Cisneros, el municipio antioqueño que clama por un acueducto

Cisneros, el municipio antioqueño que clama por un acueducto

El que tienen no es funcional. El agua que reciben sus habitantes es contaminada.

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31 de mayo 2013 , 08:14 p.m.

Cisneros (Antioquia). Cada semana, don Liserio Antonio Mejía compra dos botellas de 500 mililitros de agua para poner a funcionar el tanque de oxígeno que lo ayuda a mantenerse vivo. Su médico le prohibió usar la del grifo. En Cisneros nunca ha habido agua potable.

No deja de ser paradójico porque ese pueblo antioqueño –ubicado a 83 kilómetros de Medellín, sobre la vía a Puerto Berrío– lo cruzan 26 quebradas y el río Nus, una importante fuente hídrica de la región.

Sentado en una silla y refugiándose del intenso calor del mediodía, Liserio sabe que si no puede usar el agua de la llave para su pipeta, menos la puede consumir. “Hay que hervirla incluso antes de cocinar con ella”, dice.

El líquido le llega a los 12.000 habitantes sin ningún tipo de tratamiento, pues los usuarios lo reciben directamente de la quebrada Santa Gertrudis, que es canalizada en un tanque de concreto enclavado en una de las montañas que rodean al municipio.

Sin embargo, cuando la quebrada cruza por el pueblo y ya ha recibido basura, las aguas negras de las viviendas cercanas y la suciedad que dejan recuas de mulas y caballos que transportan la arena para remodelaciones y construcciones, se convierte en fuente de abastecimiento de muchas familias, porque con frecuencia por los grifos no sale ni aire.

Y aunque todos saben que no se puede beber del agua de esta quebrada, incluso de la que llega a las casas por la tubería, a muchos parece no importarles. Es el caso de Jhonnier* y de su familia. Cuando el líquido no fluye en su casa, este niño de 9 años sale con una caneca y una vasija verde hacia la quebrada, que pasa a 100 metros de distancia.

Ya en la orilla, se agacha y con la coca verde trata de limpiar los sedimentos que flotan, para luego empezar a sacar el agua que no se ve tan sucia. Este es el trabajo que hace por lo menos cada dos días. “Mi mamá la usa (el agua) para lavar los platos y para vaciar el baño. Y a veces nos bañamos con eso, pero yo prefiero tirarme a la quebrada”, asegura.

En el colegio, donde nadie le está recordando que no se puede beber esa agua del acueducto, el niño toma directamente de la llave.

“Mi mamá me regaña, pero en el colegio me toca –dice entre risas–. Eso a mí no me hace nada: igual, ya estoy acostumbrado”.

Acciones como esas son las que dejan un registro –según cifras del hospital local– de por lo menos 120 personas con enfermedades provocadas por consumo de agua no apta.

Las más comunes son las diarreicas agudas (10 por semana), de piel (5 en el mismo lapso), las urinarias por contacto directo (10 por semana) y las respiratorias (5 en ese periodo). En otras palabras, al año se enferma aproximadamente el 12 por ciento de la población (1.440 habitantes).

Eso lo ha sufrido en carne propia María Eugenia Monsalve, quien parece que se echó al dolor de ver a su hija mayor todo el tiempo con un brote que le cubre parte del cuerpo.

Desde hace cuatro años, dice Monsalve, a su hija no le sirven ni las cremas ni los ungüentos ni los champús que le ha formulado el médico. Por eso mismo, esta madre no duda en asegurar que mientras el agua no sea tratada nunca su hija se podrá curar.

“Por más que sé que es el agua, ¿qué podemos hacer si no hay más? Nos toca acostumbrarnos (...) De todas maneras el agua es vida, sucia o no”, dice María Eugenia con resignación, a la vez que casi en voz de súplica pide un acueducto para su pueblo.

Construirán un acueducto

De acuerdo con el secretario de Planeación municipal, Carlos Osorio, en unos cuatro meses se iniciaría la construcción de un nuevo acueducto. Usarían, al igual que hace muchos años, el caudal de la quebrada Santa Gertrudis.

“Costará alrededor de 2.800 millones de pesos y se realizará con recursos del Gobierno Nacional”, señaló el funcionario.

El proyecto –aclaró– se inició hace dos años, pero solo hasta dentro de las próximas semanas la Nación hará una nueva revisión para dejar todo a punto.

Años atrás se había construido un acueducto que no resultó funcional y rápidamente quedó obsoleto.

Osorio es optimista de que ahora sí se pueda hacer una infraestructura con las especificaciones adecuadas, pues, como nunca antes, al municipio llegó este año una comisión del Ministerio de Vivienda, que quiso conocer, de primera mano, el tipo de agua que consumen.

No obstante, don Liserio confía poco en esa promesa, pues aunque no es oriundo de Cisneros, sabe que cada mandatario que llega promete agua potable, lo que hasta ahora ha sido solo ilusión.

Mientras tanto, seguirá comprando sus botellas para la pipeta de oxígeno. “Así lo haré hasta que muera”, dice entre sonrisas.

*Nombre cambiado

YEISON GUALDRÓN
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