Revelaciones del libro sobre la vida de Falcao García

Revelaciones del libro sobre la vida de Falcao García

El periodista español Francisco J. Díaz se dio a la tarea de escudriñar secretos de el 'Tigre'.

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07 de junio 2013 , 05:58 p.m.

Madrid. Un niño pequeño le pidió a su padre que le enseñara a jugar béisbol en Venezuela. Así lo hizo: “Le compré un bate, una pelota y un guante. Por la noche entrenábamos en una de las salas del apartamento, cómo agarrar el bate, el guante…”. Luego lo llevó a entrenar con un preparador de un equipo de las categorías inferiores. “Mi sorpresa fue cuando me dijo que era buenísimo, porque era muy rápido para correr las bases”, recuerda.

El pequeño creció y se convirtió en un maravilloso deportista. Pero no de béisbol, sino de fútbol. Este coqueteo de Radamel Falcao García con el bate y el guante es una de las anécdotas que aparecen en el libro Falcao. Nacido para el gol, del periodista español Francisco Javier Díaz.

Publicado por Ediciones Al Poste, especializada en biografías de jugadores, el libro explora a lo largo de 191 páginas diversos aspectos de la vida de Falcao: su nacimiento en Santa Marta, su periplo por las ciudades donde su padre jugó cuando era futbolista profesional, su paso a Argentina, donde conoció a su esposa Lorelei, el salto a Europa y su consagración en el Atlético de Madrid. Se detiene en aspectos técnicos relacionados con las habilidades especiales del número 9 y también lanza algunas hipótesis sobre lo que le depara este año, justo antes de saberse el traspaso del jugador al Mónaco.

Falcao no abandonó el fútbol mientras practicó el béisbol. Cuando su padre jugó en el Unión Atlético El Vigía, entrenó en las divisiones inferiores del mismo club en los dos deportes.

El fútbol ganó el pulso. Falcao estuvo en las selecciones preinfantil e infantil de Bogotá y marcó 52 goles en la Copa Tutti Frutti. Se matriculó en la escuela Fair Play de Bogotá, del exjugador argentino Silvano Espíndola, que le enseñó y lo protegió; hizo parte del Lanceros Fair Play y comenzó su trabajo profesional a los trece años y 121 días. Cuando era quinceañero, en 2001, llegó a Argentina, luego de un corto paso por las inferiores de Millonarios.

Falcao había estudiado en Bogotá en el Gimnasio Cristiano del Norte. Su fe aumentó en Argentina, según relata Díaz. Y quiso compartirla con sus compañeros: “… el colombiano intentó que los demás se refugiaran en Dios en los momentos de flaqueza y debilidad”, cuenta. Cita a Gonzalo Ludueña, que vivía con él en la pensión del equipo, cuando asegura que al llegar el domingo “que era nuestro día libre para ir a pasear, nos escondíamos porque Falcao nos buscaba por todas las habitaciones para llevarnos a la iglesia. Y, nosotros, chavales de 15 años, no queríamos saber nada”.

Nexos profundos

La iglesia a la que Falcao acudía en el barrio Palermo de Buenos Aires, Rey Jesús, fue fundamental en su vida. En ella encontró apoyo cuando se rompió los ligamentos de la rodilla derecha en 2006. “Fueron tiempos complicados para el delantero del Atlético, solo en la ciudad, sin poder jugar, parado en su gran sueño de debutar con River Plate”, dice Díaz.

Y también allí conoció a su mujer, Lorelei Dahiana Tarón, argentina de antepasados alemanes, con quien se casó en 2007. Es de la provincia Misiones, en el límite con Paraguay, y había ido a la capital a estudiar música. Había comenzado a cantar a los tres años en coros de la iglesia y a los cinco inició sus estudios musicales. Estuvo en el Conservatorio Nacional Carlos López Buchardo de Buenos Aires y en la Escuela Contemporánea de Música. En España editó su primer sencillo: se llama Hay una luz, lo compuso ella y lo produjo Carlos Jean, hincha del Atlético. Lo estrenó públicamente en el programa de televisión El Hormiguero, donde apareció cantando en un espacio dedicado a su marido.

Pero eso sucedió hace poco, años después de que la pareja se hubiese casado. El matrimonio tuvo lugar en 2007, cuando Lorelei contaba con 19 años y Falcao con 21. Según el libro, la madre de Radamel, Juana Carmenza Zárate, se oponía a la boda debido a la juventud de la pareja. La celebración fue en una casa enorme, con 300 o 400 invitados, entre los que se contaban los pastores de la iglesia y todo el plantel del River Plate.

