El colombiano que creó el 'árbol de la vida' de los peces

El colombiano que creó el 'árbol de la vida' de los peces

Ricardo Betancur lideró el grupo que integró información genética y paleontológica de estos seres.

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07 de junio 2013 , 09:46 p.m.

Los peces representan cerca de la mitad de las especies de vertebrados que existen en el mundo, pero mientras que grupos de animales como los mamíferos, aves y reptiles son bien conocidos por los científicos desde hace décadas, el conocimiento sobre las relaciones entre muchos tipos de estos animales acuáticos siempre había sido un misterio. Pero eso está cambiando.

Un equipo de 23 científicos de 10 nacionalidades, financiados por la National Science Fundation de Estados Unidos, y liderados por el colombiano Ricardo Betancur Rodríguez, investigador en George Washington University, en Estados Unidos, acaba de hacer historia al integrar información genética y paleontológica para proponer un nuevo ‘árbol de la vida’ (árbol filogenético) de los peces y estimar la escala temporal de su trayectoria evolutiva.

En el proyecto participaron tres colombianos más (J. Andrés López, Dahiana Arcila y Adela Roa-Varón) y varios expertos de las universidades de Oklahoma, Kansas, Nebraska, Loyola, Chicago, entre otras.

La enorme cantidad de datos generados por medio de una secuenciación de ADN requirió una supercomputadora para el análisis.

El resultado: el estudio más grande y detallado de la historia acerca de las relaciones evolutivas de estos animales hasta la fecha, llamado ‘Euteleost Tree of Life’. Costó cerca de 4.000 millones de pesos (2 millones de dólares) e integró el trabajo de cinco laboratorios, que durante cinco años se encargaron de generar datos para 1.400 especies que representan 369 familias de peces, el 73 por ciento de la diversidad familiar.

Mientras que algunos de los hallazgos proveen soporte al conocimiento previo de las relaciones de los peces, otros cambiaron significativamente ideas clásicas.

Por ejemplo, se creía que los atunes y los peces vela estaban relacionados por su forma, pues son peces marinos pelágicos (de aguas abiertas), con adaptaciones corporales similares que les permiten gran desempeño hidrodinámico. A pesar de su similitud, esta investigación demostró, por medio de análisis moleculares de ADN, que en realidad estos peces aparecen en ramas separadas del árbol de la vida.

Se sabe ahora que los atunes están más relacionados con los caballitos de mar, mientras que los peces vela con los lenguados o peces planos (que tienen ambos ojos en el mismo lado del cuerpo) y con las rémoras, las barracudas, el róbalo y los peces arquero.

Más allá de una mejor comprensión sobre la historia evolutiva de los peces, las implicaciones potenciales de esta investigación están enfocadas a mejorar su sostenibilidad, explicó Edward Wiley, curador de ictiología en la Universidad de Kansas (la misma universidad donde estudió el presidente Santos).

“Podremos mejorar la capacidad de los científicos para predecir cómo especies relacionadas pueden reaccionar a los factores ambientales como el cambio climático. Incluso, esto ayuda a identificar posibles sustancias biomédicas beneficiosas. También tiene amplias aplicaciones relacionadas con la exploración de genes causantes de enfermedades y los procesos de desarrollo compartidos entre peces y seres humanos”, explicó Wiley.

Este hallazgo se concretó y fue publicado en momentos en que un número importante de especies de peces se encuentran en situación crítica, porque, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO), la sobrepesca ha afectado el desarrollo sostenible de sus poblaciones.

Para algunas especies la pesca de captura en los océanos del mundo ha alcanzado su potencial máximo. En general, el 80 por ciento de las poblaciones de peces sobre las que hay información están plenamente explotadas o sobreexplotadas, principalmente en aguas de España, Portugal, China y Japón. Otro aporte de la investigación es que permitió resolver las relaciones de lo que se conoce en biología como ‘fósiles vivientes’ o linajes aparentemente primitivos.

Un ejemplo es el celacanto, el cual se creía de un linaje extinto y cuyo registro fósil se extiende hasta hace 430 millones de años.

Un ejemplar viviente del celacanto fue descubierto hace cerca de un siglo en las costas surafricanas y esto fue uno de los hallazgos más importantes en ictiología (rama de la zoología que estudia los peces) en el siglo 20.

“Lo importante en este punto es que los fósiles vivientes, por representar una larga historia evolutiva que dejó pocos descendientes vivientes, merecen un estatus de conservación prioritario. Para poder identificar estos linajes, se requiere de un árbol filogenético como el que conseguimos”, explicó Betancur, quien descartó, a pesar de todo, la posibilidad de que de ahora en adelante se abran puertas para clonar especies extintas o al borde de la desaparición.

¿Por qué un grupo de animales tan importante, y con los que el hombre se ha relacionado desde su génesis, nunca habían sido estudiados a profundidad? Las limitaciones habían sido tecnológicas.

“Por un lado, los costos de secuenciación de ADN se han reducido dramáticamente en los últimos años, y por otra parte no existían genomas completos de peces, que fueron necesarios para la identificación de genes claves para descifrar su árbol evolutivo”, agregó Betancur.

Llamado para salvar a los tiburones

La organización The Pew Charitable Trusts acaba de hacer un llamado, a propósito del Día Mundial del Medio Ambiente, que se conmemoró esta semana, para que se hagan mayores esfuerzos por la protección de los tiburones a través de la creación de santuarios marinos.

Cada año se matan unos 100 millones de tiburones en el planeta, especialmente por sus aletas, que se usan para preparar una sopa exótica en Asia, aun cuando “es evidente que estos animales contribuyen a un ambiente marino saludable, lo cual es primordial para el bienestar social, cultural y económico a largo plazo de millones de personas en todo el mundo”, dijo Jill Hepp, directora de conservación de tiburones de la organización Pew Charitable Trusts.

Esta organización insiste en que los países con acceso al mar deberían darles importancia a los tiburones, ya que pueden significar una buena fuente de recursos económicos.

De acuerdo con un nuevo análisis global dirigido por investigadores de la Universidad de Columbia Británica (Canadá) y otros científicos, la observación de los tiburones genera 314 millones de dólares al año.

Según la investigación, este tipo de ecoturismo podría más que duplicarse en los próximos 20 años y generar más de 780 millones de dólares anualmente.

Se estima que esta actividad, que se realiza en al menos 83 localidades de 29 naciones, atrae cada año a 590.000 turistas y es la base de más de 10.000 empleos. Los países que más se han concentrado en promoverla son Suráfrica, Estados Unidos y Australia.

JAVIER SILVA HERRERA
Redacción Vida de Hoy

 

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