La novela del amor imposible de Di Stéfano

La novela del amor imposible de Di Stéfano

La leyenda del fútbol se quiere casar con su novia a la que le lleva 50 años de diferencia.

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02 de junio 2013 , 10:33 p.m.

Cuando parecía que la historia de amor entre Alfredo Di Stéfano y Gina González estaba próxima a alcanzar su momento culmen, en el altar, los hijos de la leyenda del fútbol decidieron dar esquinazo a las pretensiones de los enamorados.

Los planes de boda aireados por la pareja desde las páginas de un periódico en España, a principios de mayo, se dirimen estos días en los despachos de un juzgado de tutela e incapacitación. Las razones: 50 años de diferencia entre ambos –86 frente a 36–, una salud quebrantada y un patrimonio en juego.

Mientras los descendientes del presidente de honor del Real Madrid esperan el dictamen pericial sobre sus facultades mentales, la novia del mítico jugador denuncia que su prometido permanece privado de su libertad, tras un mes sin poder comunicarse con él. ¿Amor verdadero o puro interés?

En el ocaso de esta temporada, el exdelantero argentino quiso, fiel a sus principios, demostrar su valentía como en los momentos de gloria. No se podía ‘rajar’. No lo hizo cuando debutó con el Madrid en el 53, después de tres meses sin jugar y con cinco kilos de más. Menos ahora, a punto de cumplir 87 años y, como él mismo asegura, con el “corazón joven”.

“Di Stéfano se casa” titulaba a tres columnas el diario El Mundo. En su portada, el exfutbolista posaba sonriente abrazado por su novia, Gina González. Y no, la afortunada consorte no era una mujer octogenaria como él, sino una atractiva treintañera que nació en Costa Rica cuando él ya llevaba diez años retirado. Su actual secretaria, agente y representante. La misma mujer morena, de cabello rizado, con un tatuaje en el antebrazo que dice ‘La Saeta Rubia’, a la que se veía en innumerables eventos públicos empujar su silla de ruedas. La que organizaba su agenda, atendía sus llamadas, le ayudaba a escribir sus artículos y pasaba la mayor parte del tiempo a su lado. Abogada, periodista, con licencia Fifa de entrenadora y apasionada del fútbol.

La figura más trascendente, en el campo, en la historia madridista confesaba así a Emilia Landaluce, redactora del suplemento La Otra Crónica, estar “enamorado” y sus intenciones de contraer matrimonio, por segunda vez, “en la Iglesia o en el juzgado. Cuanto antes mejor. En 15 días, un mes”:

–¿Qué opinan sus hijos de que haya decidido casarse?

– ¡Qué van a decir! Pues deben estar en contra. Pero a mí eso no me importa. A mí me interesa mi vida y nada más. Y no armar mucho lío. Meterse conmigo se van a meter, pero yo me lo tomo con sinceridad. Si a alguien le apetece preguntar, que lo haga y yo se lo explico (...). A mí la vida no me la van a arreglar ellos y nosotros solo queremos estar juntos.

Glorioso regate el del astro del balón desde el punto de vista de sus cinco vástagos, que ya conocían sus intenciones. Se enteraron de sus deseos en el Hospital La Fe de Valencia, donde a principios de abril Di Stéfano permaneció ingresado por una leve arritmia cardíaca.

Dos semanas después, Silvana, Alfredo, Helena, Sofía María e Ignacio Di Stéfano Freites solicitaban ante la justicia la declaración de “incapacidad” de su padre, “promoviendo de forma simultánea la adopción de medidas cautelares, en orden a la preservación de su patrimonio”.

Su familia justificó en un comunicado la iniciativa “a la vista de la evidente evolución negativa de su salud”. Y añadía que “su actual estado de vulnerabilidad, unido a su evidente proyección mediática pueden determinar conductas abusivas sobre su persona”.

Landaluce sostiene que durante la entrevista el argentino “estaba en perfecto dominio de sus facultades”. Una fuente del entorno del deportista comparte esta opinión. “Actúa por voluntad propia. Los hemos visto juntos cientos de veces, aunque en el club no gustaba su relación. Lo que Alfredo quiere es compensar a Gina por su cariño y cuidado porque ha sido ella, y no sus hijos, quien le ha dado las atenciones que precisaba. Y no es fácil lidiar con una personalidad tan compleja como la suya”, agrega.

“Dios ayudará a Di Stéfano” fue la única frase que González pronunció tras declarar en la vista judicial que determinará si su novio está en condiciones de tomar sus propias decisiones. El mejor futbolista de todos los tiempos también acudió a la cita visiblemente cansado, en silla de ruedas y con un bastón en las manos.

Alfredo Di Stéfano nació en la modesta barriada de las Barracas. Prefería dar patadas a la pelota que ir a la escuela. Una conversación con el ícono blanco está cargada de anécdotas.

