Editorial: Se enciende el Bósforo

Editorial: Se enciende el Bósforo

04 de junio 2013 , 08:01 p.m.

La plaza Taksim y el adyacente parque Gezi no forman parte de la zona más antigua y atractiva de Estambul, pero son el corazón de la ciudad moderna, ubicada en la orilla europea, epicentro de grandes almacenes y lujosos hoteles y lugar de reunión de ciudadanos que conversan bajo sus árboles. Ahora, sin embargo, se ha convertido en símbolo de la protesta popular contra el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan.

La causa inmediata: un proyecto para convertir el parque en centro comercial ultramoderno. La causa remota, el malestar de los turcos por el creciente autoritarismo del gobierno y el aumento paulatino de la influencia religiosa en un Estado que se proclamó laico y republicano cuando lo refundó, en 1922, el general Mustafá Kemal ‘Ataturk’ y puso fin a más de seis siglos de imperio otomano.

Desde hace cuatro días, los desórdenes callejeros han roto el período de diez años de tranquilidad y progreso económico que ha traído Erdogan al Bósforo, y plantean preguntas inquietantes: ¿está permeando las instituciones civiles el islamismo, su credo? ¿Se ha convertido su poderío en un peligro para el país? ¿Ha llegado el momento de que renuncie? Son inquietudes que no hallaron articulación en los partidos políticos de oposición, pero afloraron a raíz de una manifestación contra el proyecto del parque Gezi y suscitaron brutal represión policial en la plaza Taksim.

Lejos de aplacar a los ciudadanos que de manera espontánea se habían tomado las calles, la actitud de la policía encendió un rosario de protestas en Ankara, la capital, y en otras 66 ciudades. Los enfrentamientos entre la autoridad y los indignados dejan ya dos muertos, más de 100 heridos y 1.800 detenidos. Varios países europeos, Estados Unidos y organizaciones de derechos humanos critican la excesiva represión.

Erdogan acusa a extremistas y opositores de los desórdenes y anuncia que esta no será su “primavera árabe”. Es posible que lo segundo sea verdad y que logre superar la ola de protestas. Pero lo primero, no. Su reacción confirma el rumbo autoritario de su mandato. El Primer Ministro debe entender que la revuelta es un oportuno aviso y que él mismo amenaza su sueño de ser la bisagra política entre la Unión Europea y el Medio Oriente.

editorial@eltiempo.com.co

 

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