¿Objeción de conciencia?

¿Objeción de conciencia?

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01 de junio 2013 , 08:28 p.m.

Recientemente, dos temas han llevado al señor procurador a plantear la objeción de conciencia para no cumplir decisiones que fueron encontradas ajustadas a la Constitución por la Corte Constitucional. El tema es un asunto jurídico complejo y para expertos, pero por ser de enorme impacto en el desarrollo de la sociedad, requiere que los legos tratemos de formarnos una opinión más o menos ilustrada.

El antecedente histórico de la objeción de conciencia es el martirio. Entre los primeros objetores de conciencia están los mártires cristianos, empezando por San Esteban y los perseguidos por Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, etc.

Los judíos lo sufrieron durante siglos en las cruzadas, la inquisición y los pogromos. Fueron llevados al ‘kidush hashem’, que significa ‘santificación del nombre’ y que era el martirio por negarse a la conversión o a incumplir normas bíblicas. El Talmud señala que si el incumplimiento es forzado por una autoridad es preferible el martirio.

Más modernas manifestaciones han sido la cárcel o la pérdida de nacionalidad a quienes se niegan a prestar servicio militar, los bonzos que en el año 1963 se cremaron en Vietnam contra las limitaciones religiosas del gobierno de Diem, y el checo Jan Palach que hizo lo mismo en la plaza Wenceslao contra la reimpuesta censura a la expresión por parte de los soviéticos.

El tema evolucionó después de la Segunda Guerra Mundial, especialmente con la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948. El artículo 18 consagra la libertad de pensamiento y conciencia y aunque no es explícito se deriva de él el derecho a la objeción de conciencia. Este numeral fue recogido en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966. Ha sido usado principalmente por quienes se niegan a prestar un servicio militar por su religión o por sus más íntimas convicciones filosóficas.

No fue fácilmente aceptada. Muchos jóvenes americanos salieron del país y renunciaron a la nacionalidad en la guerra de Vietnam, y lo mismo en otros países. Colombia no ha sido excepción; la Corte Constitucional ha tenido una jurisprudencia no homogénea, pero en la mayoría de los casos negó tutelas en contra del servicio militar. En general se ha evolucionado a que los países den posibilidades de servicios alternativos al militar.

Pero las causas por las que aboga el Procurador son diferentes. Se trata del matrimonio de parejas homosexuales y del aborto terapéutico (limitado a tres situaciones). En el primer caso reclama el derecho para los notarios; en el segundo, para los médicos.

Hay algunas condiciones que han sido generalmente establecidas para la objeción de conciencia. Debe ser un acto individual, debe sustentarse en una declaración explícita y personal del objetor, es sólo un hecho excepcional que se da cuando no hay otro recurso, no es aceptable en caso de urgencias médicas y nunca para un juez en sus sentencias.

En el caso de los notarios, es evidente la ausencia de sustento. El notario actúa como juez de paz y testigo de la voluntad de unión de otros. Si eso le causa una profunda repulsión moral, tiene la opción de renunciar (me temo que sugerir la renuncia de un notario es lo más herético que he planteado acá).

El caso de los médicos es diferente. La Asociación Médica Mundial aceptó la objeción de conciencia para el aborto, pero con limitaciones: no puede ser institucional; un hospital, sin importar quiénes sean sus dueños, no puede objetar conciencia. No es legítima en una urgencia, y el médico que se retira debe asegurar que un colega calificado continúe prestando el servicio.

Creo que el Procurador está confundiendo objeción de conciencia con desobediencia civil. La primera es un acto individual e íntimo; la segunda, un hecho político.

Moisés Wasserman
Profesor Emérito UN
@mwassermannl

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