'Seguiré en la política hasta que muera': Lula

'Seguiré en la política hasta que muera': Lula

El expresidente llega al país para hablar de integración y aplaude esfuerzos por la paz en Colombia.

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01 de junio 2013 , 10:40 p.m.

El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva no se presentará a las elecciones del 2014, pese a que lidera las encuestas de intención de voto, porque considera que la presidenta Dilma Rousseff está haciendo un trabajo extraordinario.

“Ya cumplí con mi obligación en Brasil y voy a trabajar fuertemente para que la presidenta Dilma sea reelegida. El país vive un momento de oro teniendo en la Presidencia a una persona con sus calificaciones, carácter y compromiso”, dijo el exmandatario en entrevista con EL TIEMPO. No obstante, advirtió: “Seguiré haciendo política hasta que muera”.

Lula llegará mañana a Colombia, en la primera escala de un viaje de una semana que lo llevará a Perú y Ecuador, y cuyo objetivo es intercambiar puntos de vista con los presidentes de los tres países sobre políticas sociales e integración regional.

El martes se encontrará con el presidente Juan Manuel Santos y dictará, en el Club El Nogal, la conferencia ‘La integración de América Latina con estrategias de desarrollo de infraestructura sostenible’.

El otrora líder sindical trabaja desde hace dos años en el Instituto Lula, creado para promover la ampliación de las relaciones entre Brasil y África, así como el fortalecimiento de la integración latinoamericana, entre otras cosas. Lula superó un cáncer de faringe que lo obligó a paralizar sus actividades en el 2011 y a finales del año pasado reinició sus viajes.

A mediados de mayo recibió en Buenos Aires doctorados honoris causa de siete universidades argentinas y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), por su aporte al desarrollo del pensamiento social y político.

Durante su gobierno, Brasil se convirtió en la octava economía más grande del mundo, más de 20 millones de personas salieron de la pobreza extrema y su programa Hambre Cero motivó a gobiernos nacionales y municipales del continente.

¿Qué es lo que más lo preocupa actualmente?

La crisis económica que comenzó en Estados Unidos, pasó por Europa y afecta a otras regiones en menor o mayor grado. Hasta ahora, América Latina ha dado un ejemplo extraordinario de cómo enfrentarla: en vez de retracción económica y ajustes fiscales recesivos, tomamos medidas anticíclicas, fomentamos políticas sociales, y con eso nuestras economías siguieron creciendo por encima de la media mundial.

También me preocupa saber que no fueron aplicadas las decisiones del G-20 (integrado por los países más industrializados y emergentes) para enfrentar la crisis, como los incentivos a la producción, la generación de empleo y la distribución de la renta.

En América Latina todos tenemos conciencia de que los Estados seguirán invirtiendo en todo eso y, sobre todo, en una fuerte política de inclusión social, porque se comprobó –como sucedió en Brasil– que invertir en los más pobres puede ser la solución para el crecimiento y el fortalecimiento del mercado interno de cada país.

¿Qué está haciendo falta para enfrentar la crisis global?

Retomar, con la Organización Mundial del Comercio, la Ronda de Doha –cuyo objetivo es reformar el sistema de comercio internacional, mediante la reducción de obstáculos y normas–, para que, en este momento de crisis, el comercio sea un pilar del regreso al crecimiento económico en todo el mundo, sobre todo en Europa y EE. UU.

Las crisis económicas fueron la antesala de las dos guerras mundiales. ¿Teme por la paz?

Si existe alguien que crea que la guerra es capaz de hacer lo que la paz y la democracia no, debe tener un problema mental. Es hora de asumir responsabilidades. La razón de la crisis económica fue el sistema financiero internacional, que resolvió especular con la humanidad. La solución de eso no puede ser la guerra, que solo agrava los problemas. Tiene que ser otro modelo de desarrollo, la reglamentación del sistema financiero.

Los bancos deben estar al servicio del sector productivo. Imaginar que los bancos puedan vender papel sobre papel sin producir un solo tornillo o zapato no resulta. Por eso, espero que las decisiones que tomemos en el G-20 (en septiembre, en Rusia) puedan ser ejecutadas. De ahí la importancia de fortalecer el gobierno global, para que controlemos la especulación financiera y evitar que la misma se sobreponga a la producción.

¿Hay amenaza de tempestad política en la región por las crisis económicas que enfrentan Argentina y Venezuela?

