La pionera del cine porno para mujeres

La pionera del cine porno para mujeres

Érika Lust habló con EL TIEMPO sobre el secreto del éxito de sus filmes.

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02 de junio 2013 , 10:34 p.m.

Son las 10 de la mañana en Barcelona. Érika Lust tiene el pelo desordenado y no lleva maquillaje. Hace apenas dos horas salió el sol y el frío del invierno aún no cede. No hay rastro de los labios rojos ni de esa mirada un poco felina que exhibe en las fotos de su web. Así, al natural, pocos imaginarían que esta politóloga especializada en feminismo y madre de dos niñas se gane la vida filmando porno. Primer estereotipo derribado; y caerán unos cuantos más a lo largo de la conversación.

Nacida en Suecia, en 1977, Lust es conocida en la industria del cine erótico como la pionera del porno para mujeres, con filmes en los que la narrativa feminista protagoniza la escena. Ha hecho cuatro largometrajes y cuatro cortos, muchos de los cuales han sido premiados en festivales del género en Nueva York, Berlín y Barcelona.

Su ideología podría resumirse en la frase de la estadounidense Annie Sprinkle, estrella del cine erótico que con el tiempo derivó en sexóloga: “La respuesta al mal porno no es el no-porno, sino tratar de hacer un mejor porno”.

Radicada desde hace más de 10 años en Barcelona, su español es tan correcto que le ha dado para escribir cuatro libros de ensayos y uno de ficción, todos sobre sexo. Sin embargo, no pierde la fuerza en la pronunciación que el acento sueco les imprime a sus palabras. Conversamos a través de una pantalla de computador, de la misma manera como suele hacer las audiciones para seleccionar a algunos de los protagonistas de sus películas.

Y la primera pregunta es obligada: ¿en qué se diferencia la pornografía convencional de la hecha por y para mujeres? “Surge de la necesidad de cambiar los conceptos y papeles de feminidad y masculinidad. Quiero que tengamos más opciones de ser putas y madonas a la vez, para tener un poco más de espacio y ser nosotras mismas”, afirma en un tono casi académico.

“Ser nosotras mismas” lo traduce en escenas eróticas, sin planos explícitos de los genitales. Un poco más de besos y caricias para resaltar la intimidad de la sexualidad, no solo el fin último de la penetración. A la vez, agrega detalles evidentemente cuidados, como el vestuario, el maquillaje y la ambientación. Más música y menos gemidos falsos. Sexo con estilo, donde la mujer no solo es proveedora de placer, sino protagonista de la satisfacción.

“El porno es una de las herramientas que usamos casi todos para aprender sobre el sexo y faltan visiones diversas, porque es muy fácil acceder a valores violentos –explica–. El que se exhibe hoy en día no es un porno positivo y muchas generaciones se están acercando al sexo desde esa perspectiva. Si eso es lo que los jóvenes ven en las imágenes, ¿cómo van a saber qué buscar de la sexualidad? Yo quiero ofrecer alternativas para que las mujeres y los hombres puedan disfrutar de una película, ponerse ‘calientes’ sin sentirse agredidos. La idea del porno es bastante buena, vale la pena; pero el porno que hay es un asco y quiero que las mujeres den su visión, con sus emociones. El sexo es muy importante para dejarlo en manos solo de personajes como Nacho Vidal (la estrella del porno español).”

Redefiniendo el género

Su interés por el cine X comenzó en su adolescencia, concretamente el día en que su novio de la época la invitó a ver una película porno. Su cuerpo reaccionó, sus instintos despertaron, pero sus emociones no lograron conectarse por culpa de las imágenes, que le parecieron grotescas. Supo entonces que podía hacer algo más por el género. “No podemos fiarnos de los hombres, que son quienes hacen las películas”, dice.

Tras licenciarse en Ciencias Políticas en Suecia, Lust se mudó a Barcelona en el 2000, con el fin de buscar algún trabajo relacionado con la política en esta ciudad. Aunque llegó con un buen dominio del español, su desconocimiento del catalán le impidió ingresar al sector público. Entonces, echó mano de su gusto por las artes –que traía desde la infancia– y aprendió a hacer cine preparando cafés en las producciones y recogiendo a actores en el aeropuerto. Mientras tanto, tomaba cursos sobre cinematografía en sus ratos libres.

Esta experiencia –combinada con sus estudios sobre feminismo– la materializó en su primer filme: el cortometraje The Good Girl (2007), la historia de una una joven ejecutiva, con muchas fantasías pero tímida en el sexo, hasta que un día, aconsejada por una amiga, decide hacer con el repartidor de pizza “lo que una chica buena nunca haría”, según reza la sinopsis de la cinta.

