Del 8.000 al 'carrusel' / Voy y vuelvo

Del 8.000 al 'carrusel' / Voy y vuelvo

No está de más recordar las lecciones que dejó el 8.000 para no repetir los errores.

08 de junio 2013 , 08:10 p.m.

Lo que se ha venido conociendo sobre el robo de los dineros de la ciudad en el llamado ‘carrusel de la contratación’ no está dejando títere con cabeza. Más aún: por el alcance que están tomando las declaraciones de algunos implicados, pareciera que lo que se avecina es tan grave como en su momento lo fue el proceso 8.000, que develó la infiltración de dineros de la mafia del narcotráfico en las campañas presidenciales.

Ya se habla de 24 concejales relacionados directa o indirectamente con contratistas que amasaron fortunas fruto de coimas y porcentajes que se repartían con cada obra; de exfuncionarios que contribuyeron al saqueo o repartieron contratos. Ya empiezan a ser mencionadas personas que hasta el momento no generaban dudas por sus actuaciones del pasado y del presente, y hasta se habla de un complot orquestado por los órganos de control para sabotear la gestión del alcalde Gustavo Petro.

Si la memoria no me falla, el mismo ambiente y las mismas conjeturas se vivieron durante el proceso 8.000, guardadas proporciones. Todos los días había una filtración, una declaración suelta, una pista deshilvanada, un rumor, extractos de algún expediente judicial que llegaban a los medios. Y todos publicábamos. Al final, la ciudadanía quedó tan confundida que empezaron a llegar correos para implorar que paráramos la cascada de declaraciones o que explicáramos mejor lo que sucedía.

Hay que abonarles al alcalde Petro, a los medios, a algunos concejales y a los organismos de investigación la labor de denuncia que hemos venido haciendo para poner en evidencia uno de los peores escándalos en la historia de la ciudad y para que lleguemos a la verdad sin que paguen justos por pecadores.

Dicho lo anterior, no está de más recordar las lecciones que dejó el 8.000 para no repetir los errores, ahora que nos embriaga la euforia periodística ante nuevas revelaciones y nuevos implicados. Entre otras, que la información con cuentagotas es dañina, que nadie filtra un documento o da una declaración sin un interés premeditado para beneficiar o perjudicar a alguien, y que, por tanto, hay que redoblar el esfuerzo a la hora de sopesar la información, hacer seguimientos y dudar de todo. No se trata de dejar de publicar, sino de evitar que el exceso de información sin un mínimo de contexto termine generando el efecto contrario: desinformar.

Por lo mismo, la opinión pública y los medios deben tener claro que las principales revelaciones que se han conocido provienen en buena parte de personas untadas de corrupción hasta el cuello, que han encontrado en el sistema judicial la posibilidad de inculpar, ganar beneficios, pagar condenas irrisorias y quedar libres. Y con plata.

La responsabilidad, la sindéresis, la investigación en profundidad y el contexto de cuanto se diga adquieren un valor relevante. Ese es el desafío que tenemos como medios y como sociedad. “Al lector no se lo distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas, que se desvanecen al día siguiente, sino que se lo respeta con información precisa”, fue una de las grandes lecciones que aprendimos del maestro Tomás Eloy Martínez.

El 8.000 dejó claro que, en temas de esta envergadura, no hay que bajar la guardia. En Bogotá, el ‘carrusel’ pudo haberse quedado con un billón de pesos de los bogotanos y nadie vio ni alertó a tiempo, pese a los indicios.

Finalmente, no se pueden perder las proporciones. Petro ha dicho –y creo que con razón– que las mafias siguen enquistadas en la contratación y que sus tentáculos quieren obstruir su gestión. Sin embargo, no por ello es dable colegir que todo lo malo que le pase al gobierno progresista o la mala gestión es culpa de un hecho oprobioso como el del ‘carrusel’. Y eso también lo enseñó el proceso 8.000.

erncor@eltiempo.com

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe de EL TIEMPO
@ernestocortes28

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