'Hay que dejar de odiar para conseguir la paz': Frederik de Klerk

'Hay que dejar de odiar para conseguir la paz': Frederik de Klerk

El Nobel de paz con Nelson Mandela, habla de los acuerdos en Sudáfrica.

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01 de junio 2013 , 10:43 p.m.

Frederik de Klerk, el hombre que hizo posible el milagro de la paz en Sudáfrica, país que vivió la más brutal guerra por la política del apartheid –implantada por colonizadores ingleses y holandeses contra minorías negras y mulatas–, vino a Bogotá a dictar una conferencia que tituló ‘La sociedad civil y el posconflicto’, invitado por la fundación Saldarriaga-Concha.

De Klerk liberó a Nelson Mandela, negoció la paz y convocó a elecciones. Las perdió y entregó el poder. Los dos, De Klerk y Mandela, recibieron por esa conquista el Nobel de paz.

El expresidente sudafricano habló con EL TIEMPO y dejó sentencias como estas: “Es tan difícil convencer a los del mismo bando, como a los del bando contrario”; “Hay que pensar de manera nueva”; “Es indispensable hacer mutuas concesiones”; “Para lograr la paz, hay que dar y recibir”; “Hay que dejar de odiar”; “No hay que olvidar, pero sí perdonar”.

“Por mi experiencia, puedo afirmar que una vez uno logra dominar y ponerle fin al conflicto violento permanente, se generan oportunidades y el espacio adecuado para enfrentar la pobreza, mejorar la educación y atender las necesidades básicas de la gente –dice De Klerk–. Mientras exista el conflicto, eso es difícil de obtener porque la energía y los recursos van al conflicto. Desde el punto de vista logístico también se liberan personas para que puedan atender otros problemas…”

¿En Sudáfrica fue más fácil lograr la paz, o enfrentar el posconflicto?

Nada fue fácil. Primero tuvimos que convencer a los nuestros, para que pensaran de manera diferente, fresca; que adoptaran una actitud que estuviera dispuesta a hacer concesiones con el fin de lograr un acuerdo.

¿Y cómo lo logró?

Se dieron cuenta de que, después de la muerte de miles de personas, sobre todo jóvenes, todavía seguiríamos sin un ganador y de todas maneras íbamos a tener que negociar. Eso generó ese espacio para que, a través del dar y recibir, hiciéramos un nuevo comienzo.

¿En toda negociación de paz siempre hay lo que usted llama “un nuevo comienzo”?

Sí, una reestructuración. No necesariamente debe ser un cambio constitucional. Ustedes tienen una buena Constitución. En nuestro caso era fundamental.

En toda negociación de paz –en Sudáfrica, América Central o Colombia– son indispensables las mutuas concesiones?

Creo que en toda negociación exitosa una parte no va a lograr todo lo que quiere y la otra no se puede quedar sin recibir nada de lo que quiere, porque, en ese caso, el que pierde sale y siembra una nueva semilla para otro conflicto. Una negociación verdaderamente exitosa significa que las partes que negocian reciban lo suficiente para que satisfagan sus preocupaciones principales a través de unas concesiones que se puedan trabajar. En el caso de Sudáfrica, yo me ponía en los zapatos de la otra parte, y el señor Mandela en nuestros zapatos, para preguntarnos cuáles de las preocupaciones del otro bando eran razonables. A partir de ese momento se dio lugar a este “dar y recibir”. Yo tenía una lista de diez cosas que eran inamovibles. Otra lista de diez, de las que debía por lo menos obtener seis. Y las últimas diez, no tan importantes, tenían fines estratégicos. Al final logré mis diez principales, y ellos también lograron los suyos. Así es como funciona una negociación exitosa.

¿A usted qué lo condujo a negociar la paz?

No podía mantener ese statu quo que moralmente era injustificable. Además teníamos la presión internacional y el aislamiento, que crecía, generó un estancamiento económico. Pero las sanciones retrasaron las reformas porque unieron a todos los blancos contra la presión de Estados Unidos. (Lea también: 'Las Farc hacen la paz o se formalizan como bandidos': Villalobos)

 

Con semejante escenario, ¿por qué insistió en la búsqueda de la paz?

Porque quería hacer lo que fuera correcto: era lo mejor para mi pueblo.

Fue muy difícil convencer a la población blanca de la necesidad de hacer la paz?

Gasté tanto tiempo y energía en buscar el apoyo de la mayoría de blancos como en la negociación con la población negra. Lo que me ayudó fue que logré integrar mi primer equipo. Obtuve que los líderes de mi partido se apropiaran de la idea de la paz. Entonces, no era yo. Fuimos todos nosotros. Una vez logramos un consenso entre nosotros, les dije: “Ahora tienen que salir y ejercer el liderazgo con todos los sectores de la población blanca”. Una vez hecho eso, arrancamos con las negociaciones. Fue muy difícil. La oposición contra mí de la derecha decía que yo no tenía un mandato para negociar. Dijeron que yo había perdido la confianza de la mayoría de los blancos, que debía renunciar y llamar a nuevas elecciones. Respondí: “No vamos a tener elección. Vamos a tener un referendo. Ustedes ya saben todo lo que estamos haciendo, saben ya qué acuerdos logramos, saben cuál es la meta final. Ahora deben votar sí o no, para seguir adelante con esto o detenernos. Hubo el referendo. El 69,9 por ciento de los blancos voto el sí.

¿Cómo lo logró?

Ese fue uno de los hitos en mi carrera política. Prometí que si no lográbamos que los negros aceptaran los diez puntos que exigíamos, no habría más negociación.

