Esta guerra tiene que acabarse

Esta guerra tiene que acabarse

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01 de junio 2013 , 08:28 p.m.

Sin que los colombianos nos percatáramos –de cuántas cosas no nos percatamos los colombianos por andar mirándonos el ombligo–, Barack Obama acaba de pronunciar un discurso que, por afinidad paralela, nos toca muy de cerca. Fue una alocución histórica acerca de la defensa nacional, que leyó el 23 de mayo. The New York Times señala que se trata del “más importante pronunciamiento sobre la lucha antiterrorista desde los ataques del 2001”. Según Le Monde, estamos ante “un elocuente e importante discurso”. The Guardian y varios otros diarios de peso internacional transcribieron completo el texto que leyó Obama.

En nuestro país habría bastado con destacar las siguientes palabras: “Esta guerra, como todas las guerras, tiene que acabar. Así lo aconseja la historia. Así lo demanda nuestra democracia”.

No sé por qué, siendo tan dados a copiar todo lo gringo, nadie ha propuesto en Colombia que hagamos nuestras las palabras de Obama. Lo que él está diciendo a su pueblo es que llegó la hora de poner fin a la guerra contra el terrorismo, que ha empujado a Estados Unidos a aventuras armadas en vastas zonas del mundo. Sin abandonar los esfuerzos contra quienes lo promueven –advierte Obama–, hay que levantar la cabeza y mirar la dinámica de la historia para recuperar el sentido de la normalidad.

Es otra manera de exponer la idea de que todas las naciones tienen derecho a la paz y de que la guerra debe ser un paréntesis anómalo, una situación excepcional y dolorosa. Parece obvio. Pero no lo es para los países que pierden el estado de paz durante mucho tiempo. Como Estados Unidos, que desde hace 70 años bombardea constantemente a alguien: Alemania, Japón, Corea, Vietnam, Camboya, Laos, República Dominicana, El Salvador, Granada, Panamá, Irak, Afganistán y otros cuyos nombres se nos escapan.

Tampoco lo es para Colombia, donde por lo menos siete generaciones han vivido bajo las balas y ni siquiera se preguntan ya si existe una manera distinta de existir. La última guerra civil declarada la libró la generación que nació hacia 1870 y desapareció hacia 1920. Solo la del Centenario (1885-1975) ofreció un período de paz y progreso de más de tres lustros. Pero en 1945, la rama conservadora de esta generación inició una lucha partidista que fue, también, cuna de la violencia social por el despojo de tierras de los campesinos. La generación que creó el Frente Nacional (1910-1985) vio crecer la guerra de guerrillas y la protesta social. Las que nacieron entre 1930 y 1945 no lograron elegir un solo presidente suyo: algunos aspirantes fueron asesinados (Galán, Lara Bonilla) y a otros los saltó la generación siguiente (nacida entre 1945 y 1960), que ha gobernado al país durante 23 años, más que ninguna otra en el último siglo.

Salvo la hegemonía liberal de 1930 a 1946 y el primer año de Rojas Pinilla, la guerra ha sido fúnebre escolta permanente de todas las demás. Por eso, los diálogos de La Habana deben conducirnos a un cambio cualitativo, a una nueva etapa. Es lo que no entienden los enemigos de las conversaciones de paz, tan acostumbrados a respirar la guerra que a veces parecen extrañarla.

Como Obama, Colombia también puede decir: “Esta guerra, como todas las guerras, tiene que acabar. Así lo aconseja la historia. Así lo demanda nuestra democracia”.

ESQUIRLAS. 1) Siendo concejal de Bogotá, la ‘Chiva’ Cortés denunció a gritos que esa corporación era una cueva de Alí Babá. Ahora vemos que tenía razón. 2) La corrupción necesita a veces símbolos tangibles. El crucero de los magistrados quedará como imagen de la postración de la justicia colombiana. 3) Los usuarios de Internet entienden ya por qué algunos advertíamos sobre los peligros del TLC. La ley Lleras, que encoge el uso de la red, es fruto de los intereses norteamericanos suscritos en el tratado. 4) Gana el buen fútbol: el Barça es campeón de España y Santa Fe avanza en la Copa Libertadores.

Daniel Samper Pizano
cambalachetiempo@gmail.com

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