Desfachatada

Desfachatada

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03 de junio 2013 , 07:15 p.m.

Probablemente la fotografía más famosa de John Lennon es aquella en la que aparece desnudo, en posición fetal, abrazado a Yoko Ono, que está vestida. Es famosa porque es original, extraña, hermosa. Y también porque es la última foto que le tomaron en vida, poco antes de levantarse de aquella cama que sirvió de telón de fondo, de escenario, para salir a las calles de Nueva York y encontrarse con la muerte.

Fue tomada por Annie Leibovitz, la fotógrafa norteamericana que ganó recientemente el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, y a quien la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos designó como leyenda viva al catalogarla como la fotógrafa más importante de nuestro tiempo.

Ahora que escribo esta nota repaso el maravilloso libro de Leibovitz titulado A Photographer’s Life (vida de una fotógrafa), tan admirado como controvertido, y me pregunto en dónde está su magia, qué la hace tan importante.

No es la luz de sus imágenes –que es impecable–, pues al fin y al cabo un fotógrafo que se precie de serlo debe dominar ese elemento que le da nombre a su oficio: luz, foto. Y dominar la técnica y lograr que su oficio sea además un arte.

No es su ojo –que lo es, por supuesto– ni es la composición –que también es–. Es su capacidad para convencer a los personajes de ser ellos en esas otras facetas que también han determinado su personalidad, es su facilidad para desnudarlos, es su desfachatez, es su morbo.

Su desfachatez, sí, la misma que le permitió proponerle a la reina de Inglaterra que se dejara fotografiar sin su corona, para que la reina se sintiera ofendida y en su cara –mientras mira a Londres a través de una ventana de su palacio– quedara marcado como nunca su desdén y aquella imagen despertara no la admiración o el odio que suelen despertar las fotos de la realeza, sino lástima por una mujer que requiere de su corona para ser ella, para respirar.

Y morbo para permitirles a su ojo y a su cámara detenerse en escenas ante las cuales otros habrían sentido pudor y no se habrían atrevido a disparar: como la vejez de sus padres o la muerte de su compañera, la escritora Susan Sontag.

Porque Annie Leibovitz sabe encontrar la belleza en donde otros ven simplemente agonía. Y sabe encontrar la vida en donde otros ven simplemente belleza. O poder. Y sabe que también somos sexo y dudas y vanidad y fantasía. Y que también somos muerte incluso antes de alcanzarla del todo.

Fernando Quiroz
@quirozfquiroz

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