Efecto de una buena acción / En consulta con Álex

Efecto de una buena acción / En consulta con Álex

04 de junio 2013 , 04:18 p.m.

Hace unos días, en una situación cotidiana presencié un acto inspirador y extraordinario. Estaba en parada en un semáforo en rojo cuando tuve el privilegio de ver lo siguiente: De un lado de la calle venía cruzando una mujer elegantísima con vestido, abrigo, pañoleta, cartera y divinamente peinada.

Del lado contrario de la calle estaba un señor bastante mayor, chiquito, con un traje que a juzgar por los rotos y el sucio, tenía por lo menos 40 años de uso. El señor, que a duras penas se podía sostener, se veía un poco perdido, y lo más triste, completamente solo.

Al cruzar la calle, la señora se encontró cara a cara con el señor indefenso. Ella lo miró y en dos segundos entendió su predicamento: estaba muerto del susto de dar el primer paso hacia la calle y ni hablar de cruzarla completa. Sin pensarlo dos veces, ella le preguntó “¿Lo puedo ayudar?”. El señor casi sin poder contestar, con su cabeza dijo que “si”. La señora inmediatamente se puso su elegantísima cartera del otro lado del brazo y tomo al señor por la mano y lo guió, con movimientos lentos pero seguros hasta llegar al otro lado de la calle.

Me sentí como quien esta viendo una película merecedora del Oscar, me conmovió tanto el corazón que casi derramo lágrimas. Esta señora jamás se imaginó que con su acto de generosidad, solidaridad, ternura, afecto y comprensión, no solo estaba ayudando a un extraño a cruzar la calle sino que enterneció tanto a otra desconocida que hoy comparte la historia con ustedes.

La escena me hizo acordar de una maravillosa película, que vale la pena ver, ‘Cadena de favores’. En esta, un niñito elabora y pone en práctica la teoría de que si todo el mundo les hace un favor a tres personas, completamente extrañas, con la única condición de que ellos después les hagan un favor a tres nuevas personas, el mundo sería un mejor lugar, inclusive sería casi perfecto.

¿Si será posible que uno deje tantas prevenciones, miedos y egoísmos y sea capaz de simplemente pensar en el prójimo? ¿Será que podemos, así sea por un ratito, olvidarnos de las necesidades propias y enfocarnos en las de unos completos extraños?

Algunos somos unos catedráticos en describir todo lo que está mal con la ciudad, con el país, inclusive con nuestras vidas, ¿pero cuántos somos capaces de tomar las riendas y tomar la iniciativa para generar los cambios que tanto anhelamos? Eso sí sería gracia.

ALEXANDRA PUMAREJO

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