No. Es importante recordar que un país como Brasil está viviendo el más grande periodo de democracia continua de su historia: 25 años. Lo mismo pasa con Argentina. Si analiza, también vivimos el mayor periodo de inclusión social en la región. Un país puede enfrentar problemas económicos, sociales o políticos, pero eso no va a poner en riesgo la estabilización ni el fortalecimiento democráticos que construimos hasta ahora.

Venezuela, con su riqueza, es un país con un potencial de crecimiento excepcional. Argentina fue la quinta economía del mundo y lucha por recuperar su crecimiento y la industrialización, que retrocedió en el tiempo de los militares. Todos queremos paz, democracia, estabilidad e integración. Estoy tranquilo.

¿Con base en qué respalda su optimismo en Latinoamérica?

Mire: aunque el ascenso de Brasil como actor global no iba a cambiar automáticamente la lógica política y económica del mundo, demostramos que era posible ampliar y democratizar las instituciones internacionales con el fortalecimiento de la Unasur, el Mercosur, la Celac, los grupos América del Sur-África y América del Sur-Medio Oriente, los Brics y el G-20.

Diversificamos nuestras relaciones y eso amplió los intercambios. La acción de Brasil, junto con otros países, en la construcción de una nueva geografía política y comercial viene dando resultado. Nunca como ahora se discutió tanto la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU. Brasil dirige la OMC y la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), y no piensa sólo en sí mismo, sino en un bloque con América Latina, con todas sus diferencias pero con el objetivo de integrarnos más para ingresar más fuertes en la política internacional. Lo estamos consiguiendo.

Un país solo no hace nada. Crecer juntos es lo mejor para América Latina. Brasil tiene más responsabilidad que todos en este proceso, por ser el país más poblado, con la mayor economía e industria regionales.

¿Brasil seguirá fuerte, pese a su reciente desaceleración?

Sin soberbia, creo que las perspectivas de crecimiento son tan prometedoras que, aunque el Gobierno cometa errores, todo saldrá bien. En las próximas dos décadas explotaremos la mayor reserva de petróleo en aguas profundas del mundo y, además, junto con Colombia y otros países de Suramérica, contamos con la Amazonia y necesitamos todos sacar provecho de su diversidad, en beneficio de la ciencia y de los pueblos de la selva.

Estoy convencido de que nada va a obstaculizar el buen destino de Brasil y de América Latina en las próximas décadas. Pero no podemos esperar que hagan por nuestros países lo que solo nosotros podemos hacer. Tenemos que unirnos, explorar los diversos potenciales que tenemos en nuestra integración. Tenemos que discutir nuestras similitudes.

Por ejemplo, analizar qué inversiones pueden hacer las empresas brasileñas en Colombia y viceversa, o qué podemos comprar y vender entre nosotros. La salida está en la integración. Solo así podremos crecer en una forma extraordinaria.

¿Qué es lo que más lo alegra hoy de América Latina?

Que es una de las regiones del mundo en donde la democracia ha avanzado más y, en el caso particular de Colombia, veo con mucha alegría que, tras un conflicto de 50 años, se esté haciendo un gran esfuerzo de diálogo para construir un país ciento por ciento en paz. No hay mejor ejemplo que este para afirmar que hoy ya no hay espacios para extremismos en nuestra región. Creo que todos los colombianos saben de los beneficios de la paz. Me parece que todos apoyan al presidente Santos para que la construcción de la paz sea irreversible.

¿Cuál es el gran legado que su gobierno le dejó a Brasil?

La ampliación de la democracia, pues nunca el pueblo participó tanto en las decisiones de política pública, y creer en la integración de América Latina. Si hace dos siglos Bolívar quería construir una América grande con su espada, hoy necesitamos una América Latina con mucha inversión. Por eso debemos desarrollar el Banco del Sur y hacer de él una palanca de crecimiento, y lograr que la Corporación Andina de Fomento juegue un papel cada vez más importante en el desarrollo económico y la inclusión social.

¿Es más feliz ahora?

“Mentiría si dijera que lo soy. Nadie está triste cuando está en el Gobierno. Se lucha la vida entera para llegar ahí. Hago política desde hace casi 50 años y seguiré haciéndola hasta que muera. Soy feliz porque estoy sano, porque veo a mi país surgir, a mi equipo (Corinthians) ser campeón en el 2012, y porque Brasil va a hacer el Mundial y las Olimpiadas. No hay espacio para la tristeza. Tengo 67 años y sé que por delante tengo menos tiempo del que ya viví. Entonces, debo vivir feliz. Le agradezco a Dios cada día y el trabajo me da fuerzas para seguir”.

GLORIA HELENA REY
Para EL TIEMPO

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