Un culto a la naturaleza

Un culto a la naturaleza

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22 de mayo 2013 , 04:32 p.m.

Un artesano de renombre mundial me explicó que, para crear rosas, desarmaba una flor real, la copiaba pétalo a pétalo y luego la armaba… Pero, enfatizó, no hay artista en el mundo que copie tanta belleza… la mejor obra de arte, infinitamente mejor, es lo natural.

Idili Lizcano estudió filosofía, metafísica (la esencia de la naturaleza). “Admiro a los presocráticos… entendieron la fusión del hombre con la naturaleza”, dice. La metafísica más difundida, debido a la Iglesia católica, es la aristotélica tomista, que afirma que el universo está ordenado (la naturaleza tiene un orden espontáneo: el sol sale a horas preestablecidas, etc.), que existe un orden (creado por Dios). El hombre es parte y, al ser sociable, configura un orden natural social que, desde la economía, es el mercado natural. Y lo que contraría ese orden es violencia que, precisamente, es una fuerza extrínseca que desvía el desarrollo espontáneo.

Lizcano fundó Alqvimia hace 28 años para hacer alta cosmética con elementos naturales, en más de 20 lugares como Hong Kong, Praga, Malasia, EE. UU. y, pronto, París, Singapur y China, con fieles como Penélope Cruz. No pretende convertir plomo en oro, sino “demostrar que se puede crear riqueza desde la naturaleza, amándola y respetándola”. Ahora la empresa factura más de € 5 millones. Hacer riqueza desde de lo natural es la única manera, porque en la medida en que violemos al cosmos lo estamos destruyendo.

En el mercado natural la única forma de ganar dinero es sirviendo a los consumidores, de modo que compren el producto. Pero cuando se introduce violencia, por ejemplo, con policía aduanera que les elimina la competencia extranjera a los empresarios amigos, se perjudica directamente al consumidor, que no puede obtener productos importados, y se instituye el que sea más negocio, para el empresario; hacerse amigo del funcionario que dirime la violencia, antes que servir al mercado.

Con la particularidad de que la violencia siempre, por muchas ‘leyes’ que la respalden, finalmente queda dirimida arbitrariamente (egoístamente, soberbiamente) por la persona que “empuña el arma”, que decide si la aplica, con qué criterio y en qué medida. Por el contrario, “La verdadera riqueza es aquella que crece cuando se comparte” afirma Lizcano. Es que en el mercado natural se gana solo compartiendo. Todas las transacciones son de mutuo acuerdo: cada uno recibe lo que prefiere; el vendedor, el dinero, y el comprador se queda con la mercadería.

El fundador de la exitosa Alqvimia asegura que “Ahora lo natural… está de moda… El dinero… no es el objetivo sino el premio de un trabajo bien hecho… la vida no es ganar dinero, es ser feliz”. Así “Tenemos que… volver a lo real y lo natural, a una economía de la felicidad… nos hemos apartado de la ley natural, que se rige por la generosidad… La prosperidad y la riqueza son fruto de la generosidad. Y hoy reinan la ambición, el egoísmo neurótico, el afán de poder y la codicia… un empresario neurótico y amargado no es bueno… tenemos que conseguir empresas humanizadas”.

Lizcano cree que “Tenemos que recuperar una visión sagrada, mágica de la vida. Hemos creado una sociedad donde no hay belleza… La naturaleza enseña que el liderazgo tiene que ser como ella… No entiendo los liderazgos verticales. Creo en líderes positivos… bondadosos, nobles y generosos”.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

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