ se había convertido en una suerte de hermano mayor de ‘Leo’ y tenían una granítica amistad, que se extendía al rectángulo. Lastimosamente, ya palidecía el fulgor de Ronaldinho y la pareja duró poco. Pero hicieron goles notables y se combinaron con gracia y contundencia. La diferencia etaria era de siete años. En este caso, las dos estrellas están en la plenitud física.

Por ello, no nos anticipemos a lo malo ni seamos agoreros. Miremos esta unión con ilusión y optimismo. Si funciona la sociedad Neymar-Messi, podemos estar ante un espectáculo único del fútbol mundial.

Jorge Barraza
Para EL TIEMPO

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