Crisis con Venezuela, hora de la cabeza fría

Crisis con Venezuela, hora de la cabeza fría

Tensión binacional impone un reto para la diplomacia colombiana. ¿Habrá impacto en proceso de paz?

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01 de junio 2013 , 08:21 p.m.

La crisis que atraviesan hoy las relaciones entre Colombia y Venezuela –cordiales durante dos años y medio– le pone un gran reto a la diplomacia nacional.

La ‘cabeza fría’ será clave para evitar una escalada de la tensión y la posibilidad de daños colaterales a temas tan trascendentales como la paz, pero todo esto habrá que trabajarlo en un contexto nada fácil, pues para nadie es un secreto que hay una fuerte conexión entre el estallido de esta crisis y el complejo panorama político que se vive hoy en Venezuela. Agitar la bandera de la ‘agresión externa’ es un ‘viejo conocido’ en la historia política de América Latina cuando hay problemas en casa. (Lea también: Fragilidad del chavismo potenció dura reacción a la visita de Capriles).

Si algo tiene claro Bogotá es que los diálogos con Caracas deben manejarse con altura, fuera de los micrófonos y por los canales diplomáticos, evitando que Colombia termine siendo involucrada en la polarización que vive el país vecino y que esto, a su vez, termine teniendo repercusiones para Colombia.

Sin duda, el tono en la Casa de Nariño hacia el Palacio de Miraflores cambió desde la llegada de Juan Manuel Santos al poder. De ahí la sorpresa y el descontento por las fuertes palabras de Nicolás Maduro, mandatario venezolano, tras la reunión de Santos con el líder opositor venezolano, Henrique Capriles, en Bogotá.

Si algo debe quedar claro, como lo dijo el editorial de EL TIEMPO el viernes, es que “la soberanía de un país (se refleja) en la total autonomía de la que deben gozar sus gobernantes a la hora de decidir a quiénes les dan espacio en su agenda”.

Santos, por su parte, calificó de “descabellado” el “pensar que el gobierno colombiano esté enterado o, peor aún, apoyando algún tipo de acción para desestabilizar al gobierno de Venezuela”.

¿Hacia dónde vamos?

El expresidente Andrés Pastrana cree que Colombia debería exigir una aclaración pública por las afirmaciones de Caracas. “¿Cómo así que Venezuela le impone la agenda a Colombia?”, dijo.

Pero en otros escenarios la percepción es distinta. Eduardo Velosa, internacionalista de la Universidad Javeriana, dijo que se debe mantener la prudencia y no caer en el juego del micrófono. Esto lo respaldó John Marulanda, consultor en seguridad internacional, quien subrayó: “Las acusaciones de Venezuela son un libreto conocido”.

Lo económico, algo que le preocupó a Colombia en el pasado, ya no es un factor desestabilizante. De hecho, Venezuela no es el principal puerto de destino de los exportadores nacionales (concentra apenas el 4,4 por ciento) y la deuda acumulada, que llegó a rondar los 1.000 millones de dólares, fue saldada casi en su totalidad.

Carlos Patiño, internacionalista de la Universidad Nacional, afirmó que Maduro lo que busca es cohesionar al chavismo, porque “amenazas” como llamar a Roy Chaderton (embajador ante la OEA) para “analizar” el papel de Venezuela en los diálogos con las Farc no pueden surtir mayor efecto. “Trata de equilibrar su poder interno y tomar el liderazgo sobre Diosdado Cabello”, dijo.

El impacto sobre los diálogos de paz con las Farc es sin duda lo que más preocupa, aunque predomina la percepción de que el proceso ya tomó vuelo.

Camilo Gómez, el excomisionado de paz, manifestó: “No se puede desconocer que si se da el retiro de Venezuela, habría ruido en la mesa de diálogo, pero es ahí donde la guerrilla tiene que entrar a demostrar que está en este proceso por convicción”. Y agregó: “El proceso es entre las Farc y el Gobierno, no entre los gobiernos venezolano y colombiano; las propias Farc han dicho que la paz se hace entre colombianos; deben ser coherentes”.

Aunque fueron de buen recibo las palabras de Maduro el viernes, cuando llamó a “recomponer” el diálogo binacional, y de momento no se asoma en el horizonte una ruptura de relaciones o un cierre de fronteras, como sucedió en el pasado, no es claro que la tormenta ya haya pasado. Lo que sí está claro es que es la hora de la diplomacia, porque a ninguno de los dos vecinos les conviene –eso está demostrado– darse la espalda.

‘Se redujo la confianza construida’

Socorro Ramírez, doctora en Ciencia Política y una de las académicas que más han estudiado la relación entre Colombia y Venezuela, habla de la actual crisis diplomática.

¿Qué balance saca de la tensión tras la reunión Capriles-Santos?