Logró la aprobación. Pero hubo un sector blanco que lo atacó.

Así es. A los blancos que aún hoy en día me critican, que me dicen que yo cedí demasiado –muchos negros también critican a Mandela y dicen que él cedió demasiado–, a ellos yo les digo que miren la Sudáfrica de hoy y que se imaginen cómo estaría hoy en día si no hubiéramos hecho lo que hicimos.

¿En la negociación hubo concesiones de parte y parte?

Sí. Una negociación exitosa significa hacer concesiones y que una buena mayoría de la población apoye el resultado final. Pero hay que ceder de parte y parte.

¿Hay que perdonar o hay que olvidar?

No olvidar pero sí perdonar. Hay que buscar un equilibrio, hay que dejar de odiar, hay que también buscar restitución. El perdón significa también ceder ante la retribución. También se debe llegar a un acuerdo sobre el pasado.

¿Qué fue lo que lo condujo, después de ser jefe de Estado, a aceptar ser vicepresidente de Nelson Mandela?

Nosotros insistíamos en que debía, por lo menos durante un tiempo, haber un gobierno de unidad nacional. Incluso si uno de los partidos obtenía más del 50 por ciento, debía haber unión nacional por cinco años. Y la segunda razón, porque era necesario. Yo sabía que la ANC (African National Congress, el partido de Nelson Mandela) iba a ganar las elecciones, pero no tenía ninguna experiencia de gobierno. Ellos necesitaban tiempo para adaptarse y para ser entrenados, capacitados. El acuerdo era que habría un presidente, el que ganara, y un vicepresidente, del segundo partido más grande, y ese era mi partido. Eso funcionó muy bien los primeros dos años, porque se dieron cuenta de que debían aprender a gobernar: qué es y qué hace el poder ejecutivo; cómo funciona el legislativo; cómo se hace un presupuesto, etc. Tenían que aprender todo eso.

¿Y qué hizo fracasar esta unión nacional?

Después de dos años empezaron a decir que ellos ya habían aprendido lo suficiente y que querían un líder de la oposición. Me dijeron: “Si usted está con el gobierno, usted debe actuar como una unidad nacional afuera y ser parte de lo que nosotros decidimos”. Yo rechacé la posición y me fui de la vicepresidencia. Saqué a mi partido del gobierno.

¿Y, ciertamente, ya sabían gobernar?

Fue muy interesante el hecho que le voy a contar: Mandela nunca presidió el gabinete. Asistía a todas las reuniones, pero no obstante ser el presidente, no presidía. Thabo Mbeki era el otro vicepresidente, y yo era el presidente del gabinete. Nunca lo fue Mandela. Creo que Sudáfrica necesitaba un tiempo más largo de este proceso. Confieso que fue una de mis fallas en la negociaciones: necesitábamos más consenso, buscar siempre un acuerdo y no imponer la voluntad de la mayoría.

Cuando usted llegó al poder, Mandela llevaba más de 25 años en la cárcel. ¿Qué lo condujo a liberarlo?

Como abogado, primero que todo, era una cuestión de justicia. Aún teníamos la pena capital en Sudáfrica. Mandela no fue condenado a muerte pero sí a prisión perpetua. En Sudáfrica esa pena es de 25 años. Y Mandela ya llevaba 27 en la cárcel. Ya había cumplido su sentencia. Esa fue una motivación. La otra es que, durante los últimos años que él estuvo en la cárcel, hubo muchas charlas con él, se hablaba con él.Yo no, pero sí dirigentes blancos. Le hablaban de la posibilidad de negociar y de eventuales conversaciones con él.

¿Cuál era, entonces, la actitud de Mandela?

Él me decía: “No puedo hablarle a menos que tenga un mandato de la ANC”. Pero sus dirigentes estaban en el exilio. Él les escribió preguntándoles si, de pronto, tenía derecho a hablar acerca de una posibilidad futura de negociar. El partido le dijo que sí. Me di cuenta de que Mandela estaba listo para las negociaciones, pero entendí que no iban a ser posibles si estaba en la cárcel. Él y todos estos líderes importantes de la ANC tenían que ser liberados. En septiembre del 89, en seis semanas, liberé a cuatro líderes importantes de la ANC, incluido Mbeki. Eso fue una especie de ensayo inicial para saber qué iba a suceder. El 2 de febrero de 1990 anuncié la liberación de todos los prisioneros políticos, no solo Mandela, todos los presos. Mandela estaba en los ojos del mundo y, ante el planeta, lo que importó es que había ordenado la liberación de Mandela.

¿Qué los ayudó a lograr una solución negociada?

Incluir a todos los partidos y grupos sociales, convencer al país de que nuestros problemas podrían resolverse solo a través de la negociación. A veces hay que aceptar dolorosos compromisos para buscar una verdadera reconciliación y garantizar los derechos y la seguridad de todas las personas.

La desigualdad es sin duda uno de los generadores de insurrección. ¿Cómo la solucionó?

Una de las principales causas de la desigualdad es el fracaso de nuestro sistema educativo. 60% de los niños en edad escolar abandonan la escuela de manera prematura. Solo 13% de los egresados de las escuelas salió del sistema educativo con calificaciones razonables.

¿Con la firma de los acuerdos de paz lograron realmente la paz?

No. Poner fin al conflicto siempre es solo el primer paso. Es de crucial importancia para las sociedades posconflicto la manera como se ocupan de su pasado dividido. Repito lo que dijo el periodista y escritor británico George Orwell: “Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado”.

YAMID AMAT
Especial para EL TIEMPO

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