¿Por qué se rebela Turquía?

¿Por qué se rebela Turquía?

Análisis sobre cómo protestas pacíficas degeneraron en disturbios la represión del gobierno.

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04 de junio 2013 , 06:52 p.m.

La economía de Turquía ha estado creciendo durante una década y ganando elogios no solo de los mercados financieros, sino también de los economistas del desarrollo, como Jeffrey Sachs. ¿Por qué, entonces, las manifestaciones pacíficas que comenzaron en la famosa plaza Taksim de Estambul se convirtieron en un movimiento de protesta nacional, con cientos de miles de personas en las calles en oposición al gobierno del primer ministro, Recep Tayip Erdogan?

Sachs y otros han reconocido y elogiado con razón al gobierno de Erdogan por sus políticas económicas, que han conducido a una mayor tasa de crecimiento. Pero la pregunta es si un país en desarrollo como Turquía puede mantener un rápido crecimiento económico si su gobierno socava las libertades básicas e impide el avance de instituciones fundamentales para el éxito a largo plazo.

La brutal respuesta del gobierno de Erdogan a las protestas resalta este dilema. Inicialmente, menos de 200 manifestantes pacíficos se reunieron en un esfuerzo por proteger la plaza Taksim –el último espacio verde en el centro de Estambul– contra la construcción de un nuevo centro comercial. Como el gobierno reprimió y Erdogan adoptó una posición inflexible, con discursos desafiantes, las protestas crecieron –y siguen creciendo, a pesar de (o quizás debido a) el uso de fuerza excesiva de la policía–. Cifras no oficiales indican que más de 1.000 personas han resultado heridas y más de 1.000 han sido detenidas.

Es cierto, el crecimiento anual del producto interno bruto (PIB) de Turquía ha promediado 5 por ciento en la última década de gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan. Pero eso no debe llevar a nadie a concluir que Turquía es una historia de éxito en materia de desarrollo. Si hemos aprendido algo de la extensa investigación sobre el crecimiento y el desarrollo que ahora hay es que la clave para el progreso sostenible se encuentra en el diseño institucional de un país.

Las instituciones representan y refuerzan las reglas de la sociedad. Consisten tanto de limitaciones informales (tradiciones y normas culturales) como de normas formales (constituciones, leyes y regulaciones). Son ellas quienes dan forma a la estructura de una economía.

Hay una diferencia importante entre las políticas y las instituciones. Las políticas reflejan las elecciones tomadas dentro de una estructura política y social –es decir, dentro de un conjunto de instituciones–. Es dentro de las instituciones dentro de las cuales se enmarcan las políticas que afectan en últimas el desempeño económico. Los derechos de propiedad, por ejemplo, influyen en las decisiones de inversión al proteger a los empresarios contra el riesgo de expropiación, y un poder judicial independiente es necesario para asegurar la aplicación creíble de dichos derechos.

Turquía todavía carece de las instituciones que son fundamentales para el progreso a largo plazo. Su puntuación en la guía de Riesgo País Internacional (índice utilizado que mide la calidad de las instituciones de un país) es uno de los más bajos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde). Turquía también ocupa el último lugar en el Índice de Vida Mejor de la Ocde. Solo el 31 por ciento de los adultos de entre 25 y 64 años han terminado el bachillerato; la desigualdad es peligrosamente alta; y, según el Comité para la Protección de los Periodistas, más periodistas están encarcelados en Turquía que en cualquier otro país, incluyendo a China e Irán. El informe del 2013 de Freedom House, organización que vela por la democracia, indica que las libertades civiles en Turquía están cada vez más amenazadas.

En los últimos años, muchas investigaciones han estudiado la compleja relación entre la cultura y las instituciones, en que la primera crea restricciones informales para las segundas. ¿Puede Turquía liderar el camino entre los países de mayoría musulmana para mostrar que una cultura bastante conservadora no representa una restricción sobre el tipo de instituciones que son necesarias para el desarrollo y crecimiento sostenible?

El éxito de Turquía, medido en términos de crecimiento económico, es impresionante. Políticas monetarias y fiscales prudentes, una limpieza del sistema bancario tras la crisis del 2000 y el 2001 y la inversión en infraestructura, sin duda, jugaron un papel. Estas políticas pusieron en marcha un proceso de transición y de consolidación del crecimiento, en el que Turquía cerró progresivamente la brecha de ingresos a la par con los países ricos.

Pero no debemos confundir crecimiento de transición con éxito a largo plazo, el cual requiere instituciones sólidas, incluyendo la protección de los derechos de propiedad y las libertades civiles. Esto, a su vez, ayudará a realizar inversiones en educación (especialmente para las mujeres) y la tecnología, junto con reformas estructurales, todas estas destacadas como áreas de preocupación en varios estudios de Turquía en los últimos años. Es demasiado pronto para preguntar ‘¿Cómo lo pudo hacer Turquía?’ y ofrecer una respuesta basada en políticas que impulsen un crecimiento a corto plazo que pierda fuerza después si no es cultivado correctamente.

Si Turquía es un éxito de desarrollo a largo plazo sigue por verse. Los indicadores hasta ahora no parecen muy favorables. Los recientes eventos en la plaza Taksim y en varias ciudades son un crudo recordatorio de la todavía débil infraestructura institucional del país. La gente sigue en las calles y no parece tener prisa por ir a casa. La oigo cantar mientras escribo esto: “La democracia sin libertad no es democracia”.

SEBNEM KALEMLI-OZCAN
*Project Syndicate

 

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