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Los 'Urabeños' superan hoy en hombres al Eln

Fue el único grupo ilegal que creció en número de hombres en el último año.

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Están en 11 departamentos, desde La Guajira hasta Nariño y Putumayo. Y sus tentáculos les permiten mover cientos de contenedores con cocaína desde el puerto panameño de Colón, pues desplazaron a la temida ‘Oficina de Envigado’ como mandamases de la mafia colombiana en el vecino país.
Esas son algunas de las características de los ‘Urabeños’, la banda criminal que esta semana perdió, en una quirúrgica operación de la Policía, a uno de sus máximos jefes: José Morela Peñate, el ‘Negro Sarley’.
Por este hombre, que tal vez no era muy conocido para el común de los colombianos, había una recompensa de 1.200 millones de pesos. (Lea también: 'Negro Sarley' se movía en cuatrimoto y hacía fiestas mientras huía).
‘Sarley’ era un verdadero señor feudal en Córdoba y Antioquia y los oficiales que lograron cazarlo dicen que fue precisamente él la clave del crecimiento de esa banda, la que muchos analistas consideran como la principal amenaza para la seguridad en los próximos años. (Vea fotos de las fiestas y pertenencias encontradas al 'Negro Sarley').
Hace un mes, el presidente Juan Manuel Santos reconoció la magnitud del reto. “La única banda que realmente subsiste con una influencia a nivel nacional es la de ‘los Urabeños’. Las demás, ‘Rastrojos’ y compañía, ya no tienen esa capacidad; se están viendo cada vez más reducidas”, dijo Santos en Santa Marta, donde ese grupo controla extorsiones y homicidios.
Detrás de las palabras del Presidente están datos como estos: ‘los Urabeños’ tienen presencia en 123 municipios, pero hay al menos dos decenas en los que, a la usanza de los antiguos ‘paras’, mandan incluso en asuntos políticos. Mientras las guerrillas de las Farc, el Eln, y bandas como ‘los Rastrojos’ y el Erpac perdieron hombres, los de Urabá pasaron de 1.970 ilegales hace un año a 2.366.
Eso dice el más reciente reporte del Centro Integrado de Inteligencia contra las bandas criminales, CI2, conformada por las direcciones de inteligencia de la Policía, la Armada y el Ejército. Ese mismo documento elimina de la lista a ‘los Machos’, el ejército de sicarios que asustó por más de dos décadas en el norte del Valle.
La Policía asegura que no ha habido más reclutamiento, sino que hombres que hacían parte de ‘los Rastrojos’ y ‘los Machos’ terminaron matriculados con ‘los Urabeños’ luego de la captura o sometimiento de los máximos jefes de las primeras organizaciones. La debilidad de sus rivales le permitió a Dairo Antonio Úsuga David, ‘Otoniel’, el máximo jefe de ‘los Urabeños’, engordar sus filas y copar zonas del narcotráfico que eran ajenas. Así, de estar concentrados en el Urabá y Córdoba hace cuatro años se expandieron a toda la Costa Atlántica, los Llanos, el Valle, Chocó, Nariño, Norte de Santander, y recientemente a Medellín, Barrancabermeja (Santander) y Putumayo.
¿La estrategia? A sangre y fuego. La llegada de esa banda a esas regiones, señala la Policía, significó el aumento de los homicidios, pues los ‘mensajeros’ del ‘Negro Sarley’ siempre usaban la misma amenaza para los delincuentes locales: o se someten o desaparecen.
“El que no aceptaba la alianza se enfrentaba al desafío de ganar una guerra en la que ‘los Urabeños’ armaban y financiaban a todas las organizaciones pequeñas para que lo atacaran. En Putumayo sacaron a alias ‘Bonito’ y en Medellín fue así como acabaron con ‘Morro’ (asesinado en Envigado el 31 de diciembre), asegura un oficial de inteligencia.
De hecho, la Fiscalía calcula que el 80 por ciento de los casos de homicidios perpetrados por sicarios en esas regiones están relacionados con esa banda.
Jordi Raich, jefe de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Colombia, lanzó esta semana una dura advertencia: “Hoy, las bandas criminales causan tantas o más muertes, amenazas, desplazamientos y desapariciones que la guerra a la que el proceso de La Habana busca poner punto final”.
Pero incluso en el escenario de la paz ‘los Urabeños’ podrían pescar en río revuelto. Los analistas señalan que el poder de la banda para atraer a los disidentes de esa guerrilla más ligados al narcotráfico plantea un nuevo reto para el país.
‘Sarley’, señor feudal en Urabá
La afición del ‘Negro Sarley’ por las cuatrimotos era tal que, dice la Policía, ordenó construir vías en el Urabá por las que solo él y su gente se podían mover. Inteligencia de la Policía estableció que el narco utilizó sus contactos en Panamá para comprar las máquinas. Sus excesos y el seguimiento a una de sus mujeres –obligaba a que le llevaran adolescentes a sus refugios– fueron clave para que la Policía lo ubicara esta semana en un rancho en la vereda La Pita, en Turbo.
Cazar a máximos jefes, la estrategia
La estrategia de la Policía, no solo contra ‘los Urabeños’ sino contra las otras bandas criminales que subsisten es decapitarlas: un grupo élite está concentrado en sus grandes jefes.
“El objetivo es sacar del juego a las cabezas, pues las organizaciones criminales se atomizan al quedar sin mando”, señaló un oficial de la Policía.
En el último año, ‘los Urabeños’ han perdido a 4 de sus jefes: Juan de Dios Úsuga, ‘Giovanny’; Alexander Montoya Úsuga, el ‘Flaco’ –capturado en Honduras–; Henry de Jesús López, ‘Mi Sangre’ –preso en Argentina–, y el ‘Negro Sarley’.
También se priorizan los golpes contra su poder económico. Están en busca de caletas con dinero, joyas y bienes, entre los que hay empresas fachada y hasta hoteles.
REDACCIÓN JUSTICIA
justicia@eltiempo.com

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