Editorial: Grietas en el espejo sueco

Editorial: Grietas en el espejo sueco

31 de mayo 2013 , 07:20 p.m.

 La crisis económica, que sopla como un vendaval sobre Europa, deja ya una estela de estropicios: cambios de gobierno, bancarrotas, desempleo, división interna en la Unión Europea, choques entre Francia y Alemania, aislamiento de Gran Bretaña, auge de los partidos de extrema derecha, aparición de líderes populistas... Una de las últimas víctimas parece ser el modelo de solidaridad social sueco, que ha sido envidia de muchas naciones por su igualdad y su oferta de bienestar para todos.

Las dos últimas semanas muestran que, detrás de ese espejo, se incubaban rincones de marginación, pobreza y violencia latente. Varios de ellos estallaron en suburbios de inmigrantes en Estocolmo, como Husby y Tensta, e hicieron añicos la paz social típica de los países nórdicos. El florero de Llorente fue la muerte de un hombre de Husby que amenazó con un machete a la Policía y cayó abatido a tiros hace algo más de una semana. Como protesta por la expeditiva “solución” policial, cientos de jóvenes salieron a la calle, quemaron carros, tiraron piedras y rompieron vitrinas. “Cuando un muchacho no tiene un libro en la mano, agarra una piedra”, explica sabiamente un vecino. Algo similar ocurrió en Londres y París en años anteriores, pero nadie esperaba tal reacción en un país con fama de hospitalario e igualitario.

El problema es que Suecia ha dejado de ser la utopía social que construyó durante años el partido socialdemócrata. Gobernado hace siete años por la centroderecha, que ha aplicado recetas de austeridad para la crisis, su crecimiento cayó del 6 por ciento a menos del 1 y entre la población inmigrante se disparó el desempleo, que es ahora casi tres veces mayor que en el conjunto de Estocolmo. Después de haber sido ejemplo de solidaridad, Suecia registra el mayor incremento de la desigualdad en países de la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).
El resultado político de las grietas en el modelo es, por una parte, las protestas y, por otra, el avance de los mal llamados Demócratas de Suecia, en realidad un partido de extrema derecha. El temor es que el malestar que desnuda los problemas suecos se extienda, dadas las circunstancias, a otros países que parecían curados de revueltas.

editorial@eltiempo.com.co

 

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