“El argumento suena conocido, pero quería demostrar que no necesariamente hay que romper con los clichés; que la diferencia está en cómo se cuenta, cómo lo explicas, porque si le das personalidad, emociones, sensaciones y discurso al personaje, puedes crear algo. Aunque, por otro lado, sí que intento romper el estereotipo con historias de gente más normal que hay a mi alrededor –como vecinos o compañeros de trabajo– y huir de la bailarina de striptease o la enfermera de minifalda y liguero”, explica.

En esa lucha para no caer en el lugar común, también ha tenido que lidiar con los actores. “Se me ocurrió darles diálogos, pero no contaba con que las estrellas del porno no actúan y con que los actores no tienen relaciones sexuales ante una cámara –afirma–. Además, en las audiciones, las mujeres casi siempre se menosprecian, dicen que no saben actuar, y cuando hacen las pruebas son 50 por ciento mejores que lo que dijeron. En cambio, los hombres tienen seguridad al venderse, pero luego hacen 50 por ciento menos.”

Hoy, Lust es catalogada por la crítica y los diferentes festivales en los que ha participado como pionera del género; suma ya varios reconocimientos, como el Premio Ninfa al mejor corto en el Festival Erótico de Barcelona; mejor película en el Festival Venus, de Berlín; mención de honor en el CineKink, de Nueva York, y película del año en los Premios Porno Feministas de Canadá, entre otros.

Sus producciones han nacido bajo el sello Lust Films, creado en el 2004, y tienen una amplia aceptación entre el público aficionado al cine adulto, que ella traduce en ventas. “España lleva algunos años en crisis, pero eso no se refleja en mi negocio, que crece 30 o 40 por ciento al año”, cuenta. Y, como si fuera poco, comercializa juguetes sexuales a través de su página web (www.erikalust.com), plataforma desde la que también distribuye sus cintas.

También en librerías

Entre la venta de sus productos y la escritura de un nuevo guion, la directora porno ahora explora otra faceta sin abandonar su línea: la literatura erótica. La canción de Nora (Planeta), su primera novela, ya está en las librerías españolas compartiendo estantería con otros títulos del género que popularizó Cincuenta sombras de Grey, aunque a Lust la novela de E. L. James le parece “más de lo mismo”.

“Llevo años trabajando en el sector erótico, tratando de conseguir que algunas cosas cambien, como la manera en la que se ve la sexualidad femenina. Por eso, Cincuenta sombras de Grey me decepcionó mucho. Cae en lo de siempre: la protagonista es una mujer débil, elegantemente sumisa, insegura, muy joven, inocente, con el objetivo clásico de las historias de Disney: transformar el lado oscuro de los hombres. Esa idea me cansa”, dice.

Y Nora, la protagonista de su novela, sabe cómo romper con ese molde: a los 24 años enfrenta las complejidades de mantener una relación con dos hombres al mismo tiempo. El libro contiene demasiadas referencias personales como para no pensar que Nora es la misma Lust en buena parte de la trama. Al igual que la autora, Nora es sueca, estudió cine, se mudó a Barcelona, se enamoró de un argentino y su vida se guía por las mismas inquietudes frente a la sexualidad femenina que mueven a Lust. “Ya quisiera yo poder inspirarme en mis vivencias personales, pero quizás soy más aburrida en la cama de lo que muchos piensan”, dice como para despistar al enemigo.

Las casi 300 páginas de La canción de Nora son una secuencia de escenas sexuales decoradas con un encaje que funge como historia, no muy diferente de las películas de este género, pero ella se defiende. “Cuando las mujeres escribimos sobre sexo, nuestros libros son como ‘literatura arlequín’, barata. Pero cuando los hombres escriben literatura erótica –como lo hizo Henry Miller–, ni siquiera se la llama así, sino simplemente literatura”, argumenta.

Y aunque no descarta hacer cintas distintas del género para adultos, su principal motivación siempre será la de presentar una mirada femenina del mundo, aunque sienta que a la par debe ir destruyendo estereotipos. “Todo el tiempo parece que queremos justificarnos: ‘Yo hago películas porno, pero no tan fuertes; yo soy feminista, pero no tan radical...’. A veces quisiera meter estos dos conceptos en la lavadora y exprimirlos hasta que salieran limpios, con un significado nuevo, completamente diferente”, concluye.

JULIANA ROJAS HERNÁNDEZ
Para EL TIEMPO

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