Juan Camilo Cuan, el médico guerrero del 'Bronx'

Juan Camilo Cuan, el médico guerrero del 'Bronx'

Luego de atravesar África en misiones humanitarias se convirtió en el asesor en el tema de salud.

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07 de junio 2013 , 06:26 p.m.

Juan Camilo Cuan, asesor de la Alcaldía de Bogotá para la rehabilitación de los habitantes de la calle del infernal sector del ‘Bronx’, en el centro, está acostumbrado a que la muerte le respire en la nuca. (Columna del general Óscar Naranjo: Lecciones del 'Bronx').

No en vano es uno de los pocos médicos colombianos que se puede dar el lujo de consignar en su hoja de vida una experiencia profesional de 11 años dedicados a la atención de heridos de guerra en 18 naciones de África.

Esa vida de entrega al servicio por los demás comenzó en septiembre de 1999, cuando ingresó a la organización Médicos sin Fronteras. En ese momento, Cuan tenía 37 años y ya se había especializado en salud pública en París (Francia) y en medicina tropical en Barcelona (España). (Imágenes: Siete meses en las turbulentas calles del Bronx, el corazón de la droga).

En una estrecha oficina del segundo piso de la Alcaldía, cuenta que la decisión de irse del país y dejar a su familia durante 11 años la tomó por un vacío profesional que tenía en ese momento: “quería darle otro sentido a mi vida”, explica este galeno egresado de la facultad de Medicina de la U. Nacional.

De aquellos años, armado únicamente con un sencillo fonesdoscopio colgado en el cuello, recuerda el día en que estuvo en la mitad del fuego cruzado de dos clanes armados que se disputaban el territorio de Somalia.

“Estaba allá con una organización que se llama International Medical Corp y todos los días coordinaba un proyecto contra el cólera. Una vez regresando al campamento y cuando atravesábamos un puente, quedamos en medio de una balacera. El chofer de la camioneta en la que íbamos no sabía qué hacer. Tomé el volante y logré salir del sitio. Así nos salvamos”, narra. En otra ocasión, pero esta vez de servicio en la guerra de Angola, a finales de 1999, Cuan atendió a un pelotón de soldados que fueron sorprendidos por una carga explosiva que destruyó el camión en el que viajaban. “Le dije al comandante que si no conseguía una camioneta rápido para trasladarlos a un hospital todos iban a morir. Uno de los heridos escuchó y me dijo en medio de su dolor unas palabras que no he podido olvidar: “si yo me voy a morir, deme un pan de comida porque prefiero morirme de las heridas que tengo y no del hambre que he pasado en este tiempo de guerra”.

En ese país también supo que para los soldados era toda una estrella, como un cantante de rock o un actor de Hollywood. “Para ellos una foto conmigo era lo máximo. Les gustaba posar a mi lado porque decían que nunca habían visto un médico en sus vidas, ese es el precio de la guerra”, afirma, en el balcón de su despacho, desde donde se aprecia una bella panorámica de la plaza de Bolívar.

Muerte en Haití

El terremoto de Haití, ocurrido en enero del 2010, frenó los planes de Cuan de instalarse en Colombia y abandonar por un tiempo sus expediciones por África. Al otro día de la tragedia, que dejó unos 350.000 muertos, ya estaba instalado, junto a un equipo de 80 profesionales, en un gigantesco hospital de Naciones Unidas. En las primeras horas de trabajo, atendió a más de 100 pacientes golpeados por la calamidad. Luego vino el espanto de caminar por las calles de Puerto Principe saltando los cadáveres que iban saliendo de la profundidad de los pequeños ranchos en ruinas.

“El olor era impresionante. Nos tocaba dormir en carpas donde la temperatura llegaba a los 40 grados y que además estaban instaladas muy cerca de la pista de los ruidosos aviones gringos que aterrizaban cada cinco minutos”, rememora.

Pero no solo la atención de urgencias marcó al doctor durante sus años fuera del país, también lo hizo los cientos de jóvenes de 20 años víctimas del postconflicto en Liberia y Sierra Leona. “Cuando ellos tenían 10 o 12 años la guerra los enseñó a consumir psicoativos mientras que sus mamás eran violadas”, prosigue Cuan, quien llegó a convertirse en el coordinador de atención de emergencias y epidemias en África del oeste de la agencia de la Onu para los refugiados (Acnur).

Otra anécdota que ronda su mente cada vez que le preguntan por su paso por Sierra Leona, fue la jornada en que “lamentablemente” se le fueron de las manos las vidas de 14 personas que padecían de malaria.

“Eran niños con anemia y con dos o tres semanas sin comer dignamente”, dice el médico, visiblemente afectado, a pesar de que la escena sucedió hace más de cinco años. Y es que Cuan sabe lo que significa cuando el paludismo ataca. Asegura que en una oportunidad sintió los síntomas de la enfermedad –fiebre, dolor de cabeza, escalofrío– y no dudo ni un segundo en sacar de su morral personal una dosis de la medicina que acaba de inmediato el organismo que produce este mal.

Su periplo por África no solo fue de sufrimiento. Le permitió conocer las montañas y caminos que recorrió, a mediados de los 60, el guerrillero argentino Ernesto Che Guevara, el héroe de su juventud y que para felicidad suya también fue médico de profesión.

Bienvenido al ‘infierno’

Desde hace tres meses el doctor Cuan figura como el hombre fuerte de la intervenida calle del ‘Bronx’ en materia de salud pública y prevención.

De hecho, el profesional es el encargado de que el único Centro de Atención Médica a Drogodependientes (Camad) que funciona en el lugar le brinde atención médica y odontológica a los cerca de 1.500 habitantes de la calle que siguen en el lugar.

El propio asesor no tiene reparos en ponerse bata blanca y guantes de látex y examinar a niños, jóvenes, mujeres y ancianos caídos en desgracia por culpa de la droga.

“Aquí he visto cosas peores a las de África. Llegan personas luego de tres o más días de consumo. Otras las encuentran tiradas en los andenes y en los parques de la localidad de Los Mártires”, informa, al tanto que reconoce que la política de la Alcaldía en ese sentido ha dado resultados: “el habitante de calle está ganando confianza en los programas”.

Cuan es amigo del alcalde Petro, pues se conocieron en el Colegio San Juan Bautista de la Salle de Zipaquirá y “porque yo estudié con Juan Fernando, hermano de él”.

El médico, pese a no militar del todo en el M-19, guerrilla a la que perteneció Petro, si fue simpatizante de ella en París.

“Mi sueño era conocer a Carlos Pizarro. Le organicé con otras personas una reunión, pero lo mataron faltando 15 días para su realización”, se lamenta.

‘Ellos le tienen confianza a la Alcaldía’

Para el doctor Juan Camilo Cuan, una de las victorias que ha arrojado la intervención en el ‘Bronx’ es que los habitantes de la calle creen en los programas sociales que la Alcaldía ha diseñado para ellos. Cuan explicó que actualmente se trabaja con la Policía en evitar que en los barrios aledaños a esta zona se trasladen los problemas del ‘Bronx’. “Estos sectores (Santa Fe, San Bernardo, Los Mártires) tienen unas condiciones sociales muy deprimidas. La intervención de la Alcaldía también es para mejorar la calidad de vida de los que habitan allí”, señaló el asesor. Otra de las metas es que los ciudadanos que viven en el ‘Bronx’ ganen en autonomía.

Sobre la idea de estimular el consumo de marihuana para reemplazar el bazuco, afirmó que es un tema que sigue en estudio.

FABIÁN FORERO BARÓN
REDACTOR DE EL TIEMPO

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