En Cuba, ir a un café Internet es cosa de ricos

En Cuba, ir a un café Internet es cosa de ricos

La hora cuesta 4, 5 dólares y la mayoría de la población gana 20 dólares al mes.

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08 de junio 2013 , 11:04 p.m.

Cerca de los hoteles y centros de negocios de La Habana que ofrecen conexión a Internet vía wifi pululan jóvenes que, sentados en las aceras, apoyados en muros e incluso bajo la lluvia hacen lo que sea por captar una rayita de señal en sus teléfonos ‘inteligentes’ que les permita comunicarse con el mundo y descargar música o apps.

Para la mayoría, el hecho de que desde el martes haya acceso público a Internet en la isla en 118 cibercafés –sin cafés ni bebidas, por cierto es una alegría relativa. Pocos cubanos pueden pagar los 4,5 dólares que cuesta la hora de navegación internacional, si se tiene en cuenta que el salario promedio ronda los 20 dólares al mes. Fernando Cepero, de 36 años y cuentapropista se queja de las tarifas. “Nadie tiene ese dinero. En solo tres horas se me va el sueldo. No quieren que veamos lo de afuera, es prohibido”.

Se refiere a “lo de afuera” porque en estos nuevos cibercafés, administrados por la estatal Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa), también se puede navegar por 1,5 dólares a través de un portal denominado Nauta, una especie de intranet nacional.

Pero, claro, la red cubana, sometida a una censura mayor, no emociona tanto como la internacional, que permite acceder a sitios como ‘Generación Y’, de la crítica bloguera Yoani Sánchez, o a El Nuevo Herald, de Miami.

Cuba prohíbe las conexiones a Internet en casa. Solo periodistas, diplomáticos, empresarios y personas autorizadas –como artistas e intelectuales– pueden contratar el servicio exclusivamente para “el desarrollo económico y social del país”.

Por eso no es extraño que las funcionarias públicas que administran los cibercafés les pregunten sorprendidas a los clientes: “Cómo es eso de Facebook?”. Los controles, sin embargo, no ha impedido que muchos usuarios naveguen desde sus hogares con cuentas autorizadas que se venden en el mercado negro a precios que rondan los 15 dólares mensuales. “Esta apertura es para frenar las conexiones ilegales”, argumenta Silvia Fernández, quien confiesa ser una de esas usuarias por la ‘izquierda’ (ilegal).

La web de la revolución

El Gobierno siempre ha justificado las limitaciones de acceso a la Red por la falta de tecnología y por los altos costos que suponía conectarse a través de un proveedor norteamericano. El nuevo acceso público ha sido posible, según la versión oficial, gracias a un cable submarino de fibra óptica de 1.600 kilómetros, que conecta a Cuba con Venezuela y Jamaica, y que comenzó a funcionar en enero.

El Internet público es otra de las medidas ‘liberalizadoras’ que implementa Raúl Castro. Fue aprobado en la Conferencia Nacional del Partido Comunista, celebrada en enero del 2012, con este objetivo: “Aprovechar las ventajas de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, como herramientas para el desarrollo del conocimiento, la economía y la actividad política e ideológica; exponer la imagen de Cuba y su verdad, así como combatir las acciones de subversión” contra la isla.

El mismísimo Fidel Castro admitía poco después que “Internet es un instrumento revolucionario que permite recibir y transmitir ideas, en las dos direcciones”. La recomendación no cayó en saco roto. Desde entonces, los blogueros cubanos pro-revolución han crecido como hongos. Las autoridades isleñas dicen tener la voluntad de ampliar el servicio y llevarlo a los hogares cuando dispongan de recursos para desarrollar la infraestructura tecnológica necesaria. Pero como el fin primordial es el social, tienen prioridad las universidades, los hospitales, ministerios, y los puntos de acceso colectivo.

Entre los internautas que se acercan a los nuevos cibercafés, muchos coinciden en que son un avance positivo, pero no tardan en volver a quejarse del precio. “La afluencia ha sido mínima, porque pocos tienen el poder adquisitivo para darse este lujo, solo los que tienen familiares fuera que les costean el servicio”, afirma Juan Carlos Hernández, de 18 años, quien se conforma con consultar la red nacional. De momento, tendrán que seguir pagando un Internet a precios del ‘imperio’.

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO
Corresponsal de EL TIEMPO

 

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