Una 'limonada' reciben unas 15.000 familias de Villavicencio

Una 'limonada' reciben unas 15.000 familias de Villavicencio

Una 'limonada' es lo que sale del grifo en algunos barrios de Villavicencio.

01 de junio 2013 , 08:44 a.m.

Villavicencio. Luis Guevara, que vive hace más de 15 años en el barrio Maranatha, en la comuna ocho de Villavicencio, sirve un vaso con algo cuyo color y sedimentos le dan la apariencia de ser limonada. Pero la ‘limonada’, como algunos denominan el agua que sale del grifo, es una muestra de lo que suministran a diario la Comisión Empresarial de Acueducto y Alcantarillado Integral de Montecarlo Bajo (Ceaimba) y la Empresa de Servicios Públicos de Oriente (Espo) en liquidación, operadores que llevan más de una década peleándose por cerca de 15.000 usuarios.

Y aunque el agua no es apta para el consumo, las dos empresas no rebajan mes sin cobrar. Ceaimba factura 8.000 pesos por el “manejo de válvulas” y Espo, unos 11.000 pesos en promedio, según el estrato. Esto ha generado confusión entre los usuarios, a quienes les llegan los dos recibos. Guevara asegura que el agua a duras penas sirve para que él, su esposa y sus hijos puedan lavar la casa, pues ya no es posible bañarse, debido a que varios miembros de la familia les han salido hongos en la piel.

Le achacan esto a que el agua que captan ambas empresas –comparten la misma tubería– no recibe tratamiento, es decir, no es apta para consumo humano. Es la misma historia de hace al menos 30 años en ese sector de la capital del Meta y que no cubre la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Villavicencio (EAAV). El problema, según Olga Calderón, propietaria de un restaurante en el barrio Montecarlo, en el mismo sector, se agrava en invierno, pues la turbiedad del agua es tal que para usarla deben esperar a que el nivel de sedimentación se asiente en el fondo de los tanques. Cifras de la EAAV indican que la turbiedad en este sector ha alcanzado 40 puntos, cuando la máxima para que el agua sea apta es cinco.

Por esta razón, y porque su negocio demanda alto consumo del líquido, Calderón debió invertir dos millones de pesos en una planta purificadora. Es tan crítica la calidad del agua que los conjuntos residenciales de la comuna han optado por perforar pozos profundos, para proveerse por su propia cuenta del líquido, que si bien tampoco es tratada, genera más confianza en los hogares.

La única agua potable que disfrutan los residentes de este sector, la mayoría de estrato dos, es la que compran en las tiendas. Pero eso significa sumarle entre 20.000 y 25.000 pesos a los gastos mensuales, algo que para muchos es un lujo que no se pueden dar. Las 15.000 familias de esta zona del sur de la capital del Meta esperan que la Alcaldía, que a instancias de la Superintendencia de Servicio Públicos acaba de comprar esa infraestructura, haga las inversiones necesarias para tratar el agua.

Se espera que esto dure poco, porque la Espo, que desde hace 11 años tiene un agente interventor y que recibirá 1.030 millones de pesos de esa negociación, acaba de transferir el acueducto al municipio.

EL TIEMPO

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