Cada día se rescata a un niño de la guerra

Cada día se rescata a un niño de la guerra

En los últimos 13 años, 5.156 víctimas de reclutamiento forzado han sido atendidas por el ICBF.

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27 de abril 2013 , 11:10 p.m.

“El operativo del Ejército nos cayó a las 4 de la mañana. ‘Sapearon’ el campamento, nos levantaron a plomo y tocó combatir. Yo salí corriendo y, en pleno combate, sentí ganas de hacer chichí: era el bebé que se me venía. Los camaradas me dejaron botada y me tiré debajo de un tronco. Cuando el niño nació me agarró el desespero, porque estaban disparando y él no lloraba, se estaba ahogando, estaba moradito. Entonces empecé a jalar el cordón umbilical y me lo arranqué. Por fin el bebé lloró y me desmayé”.

Esta cruda escena la vivió una niña de 15 años, reclutada por las Farc a los 10, quien parió en medio de un combate con el Ejército, en el 2006.

Yina cuenta su historia en forma natural y en un tono suave desde el hospital bogotano donde trabaja. Tiene 22 años y está orgullosa porque Juan Esteban, su hijo, que se salvó de milagro, cumple 7 años el próximo 23 de mayo.

Esta llanera reconstruyó su vida gracias a su carácter recio y al apoyo del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), que en los últimos 13 años ha desvinculado a 5.156 niños del conflicto armado. En otras palabras, cada día el ICBF acoge a un niño víctima de reclutamiento forzado, en promedio.

Hoy hay 449 menores de edad en ese programa. Los demás ya tienen una nueva vida. Por ejemplo, Yina es auxiliar de enfermería; Ferley, otro niño desvinculado, hace parte del equipo de producción de El mundo según Pirry, del Canal RCN, y María es mesera de una cadena de restaurantes de comida asiática.

Además de haber pasado por el ICBF y de la tragedia de haber hecho parte de la guerrilla en su infancia, los tres tienen otra cosa en común: superaron el trauma de la guerra en el mismo hogar.

En épocas diferentes, fueron acogidos como hijos en la casa de Carmen Rosa Yépez, una mujer de 54 años. Ella y su esposo se quedaron solos luego de que sus tres hijos se fueron para conformar sus propias familias. Yépez es una de las 180 madres sustitutas que apoyan lo que el ICBF llama hogares tutores, que les sirven de casa, apoyo y ejemplo a los niños que el Estado les ha quitado a los violentos.

Así funciona el programa

Los hogares tutores son una modalidad del programa, pensada para los menores de edad que han perdido a sus padres, que no saben dónde están o que provienen de una familia que les hace más mal que bien. Los que sí encuentran un buen ambiente familiar pueden regresar a casa, con apoyo psicológico y económico del Estado.

Pero no fue el caso de Yina quien, después de haber culminado su proceso en el ICBF, se fue a vivir a tres casas de su mamá sustituta. Mientras la acogió, Yépez recibió 600.000 pesos mensuales para su manutención, que resultaban escasos “porque las necesidades son grandes y los afectos se multiplican”, dice. Pero los hogares tutores no solo invierten dinero. La mamá sustituta de Yina le ayudó a cuidar a su hijo de noche, para que ella pudiera terminar el bachillerato. Y también veló por él los fines de semana, para que la excombatiente estudiara enfermería en el Sena. “Es como mi hija”, resume la mujer. Yina, que reconoce que del monte llegó muy agresiva, afirma que cambió gracias al amor de doña Carmen Rosa.

En promedio, el programa del ICBF se desarrolla en dos años, pero pueden ser más, dependiendo de la edad del niño y de sus necesidades. “Los niños suelen tardar más que las niñas, porque se afectan mucho más”, asegura la psicóloga Claudia Guarnizo.

Yina tardó tres años. Ya ‘graduada’ como civil, volvió a su pueblo, en Meta –del que salió desplazada en el 2000, cuando llegaron los paramilitares, un año antes de ingresar a la guerrilla–. Volvió a ver a su mamá y a sus 11 hermanos.

“Estaban en una situación muy mala”, cuenta la enfermera, quien se trajo a dos de sus hermanas, de 12 y 14 años, para evitar que corrieran su misma suerte.

Las cuatro fases de un proceso para poder salvarlos

El programa para salvar niños víctimas de reclutamiento forzado tiene cuatro fases. La primera, de diagnóstico, se inicia con la entrega voluntaria del menor o su captura, donde el ICBF se hace garante de sus derechos. Luego se inicia una de intervención, donde es llevado a un hogar tutor o gestor. Al cumplir los 18 años, sale del programay le hacen segui- miento durante seis meses más.

‘Se merecen justicia y reparación’: Diego Molano

Qué tanto reclutamiento forzado tenemos en el país?

Desde 1999 estamos en un programa que muestra más de 5.000 niños, que es solo lo que pasa por el ICBF. Pero podrían ser más. El año pasado, por ejemplo, se desvincularon 500 niños y en el primer trimestre del 2013 hubo un incremento del 42 por ciento; eso significa que cada vez hay más niños en la guerra.

¿Qué papel juegan estos niños en la ley de víctimas?

El reclutamiento forzado es un hecho victimizante. Con la entrada en vigencia de la ley de víctimas, que crea un capítulo especial para los niños, se establece que los niños desvinculados antes de los 18 años son víctimas, es decir que además de estar en este programa, la sociedad va a tener que avanzar en un proyecto de rehabilitación, de reparación y reconciliación.

¿Si hay paz con las Farc, esperan miles de niños?

Frente al proceso de paz no podemos hacer ninguna manifestación, pero le puedo decir que el ICBF está fortaleciendo sus programas y capacidades institucionales para que los niños que se desvinculen de la guerra tengan la posibilidad de reconstruir su proyecto de vida.

¿Qué pasa legalmente con los casos que toman?

Los niños no quedan con ningún problema legal. Y, resperando la confidencialidad, entregamos los procesos a la justicia, para que actúe, para buscar verdad, justicia y reparación. Buscando justicia. En el marco de justicia y paz, por ejemplo, solo tenemos tres condenas por reclutamiento forzado, entre más de 400 casos. Esto no puede quedar impune.

JORGE QUINTERO
Redacción Domingo

 

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