Editorial: Todos los ojos sobre Cartagena

Editorial: Todos los ojos sobre Cartagena

03 de junio 2013 , 07:15 p.m.

De entrada, copan la atención las acusaciones mutuas entre los aspirantes sobre personajes cuestionados y, como en el caso de Enilse López, la ‘Gata’, ya condenados por la justicia, que estarían respaldando sus aspiraciones. Es de esperar, por supuesto, que pronto se aclaren estos cuestionamientos para bien de una ciudad tan cercana a millones de colombianos.

Pero tales señalamientos, que se suman a los llamados para que se ejerza una meticulosa vigilancia sobre el proceso, son solo un síntoma de un mal mayor que debe ser el verdadero motivo de preocupación. Por diversas razones, entre las que sin duda tienen un peso importante los desaciertos y sombras en la forma como se ha manejado la ciudad en tiempos recientes, se puede constatar cómo la democracia se juega cada vez más en terrenos de ciertos grupos de interés y no, como debería ser, en el de la sociedad civil, lo que configura un nefasto círculo vicioso. La manifestación concreta de este grave fenómeno se da en la manera en que hoy operan los partidos políticos, que, como ya varios comentaristas lo han denunciado, han dejado de ser aglutinadores y articuladores de demandas y reivindicaciones sociales, para terminar convertidos en meras agencias de avales.

Y así suene a lugar común, es muy cierto, y hay que repetirlo, que la existencia de partidos fuertes es un prerrequisito fundamental para una democracia vigorosa, cuyas instancias realmente representen a la totalidad de la sociedad y no solo a aquellos que se han organizado para defender sus propios intereses, parados en las antípodas del bien común. Y para esto es fundamental contar con una sociedad civil interesada por lo público, cuya participación no se limite a depositar el sufragio en las urnas, sino que haga seguimiento al desempeño de los gobernantes y los obligue a rendir continuamente cuentas sobre su gestión.

Que las alarmas lanzadas tengan efecto. Cartagena debe votar limpio. Solo derrotando la apatía se puede romper el círculo vicioso, y solo así dejará de ser viable esta expresión de la política como oscuro club privado.

editorial@eltiempo.com.co

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