“Nunca pensé que podía acabar uniéndome a un futbolista, pero me fui enamorando de su corazón”, dijo Lorelei en una entrevista citada en el libro. “Siempre quise a un hombre que amara a Dios sobre todas las cosas”.

El 22 de marzo, cuando Falcao anotó el cuarto gol del partido entre Colombia y Bolivia para clasificar al Mundial de Brasil (4-0), lo celebró con un gesto que constituía un comunicado de prensa: indicaba que la pareja esperaba un hijo. Nacerá a finales de agosto o principios de septiembre y Díaz afirma que Lorelei expresó su deseo de que ello tuviera lugar en Madrid. Con el traslado de Falcao a Mónaco, está por verse qué ocurrirá.

Por lo pronto la carrera futbolística de Radamel, que tiene ahora 27 años, continúa. Pero Nacido para el gol especula sobre las actividades a las que se podría dedicar cuando deje el balón. “Los que le han rodeado y han compartido momentos importantes en su vida, coinciden en que sería un buen pastor, en que podría predicar la palabra de Dios”. Falcao, asegura, no descarta esa posibilidad.

Otra opción que plantea el libro es que se dedique a los medios de comunicación. No es descabellado: Falcao estudió un año de periodismo en Buenos Aires.

Falcao periodista

Lo hizo en la Universidad de Palermo, que entrega un título universitario orientado hacia lo deportivo. Entró en 2005, con 19 años, y acudía en el turno de la noche. “Cursó cinco materias, pero únicamente fueron dos las que pudo sacar. Eso sí, lo hizo con muy buena nota. En periodismo deportivo sacó un ocho y en redacción de texto, un siete”, contó su profesor Alejandro de Giacomo al autor del libro.

Falcao acudió a clases con regularidad en el primer cuatrimestre del curso; su asistencia bajó notablemente en el siguiente. No era fácil compaginar los estudios con la vida de un jugador de primera división.

Rojo y blanco

Díaz dedica parte del libro a explorar los beneficios que ha aportado Falcao al Atlético de Madrid. “Cada aparición pública del jugador colombiano, cada reconocimiento, cada gol, cada llamada con su selección, suponen que el nombre del Atlético siga estando en lo más alto”, dice. Y eso facilita los acuerdos económicos.

Tras varios meses sin patrocinador, la marca japonesa Huawei puso su nombre en las camisetas rojiblancas. Luego fue el turno de Azerbaijan, a cambio de doce millones de euros por temporada y media.

El alto número de goles de Falcao, además, “disparó las ganas de que sus compatriotas quisieran verle en Colombia, donde es ídolo nacional”, según el libro. Dice que el equipo recibió 1’200.000 euros por los partidos del Atlético en nuestro país en el final de la campaña 2011-2012, a razón de 400.000 por encuentro.

Falcao es, por otra parte, el jugador que más camisetas ha vendido: en el ejercicio pasado el 60 por ciento de las que pasaron por caja correspondían a su número. Se trata de un negocio que reporta 2’500.000 euros de ventas al año, para un club que debe cubrir un presupuesto de 120 millones y que pagó 40 millones por el colombiano.

Otro ingreso importante proviene de los aficionados. Este año rompió el récord, al llegar a los 61.000 socios (de ellos, 43.000 son abonados). “Que el Atlético, con jugadores como Falcao, haya recobrado su sitio en nuestro fútbol ha propiciado que desde la grada el apoyo sea total”, afirma Díaz. “Y, por ende, el económico”, agrega.

Un tigre suelto

Falcao participó en dos sesiones de fotos que organizó el Atlético con tigres. Una fue con Arthur, un cachorro siberiano de 70 kilos, y la otra con Carla, una tigresa de 250 kilos. El resultado fue una serie de imágenes simpáticas de variados “tigres”.

El apodo de Falcao, a propósito, nació, según narra el libro, en Argentina en 2001. Su compañero Gonzalo Ludueña comenzó a llamarlo el ‘Tigre’ luego de que el colombiano marcara dos goles en un partido contra el Huracán. Un programa de televisión premiaba al mejor jugador con un tigre de la Esso y Ludueña le comentó que había sido un tigre en la cancha. Desde entonces el mote acompaña a Radamel.

El ‘Tigre’ salta ahora a Mónaco. En Madrid dejó huella y este libro que circula ahora, Nacido para el gol, es una prueba de que su rugido se oirá todavía durante algún tiempo en España.

JUANITA SAMPER OSPINA
Corresponsal de EL TIEMPO

 

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