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El DJ que lleva la bandera de Colombia

El DJ que lleva la bandera de Colombia

Erick Morillo se crió en Cartagena. Hoy, una calle de Nueva Jersey tiene su nombre.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
30 de abril 2013 , 03:24 p. m.

 Las patrullas de la Policía llegaron con sus luces rojas y blancas encendidas. La Avenida Bergenline, entre calles 14 y 15, estaba acordonada. Algo ocurría en esa equina de Union City (Nueva Jersey, EE.UU.), a 38 kilómetros de Manhattan. Una manta negra cayó al piso y descubrió al ‘culpable’. Sonaron aplausos, mientras se ondeaban banderas colombianas. Esa tarde del 11 de octubre del 2012 nació la calle Erick Morillo. Un homenaje a esta superestrella de la música electrónica, que vivió allí su adolescencia. Erick, DJ y productor, cambió el habitual jean, la camiseta y los zapatos deportivos por un impecable traje con camisa blanca.


Para celebrar, sonó el himno que surgió en esas calles y que le dio la vuelta al mundo: I like to move it. En 1993, conquistó Europa. Fue el primer éxito de Morillo, quien para entonces trabajaba con el trinitario Mark Quashie, bajo el nombre de Reel 2 Real. Un sonido pegajoso que salió de las discotecas para contagiar a los niños y que llegó a las ‘voces’ de un león, una cebra, una jirafa, un hipopótamo y un lémur en la película Madagascar.


La más feliz por ese reconocimiento era Elisa, su mamá. Esta cartagenera, de voz fuerte y alegre, bailaba sin parar. Salió a sus 20 años de Colombia rumbo a Estados Unidos. Se casó con Antonio, un dominicano, y allí tuvieron dos hijos, Erick y Sheila. “En el edificio donde vivía hubo un incendio, quedé con lo puesto y mientras me organizaba mandé a Erick a la casa de mi hermana Sandra en Cartagena”, recuerda.


Erick se crió en La Heroica. Llegó a los seis años como un niño inquieto y se fue, más inquieto, cumplidos los diez. Cada vez que podía, se le escapaba a la tía Sandra para montar en bicicleta. Tenía como cómplices a sus primos –casi hermanos– Jorge y Javier. Águeda, la prima mayor, era quien se los aguantaba. “La casa de los vecinos tenía un patio grande, con muchos árboles y nos pasábamos colgados bajando y comiendo mangos”, dice Erick.


Estudió en el colegio Comfenalco y luego en el Colegio mixto de La Popa, donde hizo su primera comunión.
“Todos los domingos nos íbamos para una finca, a Erick le encantaba montar a caballo. También salíamos para Turbaco, a una piscina pequeña de un español”, recuerda la tía Sandra.


Era travieso. Por las noches, esperaba que Juancho, el cochero más famoso de Cartagena, pasara frente a casa. ‘Viene!!!’, gritaba alguno de sus primos. Luego, se montaban en el coche y él los llevaba cuadras abajo.
“Es increíble ser de Cartagena, criarme allá y tener esa experiencia de ver cómo mi vida ha pasado”, recuerda el DJ.
Su vuelta a Nueva Jersey fue difícil. Le costó el idioma. Sus padres se habían separado, pero en casa siempre estaba ‘Mami Mayo’, la abuela materna.


Reggae, su debut musical


En casa de mamá, las reglas y la música eran territorio colombiano. Vallenato, cumbia, salsa y merengue aún suenan y se bailan. Desde los 11 años, Erick se apoderó del equipo de sonido. Curioso, descubrió que un vecino hacía mezclas con tornamesas. Ahí arrancó todo.


Su afición llegó a ‘enloquecer’ a su mamá, quien, a gritos, le pedía que bajara el volumen. No había fiesta en la que no mezclara. Incluso en bodas. Mientras tanto, doña Elisa se ganaba la vida trabajando en una empresa que hacía impresos para compañías de arquitectura y, luego, como mesera.


Morillo hizo dos años de música en la Escuela de Artes de Nueva York. Su habitación la convirtió en un estudio de grabación. ‘Mami Mayo’ le regaló sus primeros equipos de DJ. Pasaba días y noches trabajando detrás de un computador, haciendo pistas y arreglos, una costumbre que hoy, a sus 42 años, no ha cambiado.


“Él se daba gratis en las fiestas para que lo escucharan, hasta que se tropezó con el panameño El General”, revela su mamá. Hoy, una presentación suya puede llegar a costar unos 50.000 dólares.


El reggae fue su entrada a las grandes ligas. Muévelo lleva la producción de este DJ, al igual que Mueve la cadera y Latinos, de Proyecto Uno. “Con el reggae no fue mucho el dinero, pero cuando me metí en el house, este género explotó en Europa”, celebra.


