Los herederos de Los Corraleros de Majagual

Los herederos de Los Corraleros de Majagual

Walfredo, Dino y Alfredo Jr., los hijos de Alfredo Gutiérrez, ahora deben continuar con el legado.

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29 de mayo 2013 , 04:10 p.m.

Hubo una época cuando Dino, Walfredo y Alfredo eran simplemente Los Hermanos Gutiérrez, los hijos del tres veces rey vallenato Alfredo Gutiérrez.

Cultivaban el estilo fundado por Los Corraleros de Majagual, esa especie de ‘Fania’ costeña que reunió en su momento a los mejores intérpretes sabaneros, enrolados en Discos Fuentes, en el que su padre supo destacarse.

Calixto Ochoa, otro de los grandes del conjunto, solía decirles que no abandonaran nunca esa música, que le tuvieran fe, que los llevaría lejos. Y fue el mismo Ochoa el que propició ese puente para que hoy los hermanos Gutiérrez sean la segunda y orgullosa generación de Los Corraleros de Majagual.

El grupo vive con el peso de los clásicos del legendario conjunto, que tiene clásicos como Festival en Guararé o Los sabanales, pero también tienen su propia producción musical: ahora estrena el álbum Mi tierra linda.

Dice Dino que no esperan sacar un disco al año – “para grabar este, esperamos tres”–, porque son cuidadosos al grabar, para que toda canción nueva esté acorde con la línea trazada por la generación anterior.

Sin embargo, no deja de causar curiosidad el sonido nuevo que proponen en canciones como De guayabo en guayabo, de autoría de Dino, o en la combinación de un conjunto tan clásico con la voz del artista de pop cartagenero Jerau en una nueva versión de la canción La espumita del río.

“Hubo un tiempo en que la música de Los Corraleros solo se podía oír en emisoras o discos, pero no en los escenarios”, relata Walfredo, voz y acordeonero del conjunto, para explicar cómo terminaron él y sus hermanos ‘heredando’ el grupo.

“En los 90, un empresario, Marcos Barraza, decidió reunirlos a todos para un Carnaval de Barranquilla”. Fueron Alfredo Gutiérrez, Eliseo Herrera (el de los trabalenguas), Chico Cervantes, César Castro y Calixto Ochoa, entre otros. Fue todo un éxito, se ganaron un congo ese año, demostraron su vigencia pese a las décadas pasadas desde su fundación y los empresarios soñaban con grandes giras nacionales.

“El problema –explica Walfredo Gutiérrez– es que Alfredo, Lisandro Meza y Calixto Ochoa tenían cada uno su grupo formado y era difícil mantenerlos a todos juntos: era imposible”.

Se quedaron Calixto y Eliseo Herrera, y ahí llamaron a los hermanos Gutiérrez. Pero en el 93 Calixto se retiró por motivos de salud y les cedió la dirección del grupo; luego se fue Eliseo. Así, los Gutiérrez quedaron al frente conservando la esencia clásica, en la que cada integrante del grupo tiene la misión de evocar a alguna de las figuras originales.

El sonido corralero es una fusión de pitos y vientos, como el bombardino y el trombón, con el acordeón, en el que predominaban los ritmos sabaneros. Ahora, el reto de esta segunda generación es “llevar esta música al sitial que merece, porque aquí suelen olvidarse de que el nombre de Los Corraleros es sumamente grande”, anota Dino.

Mi tierra linda $ 19.900

Además de canciones compuestas por los hermanos Gutiérrez, como ‘De guayabo en guayabo’ o ‘La mujer de mis sueños’, el álbum recoge un par de mosaicos con éxitos de Calixto Ochoa y Alfredo Gutiérrez. Colaboraciones en este álbum: Jerau, en ‘La espumita del río’, y Beto Zabaleta en ‘Mi tierra linda’.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
REDACCIÓN CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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