Colombia va a Brasil 2014 con selección indígena y con El Pibe

Colombia va a Brasil 2014 con selección indígena y con El Pibe

Entre 710 resguardos se disputan campeonatos para conformar el equipo para la Copa América étnica.

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09 de junio 2013 , 11:26 p.m.

Corre el minuto 35 del duelo entre Poblazón y Alto del Rey, resguardos de la comunidad indígena de Coconuco, en Cauca. Einer Montero, de 20 años, quien ha anotado los tres goles que le dan la ventaja a Poblazón, está listo para cobrar un tiro libre. Retrocede, toma impulso y antes de que toque el balón, el público en pleno –más de 1.000 indígenas de siete comunidades, que hasta hace unos minutos gritaban apasionados– desaparece.

También desaparece Carlos Fernando Montenegro, el arquero, que, como los demás, ha salido corriendo hacia la puerta de la Universidad Indígena de Popayán, a donde acaba de llegar un ídolo: Carlos El Pibe Valderrama. (Vea la galería: 'Pibe' Valderrama y la primera Copa América Indígena)

Es miércoles, son las tres de la tarde, hace sol y el exfutbolista llega a Popayán por invitación de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic). Viene para la inauguración oficial de un zonal de fútbol que se realiza en Cauca y que también está en curso en 28 departamentos desde hace un mes. Entre los ganadores de estos zonales se efectuará un campeonato nacional del que saldrá la primera selección de fútbol indígena del país. Más de 700 resguardos de unas 83 comunidades se espera participen en los eventos, que arrojarán un ganador en diciembre.

Los zonales y el campeonato nacional se realizan con el fin de que el país participe en una Copa América de Fútbol Indígena, que se celebrará en Brasil, en el 2014, un mes antes del mundial de la Fifa y que fue aprobada durante la última asamblea del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe, realizada en Guatemala.

En la copa participarán 19 países, cada uno con un equipo multiétnico.

En Colombia, Valderrama ha sido elegido por la Onic como seleccionador y director técnico de este combinado que, aunque aún no existe, ya tiene un cupo asegurado para ir a Brasil. El mismo proceso lo hacen comunidades indígenas de Ecuador, con el apoyo del exfutbolista Álex Aguinaga, y de Chile, con las otrora estrellas Marcelo Salas y Elías Figueroa. En ese país, no obstante, van más adelantados, pues ya tienen desde el año pasado un campeonato nacional de fútbol indígena, que este año se jugará en agosto, explica Gloria Quidel Villagrán, del pueblo mapuche e integrante de la Asociación Nacional de Pueblos Originarios (Anpo).

En Bolivia, dice Juvenal Arrieta, el secretario general de la Onic, “quiere jugar hasta el propio presidente, Evo Morales”, y en Argentina intentan convencer a Maradona para que apoye con su imagen el certamen y dirija al equipo gaucho indígena.

En Colombia, el campeonato tiene el aval de la Vicepresidencia de la República y el apoyo económico de la Agencia de Estados para el Desarrollo Internacional (Usaid). El 10 de julio, en Bogotá, se hará oficial la participación del país en la Copa, a la que se espera llevar un equipo multiétnico. Es decir, que el combinado que gane el campeonato no es el que viajará a Brasil, sino el que conforme el Pibe en su correría por todos los departamentos (inició en Popayán). Podrá haber un arquero wayú, un delantero nasa y un mediocampista guambiano.

Alberto Yacé, del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), explica que cada departamento debe crear una liga de fútbol y que la Onic constituirá la Federación Nacional. En ningún departamento existen estas ligas y, aunque hay muchos indígenas amantes del fútbol, el problema ha sido de interés y, sobre todo, de falta de recursos.

Más que fútbol

El Pibe entra a la universidad en Popayán escoltado por unos diez hombres de la guardia indígena. Bastones de mando rodean su cuerpo mientras las cámaras de los teléfonos celulares apuntan a su melena crespa. La multitud llega a una cancha de baloncesto. Todos quieren estrecharle la mano, tomarle una foto o pedirle un autógrafo. En medio de la algarabía se escucha la voz de Blanca Hurtado, de 27 años, que le pide al Pibe, con devoción, que tenga en cuenta a su hijo, Carlos Fernando Montenegro, un talentoso arquero del resguardo Alto del Rey, que está descartado por su juventud: solo tiene 11 años y la edad mínima para ir a Brasil es de 17. “El niño tiene talento, pero aquí no va a lograr nada, en Cauca solo hay violencia”, dice casi suplicando. “Yo quiero que se lo lleven a Brasil”, agrega Blanca, quien –contó luego– teme por la vida de su hijo. Por su resguardo ya han pasado guerrilla y paramilitares, y ella teme que lo recluten.

Por el micrófono, Carlos Valderrama les dice a todos: “Ustedes merecen una oportunidad y queremos que cojan un balón y nunca un fusil”.

Y es que tanto el campeonato local como la Copa América trascienden al fútbol.

“Creamos este evento para fomentar la hermandad de los pueblos indígenas de las américas y para visibilizar la situación humanitaria de pobreza de exclusión y de violación de derechos humanos en que viven muchas de estas comunidades”, explica Juvenal Arrieta.

Quizá por esas problemáticas que advierte Arrieta, no todos los pueblos indígenas de Colombia participarán en el campeonato nacional indígena de fútbol, porque sus condiciones humanitarias no se los permiten.

Los awá, de Nariño, por ejemplo, no podrán armar su equipo, porque están prácticamente confinados en medio de los combates entre Ejército y guerrilla, entre los municipios de Barbacoas y Ricaurte, en zona costera de Nariño. Su situación es tan grave que Naciones Unidas, hace dos meses, intentó llevarles ayuda humanitaria y debió tirarla desde un helicóptero a unos cinco kilómetros de la zona porque no había condiciones de seguridad para llegar.

Los nasa, de Cauca, han protagonizado enfrentamientos y revueltas con el Ejército, al que le han exigido salir de sus territorios. El caso más reciente fue el del sargento Rodrigo García, quien lloró cuando era sacado a empellones de sus zonas por los indígenas.

En Guainía, las comunidades están viviendo una explotación por parte de guerrilleros y bandas que extraen minerales de forma ilegal; los pueblos de la Orinoquía cuidan sus territorios de los megaproyectos de hidrocarburos; en Córdoba, Chocó y Antioquia los territorios indígenas son objetos de intereses por explotación ilegal de oro. Las cifras atestiguan la difícil situación que enfrentan. Según Acnur, desde 1997 hasta la fecha han sido desplazados en el país más de 100.000 indígenas por situaciones relacionadas con el conflicto armado. Más de la mitad de los cerca de 1,37 millones de los indígenas de Colombia está en la pobreza y la mayoría de niños y niñas de sufre desnutrición crónica, según un estudio de 2012 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Los indígenas bajo la línea de pobreza, según el mismo estudio, representan el 63 por ciento del total de su población y, de estos, el 47,6 por ciento está en la miseria.

El Pibe Valderrama se va de la Universidad Indígena de Popayán en medio de aplausos. Los futbolistas vuelven al campo de juego. El balón está en el mismo punto de cobro de tiro libre. Einer Montero, de Poblazón, dispara certero al arco; Carlos Fernando Montenegro, el arquero de 11 años y de apenas 1:55 de estatura, atrapa el balón. Aunque su equipo pierde, es la figura del partido.

Jorge Quintero
Redacción Domingo

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