En 1997 creó su sello Subliminal Records, junto a sus amigos y socios Harry ‘Choo Choo’ Romero y José Núñez. Mezclas de canciones de Whitney Houston, P. Diddy, Boy Gorge, Craig David y Shaggy, tienen su firma. Subliminal también ha sido la puerta a la fama para DJ como Axwell, Steve Angello y Sebastian Ingrosso, conocidos como los Swedish House Mafia, a quienes Morillo llevó por primera vez a Estados Unidos y a su inigualable fiesta en Ibiza.
En este paraíso español tiene una mansión, donde pasa el verano, y un yate por si falta diversión después de la fiesta. En la isla, es el rey hace 13 años. Y aunque su vida no pareciera tener momentos malos, el fin de su ciclo en la reconocida discoteca Pacha, este año, le dejó nostalgia.


En la lista de cosas por hacer ha tachado lo que cualquiera soñaría: se enamoró, se casó, se separó, viaja por el mundo, vive donde quiere, es exitoso, le regaló a su mamá una casa y es el ‘dueño’ de la rumba. Al año, se sube más de 200 veces a un avión.


“En su oficina, en Nueva Jersey, tiene un mapa marcado con banderitas sobre los lugares que ha visitado. Está negrito que ya no le cabe más”, apunta su tía.


Los últimos 20 años han sido una gira inagotable. Cuando llega el verano, un avión privado, con su nombre en letras amarillas, lo espera para vivir un rato en el cielo y luego bajar a seducir masas con su energía. Mezcla desde New York, New York, de Frank Sinatra, hasta éxitos houseros como Sweet Dreams, de Eurythmics. Así atrapa al público.
Extraña su casa en Miami, aunque tiene otra en Nueva York y comprará una en Los Ángeles, aparte de la de Ibiza. Y añora visitar a su mamá más seguido, no sólo por compartir con ella, sino por los manjares que cocina: arroz con coco, patacón y mondongo. Sus raíces colombianas siguen intactas. Lo demostró en uno de sus últimos lanzamientos: Conga lust, canción que lleva la voz inconfundible de Petrona Martínez, con el coro ‘el congo no va a mi rosa…’.


Cuando va a ver a su mamá, ella le pide nietos. “Por ahora tiene que esperar. Tengo muchas chicas que quieren darle nietos, pero hay que escoger, eso es una responsabilidad grande”, apunta.


Su vida lleva un ritmo que va tan rápido como sus mezclas. Trabajo en el estudio, vuelos, fiestas, fiestas después de las fiestas, sexo, yoga y acupuntura. Y la disfruta. “Vivo una vida que amo. No puedo creer que sea mi vida”, añade.
Por estos días, prepara con Shawnee Taylor y José Núñez el que “será el hit en el verano en Europa”, confía. Y anuncia que viene música con Sean Paul, Pitbull y Busta Rhymes.


Un adicto al trabajo


Doña Elisa le pide que tome vacaciones. Su último descanso fue en enero del 2012 en las Maldivas, país asiático situado en el océano Índico. Desde entonces, no ha parado. Tiene un corazón muy grande –dicen sus familiares– a quienes invita las vacaciones desde hace más de 10 años. En su casa en Miami se reunieron en diciembre pasado. Lo sorprendieron con súper coco, manimoto y frunas. Y, claro, jugaron dominó. “Le encanta, apostamos de a un dólar y cuando gana, da un brinco de arriba a abajo”, dice su tía Sandra. “Es un hijo buenísimo. Me hace falta porque uno como colombiano es como una gallina con sus pollitos, lo quisiera tener siempre”, lamenta doña Elisa.


Aunque se planteó trabajar duro hasta los 30, llegó a esa edad y se dio otro plazo, que tampoco cumplió: los 40. “Ahora no tengo límite”, asegura.


Luego de tocar en Chicago, Amsterdam y Río de Janeiro, esta semana acabará en casa. Visitará Bogotá el viernes, en una fiesta con tres escenarios, 12 horas de música y un sueño cumplido. Quien lo trae, el DJ colombiano Johnny House-In, celebrará su cumpleaños con quien lo inspiró. “Erick es la razón por la que decidí ser DJ”, revela House-In. El sábado, estará en Medellín.


A su llegada a la capital, Morillo buscará los manjares que sólo aquí encuentra: arepa e huevo, butifarra y jugo de corozo. Anuncia que en verano estará en La Heroica visitando amigos y que más adelante volverá para un homenaje que le tienen preprado.


Sólo le quedan dos cosas por cumplir. Una, ser actor, quiere estar en películas. La otra, hacer un disco con Shakira. El mánager lo llama y le dice que quiere hacer algo, pero no se han conocido todavía. “Ella es colombiana, yo soy colombiano, vamos a hacer un disco”.

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