Editorial: Mano dura contra los 'cabezas rapadas'

Editorial: Mano dura contra los 'cabezas rapadas'

05 de junio 2013 , 08:23 p.m.

La nueva aparición violenta de los llamados skinheads o ‘cabezas rapadas’ en Bogotá –esta vez agrediendo a los asesores de una concejal– vuelve a poner en discusión la presencia de estos grupos extremistas en la ciudad, su modo de actuar y la mejor manera de enfrentarlos.

Ya con anterioridad se había oído hablar de ellos por sus irrupciones en distintos escenarios en los que, velada o abiertamente, amenazan a grupos minoritarios, como la comunidad LGBTI, a trabajadoras sexuales o a personas afines a otras culturas urbanas.

No tienen reparo en intimidar a diestra y siniestra, y se amparan en la interpretación acomodada de las normas legales para defender su versión sobre el derecho a la libre expresión. La misma con la que justifican acciones que dejan heridos, muertos y personas en el exilio, como sucedió hace poco con un director de teatro.

Aunque en sus orígenes, en la década de los 60, en Inglaterra, no profesaban ideas racistas ni pertenecían a movimientos políticos reconocidos, con el pasar de los años los ‘cabezas rapadas’ fueron influenciados por voces de extrema derecha y desde entonces se han convertido en defensores de varios de sus postulados.

En Bogotá se comenzó a hablar de ellos en el año 1985. A algunos los movían causas más altruistas, como la protección de los animales, pero los más radicales optaron por ideas nacionalistas, neonazis y un discurso basado en un profundo rechazo hacia todo lo foráneo y hacia los travestis y consumidores de droga.

No en vano las autoridades distritales han salido a reclamar de la justicia mayor dureza contra las acciones de los skinheads criollos. En el último episodio, pese a las múltiples heridas ocasionadas a sus víctimas, una fiscal decidió dejar en libertad a ocho de los ‘cabezas rapadas’ que protagonizaron el incidente y que habían sido capturados por la policía, lo que provocó la indignación del Secretario de Gobierno.

La Alcaldía los tiene detectados, sabe que el número de sus integrantes supera los 1.500 y que suelen concentrarse en localidades del norte y sur de la capital. A ellos, a los más violentos, debe caerles todo el peso de la ley, so pena de que terminen imponiendo sus propias normas sobre comunidades aterrorizadas.

editorial@eltiempo.com.co

 

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.