Fue un error del presidente Santos aceptar la reunión con Capriles dado el contexto venezolano. El presidente ya había hecho llamados importantes al pedir en Unasur el reconteo de votos e insistir en la importancia del diálogo. En el error presidencial pesó la presión extrema que viene ejerciendo Uribe -que hace política con el tema-, pero también la opinión de otros sectores que han considerado que, ante la reñida definición de la elección de Maduro, Colombia no debió haber reconocido su gobierno de inmediato. Incluso se le ha pedido a la Canciller que renuncie, porque se considera inadecuado el diálogo fluido que ella ha podido mantener con el gobierno venezolano.

Personalmente, me parece insólito que se pretenda desconocer la importancia de los canales de diálogo entre los gobiernos en condiciones tan difíciles como las actuales.

La presión interna llevó al presidente Santos a realizar este gesto para equilibrar un poco su reconocimiento al gobierno de Maduro y a lo mejor también para mejorar en la opinión, en la perspectiva de su propia campaña electoral... sobre todo con una opinión que, mayoritariamente, tiene mucha desconfianza con los resultados electorales en Venezuela.

Del lado venezolano, Maduro ha tratado de buscar legitimidad y unificar al chavismo por la vía de crear enemigos imaginarios, anunciar amenazas contra su vida o en contra del proceso bolivariano. En ese sentido, los ataques de Uribe y ahora la reunión de Santos con Capriles le han ofrecido la oportunidad para inventar una supuesta conspiración colombiana. Pero su dura respuesta no se corresponde con los límites que le pone la propia situación de Venezuela.

¿En este punto, el proceso de paz se caería sin Venezuela?

No. La mayor contribución de Venezuela fue ayudar a sentar a las Farc a la mesa y mostrarles la inconveniencia de continuar la lucha armada. Ese aporte ya está hecho y hay que reconocerlo. Pero la mesa de negociaciones tiene su propia dinámica. Cada vez más, tanto guerrilla como gobierno han tratado de encontrar todas las formas de avance posible. El acuerdo que se ha logrado sobre temas agrarios era impensable hasta hace poco.

El anuncio de que el gobierno revisará su papel en los diálogos de paz es un chantaje. Es una amenaza peligrosa, que no creo que tenga posibilidades de concretarse. Un eventual retiro de Venezuela le causaría mayores problemas a ese país que a la propia dinámica de la mesa. La situación de la frontera en ambos países es grave. En Venezuela misma se están generando movilizaciones, incluso de sectores chavistas, contra el reclutamiento forzado de jóvenes, contra las vacunas y contra acciones de esos grupos armados. Venezuela necesita con urgencia el fin del conflicto colombiano.

¿Tendrá el incidente mayores consecuencias diplomáticas?

Lamentablemente, se redujo la confianza construida. El gobierno venezolano quisiera sancionar a Colombia mediante alguna medida comercial, pero ese deseo se estrella contra su propia situación. El desabastecimiento interno es muy grave, no da espera y plantea la necesidad de respuestas rápidas.

Además, los dos países tienen que hacerle frente a la muy complicada realidad que se ha creado en ambos lados de la frontera. La situación requiere una acción conjunta, debido a la presencia de guerrillas, paramilitares, criminalidad trasnacional.

Las repercusiones para Venezuela de un manejo no cooperativo de esa situación son tan graves como para Colombia. Por eso creo que el anuncio de examinar si apoyan o no la paz hace más bien parte de un estilo diplomático duro en el discurso pero, por fortuna, inhibido por la propia realidad para traducirse en acciones concretas.

¿Esta situación da pie a que los presidentes de los otros países que Capriles quiere visitar no lo reciban?

Depende. Hay gobiernos que pueden tener un margen mayor porque no van a pagar un costo tan alto. Seguramente Brasil no lo reciba porque defiende seriamente los negocios e inversiones que han crecido con Venezuela y no quiere tener ningún sobresalto. Pero a lo mejor hay otros gobiernos como el mexicano o el chileno, que vean la importancia de manifestarse a favor del diálogo entre gobierno y oposición en Venezuela. Seguramente, el mensaje que Santos quería mandar era la reafirmación de lo que ya había dicho: que hay que hacer el reconteo y que hay que tender puentes con la mitad del país que representa Capriles. La región tendría que repetir ese mensaje, por el bien de Venezuela y de América Latina y del Caribe. Para que esa transición política transcurra en paz necesita generar canales de diálogo entre las partes.

Farc se declaran ‘muy preocupadas’

El secretariado de las Farc se declaró el pasado sábado “muy preocupado” por la tensión entre Caracas y Bogotá y ordenó a su delegación en La Habana buscar mecanismos para “reconstruir la confianza”.

Estamos –dice un comunicado con fecha del pasado sábado– “preocupados, muy preocupados por la generación de hechos que sin duda afectan la extraordinaria atmósfera de paz que habíamos logrado construir en los diálogos de La Habana”. Y tras destacar “el importante rol que ha jugado y juega la República Bolivariana de Venezuela”, se subraya: “Hemos autorizado a nuestra Delegación de Paz en La Habana a buscar contacto directo, previo consentimiento del gobierno de Venezuela, con el señor embajador Roy Chaderton (...) para que nos ilustre sobre la situación generada y convenir acciones que nos permitan reconstruir la confianza que requiere la continuidad del proceso”.

DANIEL VALERO
Redacción Política

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