Editorial: Igualdad real, no solo legal

Editorial: Igualdad real, no solo legal

31 de mayo 2013 , 07:18 p.m.

Terminó ayer el llamado Mes de la Herencia Africana. Y es hoy, después de las celebraciones y de las conferencias de los expertos convocadas por el Ministerio de Cultura, la Unesco y el Banco de la República –que cumplieron, con creces, con el objetivo de hacer visible la enorme contribución de los negros a la cultura colombiana–, cuando se hace perentorio que en nuestra sociedad se tenga claro que Colombia ha sido siempre un país lleno de lenguas y de etnias y de manifestaciones de tantas poblaciones humanas. Pero que, aun cuando hemos avanzando en ello en las últimas dos décadas, estamos lejos de conseguir un diálogo en medio de la diversidad: podría decirse, con ánimo de dar el paso al frente que dan quienes reconocen sus falencias, que de cierta manera seguimos siendo un país racista.

Fue el 21 de mayo de 1851, hace tanto y tan poco, cuando Colombia reconoció la libertad legal de los esclavos y de las esclavas que habían sido raptados infamemente en África para construir las economías del nuevo continente. En esa fecha se promulgó aquella Ley 21, que consiguió la abolición de la esclavitud. Ciento cincuenta años más tarde, en el 2001, el Congreso de la República estableció que cada 21 de mayo se conmemorara el Día Nacional de la Afrocolombianidad.

Y una década después, el Ministerio de Cultura expidió la Resolución 0740, del 2011, que declaró a mayo el Mes de la Herencia Africana, con el objeto de “promover el reconocimiento del aporte de las comunidades negras, afrocolombianas, palenqueras y raizales a la sociedad colombiana”.

Hay en Colombia, según las cifras del Dane, cerca de 4’316.592 afrocolombianos. Pero, como aún demasiados hombres y mujeres no se reconocen como tales, podría llegar a hablarse de un poco más de 10 millones. No es nada fácil derrotar siglos y siglos de deshumanizar, de doblegar, de hacer sentir inferiores a generaciones y generaciones de negros con el propósito de esclavizarlos. Mucho se ha avanzado en el propósito de erradicar la discriminación, pero todavía falta que la gran mayoría de esta población sepa de memoria sus derechos y pueda tener con más garantías las riendas de su destino.

Este mayo se llevaron a cabo talleres, foros de suma importancia en el marco de los actuales diálogos de paz, reconocimientos a las valientes líderes de la comunidad afro y visitas de especialistas en el tema de las migraciones (la ‘Ruta del esclavo’, reconstruida por la Unesco, recreó el recorrido del comercio negrero, no solo como una condena, sino como la entrada de una cultura que trajo a América el arte, la música y muchas más de las expresiones que hoy siguen siendo parte fundamental de lo que somos y lo que sabemos).

Hay que decir que ha sido un buen comienzo de las grandes reivindicaciones que habrá que hacerle a un pueblo afrocolombiano que –con el apoyo de las leyes que se han ido creando y de las voluntades que se han venido despertando– debe seguir reclamando la igualdad de condiciones en el mercado laboral, la atención de un Estado que le ha dado la espalda en el empeño de superar la pobreza, y el estudio a fondo de lo que ha sido hasta ahora ser negro en Colombia.

Es hoy, después de las conmemoraciones, de los reconocimientos y de los discursos de reivindicación, cuando empieza a medirse si en verdad entendemos que no seríamos el país que somos sin la vitalidad, la belleza y la inteligencia de la población afrocolombiana. Lo justo es seguir en la labor diaria de portarse a la altura de nuestra herencia.

 

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