Los 'best sellers' les dan voz a otros autores: Dan Brown

Los 'best sellers' les dan voz a otros autores: Dan Brown

El autor de 'El código Da Vinci' presentó su más reciente libro, 'Inferno', y habló con EL TIEMPO.

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01 de junio 2013 , 05:38 p.m.

El célebre profesor de la Universidad de Harvard Robert Langdon, protagonista de las novelas del estadounidense Dan Brown, lleva en su muñeca un reloj del ratón Mickey. Se lo regalaron sus padres y constituye una especie de manifiesto acerca de que la vida no hay que tomársela demasiado en serio. Es uno de esos símbolos que rodean la vida del escritor y que él va dejando caer sobre sus páginas.

De hecho, el autor estadounidense (Exeter, New Hampshire, 1964) ha comentado que suele escribir, desde las 4 de la mañana, en un escritorio poblado por varios objetos con significado especial. Uno de ellos es un reloj de arena al que le da vuelta cada hora y que le recuerda, como las palpitaciones de su corazón, que el ritmo de la escritura es determinante en las historias de suspenso.

Las más de 500 páginas de su nueva novela, Inferno, se leen de un tirón gracias a su fórmula de capítulos cortos, temáticas polémicas, datos soltados con cuentagotas y el vértigo permanente que soportan sus personajes.

Su eje narrativo ya no es la sociedad secreta conocida como El Priorato de Sion, como en El código Da Vinci, ni la misteriosa relación del Vaticano con la orden de los Illuminati, como en Ángeles y demonios, sino las claves que esconde el capítulo ‘El Infierno’ de La divina comedia, escrita por el florentino Dante Alighieri.

Ese es el pretexto narrativo mediante el cual Inferno pone sobre la mesa temáticas como el control de la natalidad y la corriente filosófica denominada transhumanismo, que propende por el uso de la tecnología genética para que el ser humano alcance la perfección.

Con su tradicional pinta de profesor universitario, aunque sin la chaqueta escocesa Harris Tweed que caracteriza al profesor Langdon, su famoso personaje, Dan Brown respondió las preguntas de un grupo de periodistas de medios de comunicación españoles y latinoamericanos, incluido EL TIEMPO, en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Civilizaciones como la inca y la maya están llenas de códigos. ¿Ha pensado situar alguna de sus narraciones en América Latina?

Claro que me interesaría escribir sobre esos misterios. Sé que hay muchos; le daría una lista, pero no voy a indicar cuáles podrían ser los temas de mis próximas novelas. Desde el punto de vista artístico y sociológico, en esas culturas hay enigmas que me encantaría explorar. Estoy muy interesado en los espectaculares museos que hay sobre estas civilizaciones y tal vez tenga que visitar América Latina muy pronto.

¿Acaso existen todavía misterios sin resolver?

Estoy seguro de que hay muchos misterios que no se han resuelto; por fortuna, porque de lo contrario no tendríamos ideas para los libros. Los misterios más interesantes vienen de la antigüedad, pero también del futuro, como lo debato en Inferno: la idea de la ingeniería genética, que tiene implícitas cuestiones éticas, como qué es un humano y si deberíamos jugar a ser Dios.

¿Qué lo inspiró para escribir sobre el tema del infierno?

Yo había escrito muchos libros sobre las bellas artes, pero no sobre las artes literarias. Dante fue algo nuevo y muy sólido para mí, para mi personaje Robert Langdon. Me pareció muy interesante el paisaje del infierno, cargado de símbolos históricos. Ahora, si la cuestión es si creo o no en el infierno y el paraíso, me parece que nuestras ideas sobre este tipo de conceptos son más bien metafóricas.

¿Por qué ‘La divina comedia’?

Cuando estudiaba italiano, a los 18 años, leí por primera vez una parte de La divina comedia. Era una versión simplificada. Luego la leí completa en italiano y también la que hizo el poeta (Henry Wadsworth) Longfellow, y recuerdo que me impactó que una obra de 700 años de antigüedad pudiera ser tan moderna.

El libro aborda el polémico debate sobre el control de la natalidad. ¿Cuál es su punto de vista sobre este tema?

Durante los últimos 85 años, la población de la Tierra se ha triplicado. Cada día nacen 300.000 personas. Los futurólogos consideran que el crecimiento poblacional es, sin duda, el gran problema del futuro, pues repercute en contaminación, deforestación y capa de ozono, entre otras cuestiones.

No conozco la solución, pero creo que es un problema tan grave que requerirá una respuesta muy grave. En este libro, al antagonista se le ocurre una idea drástica y aterradora. Los malos más interesantes son aquellos que hacen el mal por una buena razón y eso es lo que hace el personaje malo de mi novela.

Es decir que es una novela en la que usted toma partido…

Este no es un libro activista, pero obviamente me preocupa el futuro del mundo. Creo que todos nosotros, los que tenemos un podio desde el cual podemos hablar, tenemos el deber de expresarnos. Algunos lo hacen, otros no.

Es importante decir cosas constructivas y decirlas con sinceridad, porque esto crea el diálogo que desencadena las soluciones a los problemas. En ese sentido, me parece que el libro pone a la gente a pensar sobre el crecimiento demográfico. Esperemos que los sociólogos y los científicos más inteligentes ayuden a los gobiernos a encontrar soluciones. Las novelas siempre muestran ambas caras, la buena y la mala, y en esta quedan muchos temas sin resolver.

Las tramas de sus novelas siempre contienen conspiraciones. ¿Lo inspiran este tipo de situaciones?

