Mencionar el cáncer

Mencionar el cáncer

31 de mayo 2013 , 11:04 p.m.

El New England Journal of Medicine acaba de reconocer que diagnosticar cáncer puede ser tan fatal como la misma enfermedad. Comunicarle a un paciente que lo padece puede acelerar su malignidad y generar cambios estructurales. También es cierto que pronosticar un cáncer inexistente aumenta el riesgo de generarlo. Investigaciones sociales se llenan de testimonios inquietantes, como la pareja sobreviviente que desarrolla cáncer o el aceleramiento de suicidios o ataques del corazón, de los diagnosticados.

Los centros que se ocupan de esta enfermedad crean nuevos modos de enfrentarla. Pero son muchos los intereses a su alrededor. Desde las multinacionales que fabrican quimioterapia hasta los especialistas con elevados honorarios. Soy testigo de la presencia de laboratorios que ofrecen sus productos en clínicas. Soy testigo de galenos en clínicas de su copropiedad quienes a sabiendas de que un paciente vive un estado terminal le recetan quimio, pues cada dosis puede facturar 20 millones. El paciente se sacrifica y viene la cínica explicación: “Hicimos lo posible”. Mentiras. Se les está arrebatando al paciente y a su familia la posibilidad de una muerte digna, que es el último derecho que nos queda.

Tan compleja enfermedad asediada por la industria, la ciencia, la religión y por tantas fantasías a su alrededor la hacen esquiva para su control y prevención. Angelina Jolie puso de nuevo sobre el tapete el tema preventivo con su valiente decisión de hacerse mastectomía. En Colombia, el Instituto de Cancerología estudia los imaginarios de los médicos con pacientes (Carolina Wiesner) y pide que se consideren los valores subjetivos en su diagnóstico y que el médico se ilustre en el uso de la palabra, que diga lo que tenga que decir pero con “estrategias discursivas” con conciencia del efecto de sus palabras y solidaridad.

El cáncer ya no es sinónimo de muerte, pero se le sigue imaginando como el fin de la vida, hasta el punto de que esta percepción imaginaria domina la realidad. En todo caso, crece como epidemia y se le asocia con el uso de químicos en alimentos, con tecnologías como celulares, o cambios en el ambiente. Los ciudadanos imaginan que el progreso es sinónimo de cáncer y esto es inhumano. No podemos vivir en un mundo donde mañana es muerte y cambiar este designio es parte de la lucha ciudadana, despojando el cáncer de lo que no es verdadero.

Armando Silva
ciudadesimaginadas@gmail.com

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