Sin el menor atisbo de desvarío agota las horas hilando recuerdos, entre ellos de su paso por el River Plate, el Huracán o el Millonarios, de Bogotá. Con la elástica del club colombiano, conocido en esa época como el ‘Ballet Azul’ por lo estético de su juego, pisó por vez primera el fortín del Real Madrid. Corría marzo de 1952. Los blancos cumplían sus bodas de oro. Di Stéfano, 26 años, número nueve a la espalda, jugador fibroso, cuerpo de atleta, escaso pelo rubio, impresionó al presidente merengue, Santiago Bernabéu. Su fichaje por 5’750.000 pesetas y un sueldo anual de 500.000, el más alto del mundo, se concretó en septiembre de 1953, tras una agria disputa con el Barcelona. El curso de la historia blanca cambió a partir de entonces. Un dato: el Madrid volvió a ganar la Liga a su llegada, después de veintiún años de sequía.

Toda su humanidad y conocimientos puestos al servicio del madridismo se saldaron con siete campeonatos más, una Copa de España, cinco Copas de Europa, una Copa Intercontinental, dos Copas Latinas y una Pequeña Copa del Mundo. Fueron 418 goles en 510 partidos.

Contribuyó a instaurar los valores de los que hoy se enorgullece el club. Fue precursor del concepto de ‘futbolista total’. Llevó a Europa un tango ensamblado con una técnica individual perfecta que aúna mucho genio, toque, potencia física y enorme sentido táctico. Resistencia y velocidad electrizantes.

“Es un hombre tímido, prefiere que no le dediquen calificativos tan elogiosos como que es el mejor del mundo, pero imprimió a sus compañeros ese espíritu de lucha, ese afán por ganar”, asegura Luis Miguel González, uno de los autores de la obra Di Stéfano: historias de una leyenda.

El flechazo entre la polifacética costarricense y el hispanoargentino (se nacionalizó español en 1957) surgió durante la redacción de ese libro, escrito a propósito del homenaje que el exjugador recibió en la entrega del premio Presidente Uefa, en febrero del 2008.

La idea de la publicación del texto y de incorporar al proyecto a Gina González, quien se vinculó a la Fundación del Real Madrid en el 2002 después de una beca en Televisión Española, fue de Miguel Ángel Arroyo, exdirectivo del club.

La tica, hija del exabogado del club Saprissa de su país, se encargaba de transcribir las entrevistas para la biografía. “A veces no me entendía y escribía boludeces. Yo me enfadé muchísimo. Incluso pedí que la despidieran del Real Madrid. Se lo dije a Luis Miguel y ella vino a verme toda tímida pensando que le iba a decir pelotuda y que la iba a echar”, relató a Di Stéfano a El Mundo. No llegó a echarla pero sí se enamoró de ella. Desde ese momento, no solo el marcapasos que le colocaron tras someterse a un cuádruple by pass, en el 2008, regula su corazón.

Nadie, sin embargo, aporta datos certeros sobre su patrimonio. Su sueldo mensual por ostentar la presidencia de honor del Madrid podría ascender a 10.000 euros. El club le desembolsó, además, una cifra importante por la cesión de su colección particular de trofeos al museo blanco. Tiene locales, un apartamento, una casa, estacionamientos y negocios en Valencia a los que los hijos siempre tuvieron acceso y quienes años atrás cedieron el usufructo de su herencia materna en su favor.

¿Existe una motivación económica detrás de las pretensiones de la costarricense? “No es ninguna oportunista. Es una chica normal que ha dedicado estos últimos seis años a atender a Alfredo, a traerlo y llevarlo en su silla de ruedas”, responde un amigo de la pareja que prefiere mantener su identidad en el anonimato.

“Esta chica está mal de la cabeza. En el Madrid no la pueden ni ver. Es lista para conseguir un objetivo, pero lo echa todo a perder por su forma de ser”, contesta alguien cercano al equipo.

EL TIEMPO intentó entrevistarla. “Por el momento no puedo hablar, según dice mi abogada”, se justificó vía correo electrónico.

Di Stéfano enviudó en la primavera del 2005. Sara Freites era para él “la locomotora del hogar, a la que nos enganchamos los siete vagones: mis seis hijos y yo”. Le costó sobreponerse al golpe hasta que Gina apareció en su vida.

En diciembre pasado, un cáncer le arrebató a su hija Nannete Norma. La casa en la que vivía con ella y su nieto Jorge es, según denuncia su prometida, donde permanece estos días incomunicado, bajo el estricto marcaje de su familia.

El viernes, González rompió su silencio. En dos minutos hizo un llamamiento desesperado al Real Madrid, la Federación Española de Fútbol, la Fifa, la Uefa y hasta al Gobierno de Argentina para que medien en la situación y el exjugador recupere su libertad.

El truncado idilio adquiere tintes de culebrón. La damisela tica echa de menos a su amado y él anhela conquistar el último trofeo de su vida.

PATRICIA VILLARRUEL GORDILLO
Para EL TIEMPO

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