Yo soy más escéptico frente a la teoría de la conspiración, aunque en nuestro mundo se consolide el poder en menos manos. Creo que el espíritu humano está construido de forma tal que quiere creer que hay una razón para todo. A la mente no le gusta el caos, no nos gusta pensar que la vida es aleatoria. Preferimos creer que cuando ocurre una desgracia hay una razón. De allí la teoría de la conspiración: yo creo que es una necesidad biológica del ser humano.

Entre el éxito y la crítica

¿Cree que ha encontrado la fórmula del éxito literario: una mujer inteligente y hermosa, al lado de un profesor que sabe descifrar los códigos para salvar el mundo?

Me encantaría encontrar una fórmula, porque así podría escribir más rápido. Todos mis libros tienen temas similares, que interesan a Robert Langdon, con códigos secretos, arquitectura, arte y, claro, una mujer inteligente, que es la contraparte del protagonista.

Yo crecí rodeado de mujeres poderosas, inteligentes y atractivas, y por eso las incluyo en mis libros. Si eso es una fórmula, pues estupendo, pero eso es lo más fácil. La parte más difícil es la estructura del libro.

Frente a la crisis que vive el mundo editorial, ¿cree que hay que ser un ‘best seller’ para poder sobrevivir?

No sé si es la única forma para sobrevivir. Creo que el mundo editorial es muy importante, porque se trata de compartirle ideas a la gente. Lo que más me gusta de que mis libros sean best sellers es que permiten a las editoriales publicar otros autores importantes que no tendrían voz. Creo que mis colegas que también son best sellers piensan lo mismo. Nuestro trabajo ayuda a darles voz a los demás.

¿Cómo es su proceso de investigación?

Luego de El código Da Vinci mi vida tiene dos caras. Ahora tengo acceso a mucha documentación que antes no podía ver y a pasajes secretos, se me facilita hablar con conservadores de museos, en fin. Pero, por otra parte, mis temas son secretos, así que si hablo con alguna persona de un museo y le comento, por ejemplo, que quiero profundizar sobre Dante, al día siguiente puede salir a contárselo a la prensa. Entonces hago preguntas sobre el tema que estoy trabajando, pero luego hago muchas otras que no tienen nada que ver con mi novela y simulo que tomo notas, muy atento y con cara muy seria, sobre temas que no me interesan.

Usted ha dicho que lo único imaginario son los personajes y que los temas sobre arte, lugares y ciencia son reales. Sin embargo, estudiosos e historiadores han encontrado contradicciones. ¿No sería más honesto decir que hay cosas reales y otras noveladas?

Yo hago algo muy específico e intencionado en mis novelas: creo unos personajes de ficción que se desenvuelven en un mundo real. El código Da Vinci, por ejemplo, sigue la premisa de que la historia, tal y como la conocemos, no es verdadera. Entonces, me gusta que los historiadores contradigan, que señalen que lo que digo en mi libro no es lo que dicen ellos en los suyos. Esto es de esperar y es fantástico, porque establece un diálogo.

¿Lee las críticas a sus libros?

Suelo leer los títulos, ojeo si son malas o buenas y ya. Cuando eres un creador –seas escritor, artista o músico–, lo que te guía es tu propio gusto y esperas que otros lo compartan, incluida la crítica. Algunos lo harán, otros no, y la vida sigue. El escritor debe hacer el libro que le gustaría leer y luego compartírselo al mundo, con la esperanza de que le guste.

¿Estaría dispuesto, como lo hizo J. K. Rowling (autora de ‘Harry Potter’), a abandonar a su protagonista para hacer otro tipo de novelas?

Creo que cerca de 50 editoriales en el mundo serían presas del pánico si yo abandonara a mi personaje, Robert Langdon. Yo estoy cerca de él por la simbología y las novelas, pero claro que tengo muchas ideas diferentes y es posible que algún día las desarrolle. Si las reciben bien o mal, eso no es lo que más me importa. Lo que me importa es hacer algo sincero.

A propósito de sus conflictos con la Iglesia, ¿es creyente?

Yo crecí en una familia curiosa, porque mi madre tocaba el órgano en la Iglesia, mientras que mi padre era profesor de matemáticas, es decir, crecí entre la ciencia y la religión. Estudié a Adán y Eva y la evolución, y llegó un momento en el que dije: “Esto no puede ser correcto”. Entonces le pregunté a mi cura cuál era la historia correcta. Y me dijo: “Los niños buenos no hacen este tipo de preguntas”.

Eso me frustró mucho y empecé a estudiar la ciencia. Y cuanto más me adentraba en ella iba entendiendo que la mejor ciencia plantea preguntas espirituales. Al final, la ciencia y la religión son dos idiomas que intentan contar la misma historia.

En conclusión, yo diría que mi religión es un trabajo inacabado. Todavía tengo muchas preguntas.

El nuevo reto de Robert Langdon

El profesor de Harvard Robert Langdon, experto en simbología, y la hermosa Sienna Brooks intentan develar el secreto que esconde un extraño artefacto que aparece en uno de los bolsillos del saco del protagonista, por el que es perseguido por fuerzas oscuras para asesinarlo, en Florencia (Italia). Por más que lo intenta, Langdon no logra entender cómo apareció ese adminículo en su saco y, lo peor, qué hace él en Florencia. Detrás de todo está un científico obsesionado por el fin del mundo. Una historia que llevará al lector por famosos escenarios florentinos, como el Palazzo Vecchio, los jardines Boboli o el Duomo, que desde ya prometen convertirse en lugares de peregrinación literaria.

Ficha técnica

Título: Inferno

Autor: Dan Brown (Estados Unidos)

Editorial Planeta

551 páginas

Precio: $ 49.000

CARLOS RESTREPO
Redactor de EL TIEMPO
Este artículo fue posible gracias a una invitación de Editorial Planeta (Colombia).

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